Al pie de la ventana


Otra vez esos pasos acelerados y el sonido perturbador de las llaves. ¿Quién habrá sido hoy? Estoy harto de este insomnio recurrente que no me deja desde hace tres meses. Uhm… encima me crujen las tripas. Es irónico, antes me ilusionaba con esperar la llegada del verano, planear mis vacaciones y perderme en algún lugar exótico. Ahora, vivo ilusionado esperando la hora de comer y descubrir el plato del día, para luego, por la tarde, probar uno de esos chocolatitos redondos, rellenos de menta que suelen dejar en la bombonera del salón. ¡Es verdad!, olvidé decirle al administrador que ayer se acabaron muy pronto y no pude gozar de ese placer.

Ese es el mejor momento del día, en el que me siento en el saloncito de lectura después de comer y en donde se respira una calma tan absoluta que puedo notar hasta el más sutil movimiento a mi alrededor. Qué bien se está ahí y más aún cuando hace sol y la luz se cuela por entre los cristales de la gran mampara cuadriculada dando un calorcillo agradable. Desde mi sillón Luis XV puedo ejercer de observador; una de mis mayores aficiones; mientras el chocolate se deshace lentamente en mi boca. Me quedo mirando esos otros rostros con detenimiento. Cada pliegue, cada surco profundo sobre la piel, cada año que revelan. Los tres o cuatro que solemos sentarnos aquí a menudo, por lo general solo intercambiamos escuetos saludos al entrar y al salir del recinto. Algunos, se miran con atención, imagino tratando de reconocerse. Otros, fijan los ojos en algún punto y se pierden en ello por horas enteras. Y yo no dejo de imaginar lo que estarán pensando e inventarme historias sobre cada uno. Pero ¿Y ellos? Es como si buscaran una suerte de compañía sin palabras o tal vez solo se trate de sortear el miedo a que lo inevitable los sorprenda en soledad. Un grupo de condenados es lo que somos.

¡Mierda! son las cuatro y ese ruido en el pasillo que no cesa es ya martirizante. Debería volver a la cama y sin embargo no siento la más mínima sensación de sueño. Si por lo menos hubiera silencio podría tratar de dormir. No sé cuánto tiempo llevo aquí pero ya tengo las manos frías por el vientecillo que se cuela por las rendijas de esta vieja ventana. Y con lo fácil que me agripo últimamente…

¿En qué momento esta sensación de eternidad con la que vivía todo el tiempo, se desvaneció? Por más que lo intento, no logro recordar a partir de cuándo me cedieron el asiento en el bus o cuando fui incapaz de tener una erección y el sexo me dejó de apetecer por completo. Es curioso, esto hace años atrás, seguramente me hubiese parecido un horror y habría ido corriendo a mi médico de cabecera para que me recetara algún tónico… Un día me quiero comer al mundo entero y al otro mis pasos ya se han vuelto lentos, pesados e inseguros por miedo de caerme y sacarme la mierda. La verdad es que ahora le tengo miedo a absolutamente todo. Es para volverse loco, esto de saber que apenas nacemos, ya tenemos fecha de expiración, realmente para volverse loco… Si…. mejor me vuelvo a la cama, trato de dormir y dejo de pensar. ¡Válgame dios! aún faltan tres horas para bajar a desayunar y yo con este hambre voraz. Quiero un croissant con mantequilla.

¿Qué es esa luz roja intermitente sobre la pared?, que yo sepa no he apretado ningún botón. ¿Alguien abre la puerta a esta hora?... ¡Quiero dormir!! ¿Será un incendio? Pero yo no escuché ninguna alarma… ¿Que hacen? ¡Ey! ¿No ven que la cama está vacía? ¡Oiga doctor!!! ¡Doctor! Pero si estoy aquí, al pie de la ventana…



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Fragmentos III

“ Y entonces…aún me despierto, con su recuerdo…a veces es como si al cerrar los ojos y hacer un poco de esfuerzo, pudiera verla…no dejo de pensar también en la pequeña…tengo clavada en mi memoria su carita, su mano apretando mi dedo…a veces, cuando llego al fin de semana, me sorprendo de la cantidad de horas que paso si cruzar palabra con nadie y pienso que es un mal sueño, que de repente una mañana voy a despertar y ella estará a mi lado, con el cabello revuelto y sus ojos llenos de ternura…..sin embargo, cada mañana me despierto y me doy cuenta que todo lo que me rodea es el absoluto silencio, que no veré ni sus ojos, ni el rostro de mi niña cambiar con los años…”

Fuente: "A la sombra" Epilogo 1
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REMODELACION TERMINADA...

Despues de 24 horas de trabajo, aprendiendo lenguaje HTLM, còdigos, poniendo, sacando, buscando, borrando, etc.... (y supongo que ire añadiendo mas cosillas en el camino) por el momento, esto es lo que ha quedado. Teniendo en cuenta que en un par de semanas este blog serà mi ùnico lugar de escritura por un buen tiempo, pues me apetecìa mucho un cambio de look asi que bienvenidos al nuevo rostro de "Tras los cristales"... nos leemos pronto...
 

La Mujer Apendice

Siguiendo con el tema que ha estado un poco vigente estos dìas por algunos blogs....

