Avaritia- El Misterio del Ankh - Historia revisada completa

Recomiendo leer esta versión, ya que las partes colgadas por separado anteriormente son la versión no corregida.


Avaritia- El Misterio Del Ankh
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Avaritia: El misterio del Ankh- Parte Final

Tenía a Sami sobre su regazo mientras ambos desayunaban en la terraza de la casa. El niño comía animadamente y jugaba con su madre, logrando que ésta; a pesar del caos que soportaba por dentro; de tanto en tanto sonriera. Había casi acabado de comer toda la fruta y un gran vaso de leche cuando Violet y Natalie les dieron el encuentro.

- Hola Sami – Saludando al niño con dulzura para luego hacerlo con Simone- Ha comido muy bien esta mañana
- Si, bastante bien
- Nati, pitamos mi cueto de Bani
- Claro que si- Mirando nuevamente a Simone- ¿Va a bañarlo usted señora o prefiere que lo haga yo?
- Vaya avanzando con él Simone, tengo que hablar con Violet primero
- Como usted diga señora. Vamos Sami, vamos al agua

El niño se bajó de las piernas de su madre y dejó que Natalie le quitara la servilleta y le limpiara el contorno de la boca. Antes de entrar a la casa se giró hacia Simone

- Mami… ¿Tu tamien viene?
- Si cariño, ahora subo. Mientras, Nati va empezar a bañarte ¿Si?
- Ya

Esperó que tanto el niño como la niñera desaparecieran para volverse hacia Violet, quien con una tijera cortaba algunas hojas marchitas de una de las varias macetas apostadas en toda la terraza

- Violet…
- Sabe señora Simone- añadió concentrada aún en la poda- hay unos bichitos de lo más molestos que se comen las hojas de mis plantas. Tendré que decirle al jardinero que les ponga el insecticida
- Violet, ¿Donde está Grace?- preguntó con tal contundencia que la mujer se quedó quieta un instante antes de volverse para mirarla
- Señora, perdón pero no la entiendo- sonrió nerviosamente
- Te pregunté – le dijo en un tono como si repasara con más énfasis de lo normal cada sílaba- ¿Dónde está Grace?
- Señora pero si la señora Jordan falleció en un accidente
- ¿Sabes una cosa Violet?, puede que sea callada, tímida, que a veces dé la impresión que no me entero de nada, ¿pero tonta? No, ni estúpida como al parecer todo el mundo ha creído hasta ahora. Sé perfectamente que Grace está viva, es más, creo que es a ella a quien vi en el jardín la otra noche…. Se perfectamente que nos observa todo el tiempo– La mujer la miró aún enmudecida y con el rostro más pálido que de costumbre- Al principio pensé que al ser una casa tan antigua, estaba llena de energías raras y cosas. Pero no… Es Grace quien vigila como siempre ¿Verdad?
- Creo señora que el no estar descansando bien la est…
- ¡Déjate ya de tratarme como una idiota!!!! ¿Me oyes?- Perdiendo totalmente los papeles- Si no me dices tú donde encontrar a Grace, ya habrá alguien que me lo diga, solo te estoy pidiendo que me ahorres el trabajo

Violet la miró con evidente expresión de temor. Dejó lentamente la tijera sobre la mesa de vidrio y se quitó los guantes de trabajo antes de volver a mirarla.

- ¿Para que quiere hacer eso señora?
- Porque así no puedo vivir ¿lo entiendes? seguir viviendo en esta casa y pretender que nada ha pasado – Con lágrimas en los ojos- necesito hablar con ella… necesito que me lo explique…ella
- Señora Simone tranquilícese por favor- le dijo cogiéndola suavemente del brazo
- Es que no puedo… lo siento Violet pero todo esto es demasiado para mi

Ambas volvieron a hacer un gran silencio, antes que Violet retomara la conversación

- ¿Sabe? Hay un dicho que dice: quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. En ocasiones es mejor ignorar ciertas cosas, guardar una ilusión es a veces mucho menos doloroso
- Ya… pero ya es demasiado tarde para eso Violet…

Simone terminó de secarse las lágrimas despacio para luego mirarla y asentir despacio antes de entrar nuevamente en la casa ante la mirada preocupada y, hasta cierto punto, afligida de la anciana.

