
Ese es el mejor momento del día, en el que me siento en el saloncito de lectura después de comer y en donde se respira una calma tan absoluta que puedo notar hasta el más sutil movimiento a mi alrededor. Qué bien se está ahí y más aún cuando hace sol y la luz se cuela por entre los cristales de la gran mampara cuadriculada dando un calorcillo agradable. Desde mi sillón Luis XV puedo ejercer de observador; una de mis mayores aficiones; mientras el chocolate se deshace lentamente en mi boca. Me quedo mirando esos otros rostros con detenimiento. Cada pliegue, cada surco profundo sobre la piel, cada año que revelan. Los tres o cuatro que solemos sentarnos aquí a menudo, por lo general solo intercambiamos escuetos saludos al entrar y al salir del recinto. Algunos, se miran con atención, imagino tratando de reconocerse. Otros, fijan los ojos en algún punto y se pierden en ello por horas enteras. Y yo no dejo de imaginar lo que estarán pensando e inventarme historias sobre cada uno. Pero ¿Y ellos? Es como si buscaran una suerte de compañía sin palabras o tal vez solo se trate de sortear el miedo a que lo inevitable los sorprenda en soledad. Un grupo de condenados es lo que somos.
¡Mierda! son las cuatro y ese ruido en el pasillo que no cesa es ya martirizante. Debería volver a la cama y sin embargo no siento la más mínima sensación de sueño. Si por lo menos hubiera silencio podría tratar de dormir. No sé cuánto tiempo llevo aquí pero ya tengo las manos frías por el vientecillo que se cuela por las rendijas de esta vieja ventana. Y con lo fácil que me agripo últimamente…
¿En qué momento esta sensación de eternidad con la que vivía todo el tiempo, se desvaneció? Por más que lo intento, no logro recordar a partir de cuándo me cedieron el asiento en el bus o cuando fui incapaz de tener una erección y el sexo me dejó de apetecer por completo. Es curioso, esto hace años atrás, seguramente me hubiese parecido un horror y habría ido corriendo a mi médico de cabecera para que me recetara algún tónico… Un día me quiero comer al mundo entero y al otro mis pasos ya se han vuelto lentos, pesados e inseguros por miedo de caerme y sacarme la mierda. La verdad es que ahora le tengo miedo a absolutamente todo. Es para volverse loco, esto de saber que apenas nacemos, ya tenemos fecha de expiración, realmente para volverse loco… Si…. mejor me vuelvo a la cama, trato de dormir y dejo de pensar. ¡Válgame dios! aún faltan tres horas para bajar a desayunar y yo con este hambre voraz. Quiero un croissant con mantequilla.
¿Qué es esa luz roja intermitente sobre la pared?, que yo sepa no he apretado ningún botón. ¿Alguien abre la puerta a esta hora?... ¡Quiero dormir!! ¿Será un incendio? Pero yo no escuché ninguna alarma… ¿Que hacen? ¡Ey! ¿No ven que la cama está vacía? ¡Oiga doctor!!! ¡Doctor! Pero si estoy aquí, al pie de la ventana…