Ella tenía 4 años y mientras que a su hermanito le habían comprado para navidad, una serie de pistolitas, carritos y canicas, a ella le habían comprado su juego de cocinitas y una muñeca, cuya mejor característica era que se hacía la pipi y había que cambiarle el pañal. Al hermanito le compraron ropa azul, verde, marrón, naranja, blanca y a ella rosada, rosada y rosada….

Cuando estaba en el colegio, ella iba a clases de cocina y a clases donde le enseñaron los cuidados básicos que tenía que recibir un bebé recièn nacido. El hermanito aprendió de electricidad, mecánica, fue boy scout y a los 17 años su padre lo llevó a un burdel de “calidad” para que se estrenase en los placeres de la vida.
Y si seguimos imaginando como sigue el cuento, tal vez:

Mientras el hermano busque la mejor universidad, la niña a lo mejor le preocupe el granito que le salió en la cara y como hará para escondérselo para la fiesta pròxima. Con el tiempo, encontrará novio, esperará pacientemente a que le pidan matrimonio y saltará feliz, porque ha logrado la mejor hazaña de su vida: “casarse”. Y de paso, por fin cambiará su apellido pasando a ser la señora “de”.

Poco a poco irá adquiriendo la personalidad del marido, borrando todo vestigio de la suya propia, incluso heredará los traumas, miedos y complejos de la persona que tiene al lado y que ciertamente no responden a su propia historia. No tendrá la personalidad y entereza suficiente para ayudarlo a salir de ellos y terminará por darle la razón a pesar de no tenerla. Luego llegará la hora de ser madre y sentirá que por fin está haciendo aquello para lo que vino al mundo. Se convertirá en una madre a tiempo completo, olvidándose hasta de ella misma. Con el tiempo, la persona única e individual que alguna vez hubo en ella, desaparecerà, viviendo en su mundo burbuja, perdiendo a veces la perspectiva y proporción de las cosas, volviéndose de pronto extraña al mundo de afuera, fantasma en su propia casa, teniendo tal vez que explicar, en que usó la tarjeta de crédito la ultima vez que fue de compras y si llegamos a casos más extremos, teniendo que pedir permiso para cambiar un cuadro en la pared, sacar a los hijos a pasear o salir a tomar un café con una amiga.

Un día, sus hijos, crecerán, se irán de casa y esa mujer se dedicará a su marido y a envejecer hasta que sea el momento de tener nietos, se vuelva a ilusionar y pueda de alguna manera, revivir su ciclo otra vez. Esto claro, si es que no tiene la mala suerte de tener un hijo gay que probablemente no les de nietos o una hija intolerable que le tenga alergia y le termine por establecer règimenes penitenciarios de visitas (Tiempo cronometrado, supervisado y con un listado de temas de conversación permitidos)

Puede pasar también que el marido le ponga los cuernos, y esa mujer apéndice termine haciendo lo que hacen el 80% de las mujeres engañadas: quedarse calladas pensando que son ellas las culpables y que pronto pasará. Se diràn una y otra vez, que por el bien de los hijos, no pueden pensar en separación, cuando en realidad, la verdad de la mermelada, es que no tienen opción, pues su posición de 100% dependientes no les permite otra cosa.


Yo que pensaba que este tema era algo del pasado en pleno siglo XXI, que las mujeres por fin habían entendido lo importante que es seguirse alimentando de otras cosas, no solo como profesionales o trabajadoras, sino como personas también. Y que tanto el hombre como la mujer, necesitan sus propios espacios de desarrollo individuales aparte de los compartidos como pareja, para crecer, aprender y compartir luego, esas vivencias entre ellos. Para que no sea solo el padre el que le hable a sus hijos de política, literatura, economía, medio ambiente, etc…y la madre solo sonría callada o hable con su hija sobre cuanto tiempo debe poner la pizza al horno. (lo cual también es importante claro, a nadie le gusta comer pizza carbonizada) Espacios y desarrollo personal para que al llegar a casa, haya algo que contarle a su pareja, aparte del cólico de gases que tuvo uno de los niños o si la nana llegó tarde o no….

Las mujeres han ido cambiando, pues el mundo de ahora no es el de antes, pero aún hoy me sorprendo con comentarios como: He fracasado en la vida al no poder retener a mi marido; si no sabes cocinar o planchar tu marido te va a echar de casa; no tengo tiempo para otra cosa que no sea mis hijos y mi casa; bueno tengo que preguntarle a mi marido si puedo; sino te apuras se te va pasar el coche mamita y te quedarás solterona; es que él me quiere solo para él; es por amor no lo entiendes? etc, etc, etc.

Me entristece y me da rabia, lo reconozco, que hayan aún mujeres así, que se olviden de ellas mismas y del resto del mundo, pensando que no pueden hacer nada al respecto. Cuantas mujeres son excelentes madres, esposas y trabajadoras en la actualidad? No son pocas gracias a dios. Con esto no quiero menospreciar a nadie, pero de que se puede, se puede…sé que eso no garantiza la felicidad pero hay que recordar que nadie tiene la vida comprada, que las cosas pueden cambiar de un momento a otro y que tenemos que ser lo suficientemente capaces de ejercer las riendas de nuestras propias vidas cuando se requiera.

Ahora la pregunta del millón, a quien le echamos la culpa?
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