Esa misma tarde, durante la siesta, sintió que llamaban a la puerta de su habitación. Al abrir vió a Natalie parada con actitud bastante extraña. Ella iba a decirle algo, pero la niñera negó con la cabeza y tras cerciorarse que no había nadie cerca, colocó en una de las manos de la mujer, un papel doblado y algo arrugado. Simone la miró sin entender. Natalie por su parte sonrió tristemente antes de marcharse por el pasillo hasta la escalera.

Una vez dentro, Simone abrió el papel, encontrando un pequeño mapa dibujado a mano que le indicaba un camino a través del bosque hasta algo llamado: “The expiatorium”. Arrugó la frente al leer aquel nombre y el estómago se le comprimió, haciendo que tuviera la sensación de no poder respirar. Entre abrió los labios ligeramente para exhalar algo del aire atrapado. Media hora después, cabalgaba aferrada a las riendas y el corazón disparado, a lo largo del sendero marcado en ese mapa y en medio del espeso bosque que se abría más allá de los límites de la finca.

Había perdido el camino cerca de tres veces. Ya había empezado a oscurecer cuando en medio de la frustración y la rabia finalmente divisó una tenue luz filtrarse entre la tupida vegetación. Se bajó del caballo y tras atarlo bien, siguió lo que le quedaba de camino a pie.

Unos minutos después una casita rural se abrió tras la última hilera de árboles que la escondían. Se quedó un momento parada mirándolo todo. El silencio era sepulcral. Incluso le pareció que hasta el aire había dejado de soplar. Cogió otro respiro y caminó hasta la puerta. Grande fue su sorpresa al encontrarla entre abierta. La empujó con cuidado y entró. Un olor a incienso mezclado con algo que creyó reconocer como aceite y hierba inundaba todo aquel espacio callado. Iba a tomar una dirección cuando escuchó de pronto una música provenir de la dirección contraria.




Apretó los ojos un momento al sentir que las piernas no querían responderle mientras la certeza de la verdad que había querido ignorar todo este tiempo terminaba por asentársele en el alma. Despacio siguió la melodía hasta que se encontró con dos grandes puertas de cristal. Las abrió sin esperar y casi de inmediato vió a alguien sentada de espaldas al fondo de ese gran salón. Estaba sentada tras un gran escritorio colocado dos escalones más arriba que todo el resto del piso. El salón también tenía mucha menos luz que el resto.

- Grace…
- No sabía que eras tan hábil para seguir mapas y pistas… ciertamente otra virtud tuya- replicó una voz que sonaba como encerrada
- ¿Sabías que iba venir?
- Violet me lo contó… supongo que es el castigo que merezco, el de que me veas así- dijo girando de pronto su silla, para quedar frente a ella.

Simone distinguió su cara cubierta con una mascara color hueso. El cabello plateado muy largo pero escaso que le caía sobre los hombros. Vestía una enorme bata de seda negra, que le cubría todo el cuerpo. Entonces Simone se percató de las manos de la mujer y quedó mirándolas sorprendida.

- No te extrañes Simone… las arrugas me han comido el cuerpo. He perdido visión en un ojo y mis piernas son de goma, funcionan cuando les da la gana. Y la máscara es simplemente una delicadeza de mi parte para evitar el espanto de verme en mi estado actual- Terminó de decir con un tono marcadamente irónico y autosuficiente- sin decirte el olor a rancio que desprende de mi
- ¿Por qué… porque hiciste todo esto Grace?- Le preguntó con angustia y desolación- ¿porque?

La anciana se quedó quieta y agregó:

- Esta aria me encanta ¿Sabes?
- ¡Contéstame Grace por el amor de dios!!! –gritó
- Simone… mi Simone… - Dijo mientras alzaba el rostro y lo apoyaba contra el respaldar de su silla y casi como si entrara en una especie de catarsis comenzó a recitar: Mejor no verte, porque si lo hago, corro el riesgo de no querer dejar de verte nunca… Y ese es un placer que dadas las circunstancias no me está permitido. Eres ese lujo que no puedo disfrutar, esa tentación en la que no puedo caer…Y me autocensuro, me autocontrolo, me autocastigo… Y sin embargo no quiero renunciar a saber de ti, aunque sea mínimamente…Todo me sabe tremendamente más atractivo contigo merodeando y yo luchando por no sucumbir a tus encantos…Que sin ti y no sintiéndome así de retada.

Hizo un silencio para luego volverla a mirar. Simone retenía como podía las lágrimas

- Mira tú… las cosas que solía escribir cuando te conocí. Pensé que me contentaría con ello – Dejando caer la hoja de papel al aire- Pero no… era Grace Jordan, la vieja de sesenta y dos años acostumbrada a tenerlo todo en un abrir y cerrar de ojos. Acostumbrada a comprar magistrados, parlamentos enteros con tal de hacer su voluntad. Y de pronto en medio de esa vida de lujos, fiestas y dinero por todos lados, apareció la joven Simone con su retoño de apenas meses e hizo que la vida de la superpoderosa se tambaleara hasta más no poder… Pronto tu y Sami se convirtieron en algo que yo quería tener a toda costa… Te fuiste rechazando mi oferta y pensé por un momento, bueno mejor… - dejando lentamente el tono irónico que había mantenido durante todo el rato- que se vaya y así yo volveré a la tranquilidad.. pero no pude… mi deseo por ti era infinitamente más grande que mi capacidad por controlarlo… y entonces Grace Jordan decidida a pagar el precio que fuere con tal de tenerte en su vida, hizo lo que sabía hacer mejor, un negocio…
- Grace…
- Pero es verdad eso de que los malos nunca ganamos… mi criaturita se enfermó…y yo no tuve corazón para dejarlo ir…lo siento Simone… pensé ilusamente que lo lograría…- la miró- perdóname por favor
- ¿Que más le ofreciste a Blake a cambio de la salud de Sami?
- Nada más que ya no sepas… Simone, fue un error hacerte venir aquí…un acto más de egoísmo de mi parte para retenerlos…- haciendo un gran esfuerzo para continuar- deben irse… rehacer su vida lejos de alguien que al tenerlos cerca, tal vez no tarde en hacer otra locura… prometo que esta vez no te seguiré…

Simone, sin embargo sin quitar la vista de esa máscara, comenzó a acercarse. Grace se inquietó. Así lo evidenció su intento por reconstituirse en la silla varias veces. La joven mujer entonces terminó de acortar distancias y casi quedó al pie de la silla. Sentía que el corazón iba salírsele en cualquier momento. La miró un rato largo para después, lentamente estirar uno de sus dedos hasta la mano de la anciana y deslizarlo por esa piel llena de pliegues y manchas marrones. Apenas hizo contacto, Simone estalló en llanto.

- Simone por favor… - pronunció Grace con voz ahogada- No hagas esto vete…
- ¿Sabes una cosa?- Le susurró la joven entre sollozos- Heben fue mi gran amor… creo que no querré nunca a nadie como a ella… si la ves dile que… dile que… la echo mucho de menos…

Le dijo antes de acercarse mucho más a la anciana. En su trayectoria cerró los ojos y llegó hasta la abertura de la boca de aquella máscara, dejando un beso suave y lleno de sentimiento en medio de las copiosas lágrimas que chorreaban por sus mejillas. Al separarse se fijó en esos ojos que la miraban detrás de los orificios de la máscara y por fin reconoció los mismos ojos que la solían contemplar con devoción, que la hicieron soñar y vivir de nuevo cuando pensó que todo estaba perdido.

- Te quiero…

Fue lo último que le dijo la joven antes de darse la vuelta y salir a toda prisa de la casa. Grace no se movió de su asiento por un instante para luego quitarse la máscara y develar su rostro profundamente traspasado de tristeza. En eso se sintieron pasos detrás de ella.

- Sabes que dejará la finca
- Si lo sé
- ¿Quieres que te informe luego donde vive?
- No… deja que se marche, solo asegúrate que no les falta nada ni a ella ni a mi hijo– Mirando la hombre- Al final era verdad lo que se decía Blake
- ¿Qué cosa?
- Que el amor era capaz de transformar hasta la más desalmada de las cretinas
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Avaritia: El Misterio del Ankh - 3era parte

Abrió la última gaveta del escritorio y comenzó a revolver los papeles, sin encontrar nada que no fuera recibos de pagos de servicios, estados de cuenta del banco y viejas facturas. Volvió a meterlo todo dentro del cajón y cerró con frustración para después apoyar ambos codos sobre el escritorio y dejar caer su cabeza entre sus manos. En las dos últimas horas lo había revuelto todo buscando algún indicio que le ayudase a responder a todas esas preguntas que ahora se hacía una y otra vez de forma inevitable.

Se dejó caer sobre el respaldar del asiento mientras lo hacía girar y sus ojos se quedaban quietos en la lámpara del despacho. Miró a través de la ventana y comprobó que aún no había amanecido. Se levantó y se acercó al bar para servirse algo que la relajase. Fue entonces que, mientras se servía algo de wisky en uno de los vasos, notó al costado del espejo trasero del bar una pequeña puertezuela que en su parte superior tenía una llave dorada redonda puesta en la cerradura del mismo color. La giró y abrió despacio la puertita. Dentro había una carpeta cerrada con cordones. La cogió y con el vaso en la otra mano se fue a sentar al sofá nuevamente. Dio un par de sorbos antes de empezar a revisar los documentos que ahí dentro había archivados. Dejó el vaso a un costado y sus ojos fueron a parar a unas copias de cheques. Todos eran cuentas de hospital y medicinas, todos los hospitales donde había estado Sami… todos los cheques estaban firmados por Grace Jordan. Simone se sintió aún más confundida y preocupada, comenzó a mirar cada documento con atención hasta que llegó a uno en el cual Grace acordaba un pago de doscientos millones de euros y el 50% de las acciones a Jeremiah Blake, el hombre que se había quedado al mando de todo el consorcio y negocios de Grace. El hombre que la había escoltado a ella y a su hijo hasta el coche que los había llevado hacia su nuevo hogar. Pero fue otra cosa en ese documento que le llamó la atención. Debajo de la firma de Blake había un símbolo pequeño, un símbolo que ella conocía a la perfección. Cerró la carpeta, terminó de beberse lo que quedaba del wisky y finalmente volvió a su habitación.

Al día siguiente, en su camino hacia la corporación se detuvo en la gran biblioteca de la ciudad. Minutos después se sentaba con un grupo de libros de la cultura egipcia. Fue buscando con cuidado entre los índices hasta encontrar finalmente lo que buscaba el Ankh. Comprobó de inmediato que lo que le había dicho aquel anticuario era cierto. Buscó entre el resto alguno que estuviera dibujado al revés pero no encontró referencia alguna. Resopló con algo de frustración y volvió a la estantería. Mientras dejaba los libros, uno de tapa desgastada que decía simbología le llamó la atención. Sin regresar a la mesa comenzó a hojearlo con cuidado. Sus ojos leían con rapidez los diferentes títulos hasta que de pronto se detuvieron en uno. Comenzó a leer entonces con más cuidado hasta que se detuvo y sus ojos se dejaron de mover libremente para concentrarse en un pequeño párrafo:

"Muchos símbolos invertidos son usados a manera de protesta o en determinados cultos satánicos. Por lo que general el símbolo no cambia de significado según como se dibuje..."


Dejó el libro sobre la estantería y salió corriendo. Veinte minutos después estaba, visiblemente agitada esperando por el viejo anticuario en la entrada de la tienda. El anciano ni bien la vió quiso deshacerse de ella pero esta vez Simone no se lo permitió:

- Por favor!!! Por favor necesito que me ayude. Yo la quería mucho ¿Sabe? Cuando nuestro hijo sanó de una horrible enfermedad, ella desapareció. Ella adoraba al niño y a mi me cambió la vida… señor por favor, yo necesito encontrarla y creo que su tatuaje esconde la pista que necesito… por lo que más quiera, ayúdeme por favor… - Terminó de decir entre súplicas

El hombre, se detuvo un momento y la miró con cierta compasión

- Tal vez lo que descubra niña le cauce más dolor del que ahora siente. De gracias a dios de que su hijo esté bien
- Es que yo no puedo vivir sin saber la verdad, no puedo… dígame por favor, ¿que significa el que una persona lleve un símbolo invertido en la nuca?
- Que hizo un pacto- La miró fijamente- un pacto con alguna criatura no del bien precisamente….antes me dijo que su hijo se había curado de una enfermedad… ¿Acaso fue una especie de milagro?
- Más o menos, mi hijo había sido prácticamente desahuciado
- Y ella desapareció luego ¿verdad?
- Si
- Pues tal vez lo que pactó fue su desaparición a cambio de la salud de tu hijo. Recuerda que el ankh era el símbolo de la juventud o la salud eterna… niña- La miró con compasión- y si es así me temo que no la volverás a ver jamás, porque si ella rompiera ese pacto, tu hijo probablemente pagaría las consecuencias.

Simone lo miró al borde de las lágrimas. Quieta y en silencio tratando de asimilar esas palabras, mientras esa secreta esperanza que tácitamente había guardado de volverla a ver comenzaba a desvanecerse

- Pero Heben… cuando yo la conocí, ya llevaba ese tatuaje. Sami enfermó casi año y medio después… lo que usted me dice no tendría sentido ¿Verdad?
- Uhm… no… si ya llevaba el tatuaje entonces … tal vez se trataba de un pacto antiguo, tal vez se arrepintió e hizo otro… como ya conocía el poder del otro lado…- En eso una pareja entró en la tienda. El anciano los saludó con confianza para luego mirar nuevamente a Simone- lo siento pero creo que no le puedo ayudar más niña…


Deambuló por las calles cercanas a la Corporación Jordan antes de decidirse a entrar. Las palabras de aquel anciano y sus propios descubrimientos no habían hecho otra cosa que terminar de sembrar una angustia espantosa en ella. Más tarde yacía sentada en una gran oficina frente a un hombre alto, elegante, barba y bigote perfectamente recortados que la miraba con una leve sonrisa irónica. Era Jeremiah Blake.

- Has tardo en venir a darle un vistazo a tu patrimonio. Debes estar contenta, los reportes financieros de la corporación son muy buenos. No te preocupes que nuestro negocio en mis manos está seguro Simone
- No quise verlo por eso señor Blake
- ¿Ah no? y ¿entonces?
- Necesito respuestas y creo que usted es el único que puede dármelas
- Uhm… ¿Tú dirás?
- Se trata del ankh
- El ankh… - La miró y se levantó- ¿Un wisky?
- No gracias

El hombre se sirvió el vaso y sin dejar de mirarla bebió un par de sorbos

- El ankh, un señor símbolo ¿verdad? Magnifico por su forma, poderoso por lo que significa – Simone lo seguía con la mirada mientras el hombre volvía a sentarse
- Heben lo llevaba invertido, sé que hizo un pacto, Quiero saber si ese pacto lo hizo con Grace y creo que usted Sr. Blake, habiendo sido el brazo derecho de Grace por tantos años, puede responderme a esa pregunta- dijo con firmeza
- Ahora entiendo porque Grace perdió totalmente la cabeza por ti… eres realmente adorable
- Grace supo siempre donde estuve todo este tiempo ¿Verdad?
- Vamos a ver Simone, ¿Tú crees que si algo le interesaba a la gran señora Jordan, lo iba dejar escapar así de fácil?
- O sea que ese programa experimental al que Sami accedió supuestamente gratuito, era solventado por la señora Jordan
- Correcto
- ¿Dónde está Heben señor Blake? ¿Qué hizo Grace con ella?
- Heben querida Simone hizo un pésimo negocio según yo ….Ay estos excesos de sentimentalismo a veces hasta me conmueven fíjate
- ¡Quiero ver a Heben! Necesito hablar con ella
- Me temo Simone que eso es imposible ahora
- ¡Porque!!! Usted sabe donde está, tiene que decirme donde está por favor!!!!! – Le gritó totalmente alterada
- A ver Simone cálmate y escúchame… Heben hizo un pacto indestructible y eso significa que no puede volver porque ya imagino sabes que otros podrían pagar las consecuencias – Simone rompió a llorar
- Contésteme una cosa – lo miró- ¿Heben ya había hecho un pacto con Grace antes de conocerme ¿verdad?
- El Ankh no solo tenía el poder de mantener la salud y la juventud eterna, también podía regresársela a quien la había perdido ya…


Simone lo miró con los ojos bien abiertos mientras el miedo, el horror y el dolor se mezclaban en ella. Tuvo que sentarse para no caer.
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Avaritia: El misterio del Ankh - 2da parte

- ¿Y porque debería hacerte caso?
- ¿Porque nadie te va querer nunca más que yo?
- Heben, creo que te has hecho una imagen mía totalmente equivocada…de verdad que soy la persona más simple del mundo, incluso hasta tonta de vez en cuando

La miró sin decir nada por un momento. Simone sintió que sus mejillas se encendían al reconocer una vez más aquella devoción en sus ojos. Con movimientos algo nerviosos Heben le cogió una de las manos y la aprisionó entre las suyas para luego llevar las tres contra su frente y deslizarlas por su mejilla para luego volverla a mirar.

- Son tus ojos, tu ternura, lo que tú llamas simpleza lo que te hace ser única entre los demás. ¿Acaso no lo ves? Tú forma de moverte, de acomodarte el pelo detrás de la oreja cuando lees, hasta cuando frunces el ceño cuando algo te incomoda…Simone si no me permites entrar en tu vida, creo que me moriré de la pena
- Heben… - la miró entre extrañada y sonriente a la vez- A veces creo que te burlas de mi con todas estas cosas que me dices
- Anda…déjame compartir el café de mañana, tu pasta de dientes, las hojas de afeitar, el desodorante y las sábanas de tu cama- ambas rompieron a reír mientras que Simone además le daba un golpecito en el hombro- Prometo que no las calentaré en verano- La miró entonces más seriamente para finalmente concluir - Te quiero y adoro a Sami…


La brisa que de pronto rebotó en su rostro la trajo de vuelta, haciendo que advirtiera que ya había terminado de oscurecer. Frotó sus ojos despacio para luego ponerse de pie. Al hacerlo sintió un leve dolor en el cuello producto de las horas que debía haber pasado allí. En la habitación contigua, escuchó la risa de Sami que jugaba con Natalie y eso la relajó. Iba a entrar cuando escuchó el crispar de una rama romperse muy cerca de aquel balcón y se volvió tratando de distinguir en la oscuridad algo que le indicara de donde había venido tal sonido. Sin saber porque se sintió súbitamente inquieta. En eso le pareció ver el follaje de unos arbustos moverse en sentido contrario al viento. Ajustó los ojos buscando mayor claridad sin lograr distinguir mayor cosa. Pensativa entró en la habitación, cerró las mamparas y corrió el tul. Pero se quedó ahí, espiando por entre las cortinas. Sus ojos no tardaron en abrirse de par en par al distinguir el brillo de unos ojos en la oscuridad y un segundo después, la sombra de alguien de largos cabellos plateados alejarse tras los matorrales.

Esa noche fue otra más en la que el dormir se tornó una tarea imposible mientras en su cabeza se mezclaban, primero esa tristeza que parecía se le hubiese extendido desde el corazón hasta cubrirle toda la piel, la poca familiaridad del lugar en el que estaba, las palabras del anticuario, las advertencias de Violet, aquellos sueños extraños que venía teniendo desde que llegó a la finca y ahora esa sensación tan clara de ser observada.

Se levantó de la cama y fue a la habitación de su hijo. Le acomodó la almohada y lo besó suavemente en la frente comprobando una vez más, que esa criatura era en realidad la razón de todo y la gran tregua a su dolor. Se alejó despacio y en vez de dirigirse de vuelta a su habitación, salió rumbo a la planta baja. Caminó a oscuras por el gran salón, fue a la cocina por agua y luego entró en la pequeña biblioteca junto al recibo de la entrada. Hacía días que había descubierto la colección de libros de su difunta benefactora y encontrado así el perfecto pasatiempo para su insomnio.

Media hora y ya había terminado la novela que empezara hacía un par de días. Revisó algunos títulos sin mucho interés hasta que al tirar de uno, un sobre amarillo se deslizó de entre los libros hasta el suelo. Mientras lo levantaba, leyó en la parte frontal el nombre de Grace. De primera intención quiso devolverlo a su sitio pero su curiosidad pudo más y al entre abrirlo, se encontró con un atado de una veintena de fotos. Se sentó en el sofá y comenzó a repasar una a una las imágenes. Las primeras eran fotos más o menos antiguas, en las que aparecía Grace de joven, junto a su pareja de años y que Simone había llegado a ver en varias ocasiones por el consorcio, incluso después de su tan sonada ruptura. Por varios minutos, siguió mirando varias fotos más de la vieja millonaria, admirando sus atuendos de tan buen gusto, su porte siempre elegante y distinguido. Y es que Grace Jordan fue toda una celebridad en el mundo de los negocios, no solo por su destreza para colonizar sino también por su sonada y extravagante vida personal. Repentinamente, sus manos y ojos se detuvieron en una de las imágenes, luego en la que venía después y luego en la siguiente. Todas eran fotos de Simone con Sami o de ella sola, obviamente tomadas desde lejos pues en ninguna de ellas, estaban mirando a la cámara. Había más de quince fotos de ellos dos. Se dejó caer contra el respaldar del sofá mirando una de las fotos en las que ella y su hijo reían en uno de los parques que solían frecuentar los domingos por aquel vecindario donde Sami pasó su primer año. Los recuerdos no tardaron en aparecer.

- Simone… Te lo doy todo, solo tienes que pedírmelo. Me ocuparía de Sami, le aseguraríamos un futuro
- Grace…lo que me pides no puede ser
- Solo pido tu compañía, solo eso
- Grace… creo conocerte lo suficiente como para saber que pronto pedirías algo más… yo te estoy muy agradecida por todo lo que me has ayudado pero…
- Pero… soy una vieja ridícula, pretendiendo a una jovencita a la que le doblo la edad…
- Yo no he dicho eso
- No necesitas decírmelo Simone, lo veo en tu cara, debo parecerte de lo más patética… ¿Pero sabes una cosa? El que me rechaces hace que inevitablemente te desee con mayor fuerza aún…ay niña, ¿Porque lo haces todo más difícil?, ¿porque no eres una de esas locas ambiciosas que se venden por un par de vestidos y fiestas elegantes?

Volvió a mirar las fotos y no pudo sentir otra cosa que una gran lástima al recordar a esa mujer a quien, por iniciativa propia, dejó de ver tras esa última petición y de quien no volvió a saber nada más hasta que le llamaron sus abogados para comunicarle lo de la herencia. Al llegar casi al final de la pila de imágenes, sus ojos se quedaron anclados en las últimas tres. Eran fotos de ella, su hijo y Heben.

¿Pero como es posible que tuviera estas fotos?- Pensó con sorpresa e inquietud. Y es que Simone, al optar alejarse definitivamente de Grace, se mudó sin decir a donde. Volvió a sentirse inquieta y nerviosa y por primera vez, insegura en aquella finca mientras otra idea comenzó a pulular por su cabeza- ¿Y si acaso Grace… acostumbrada a obtenerlo todo, hubiese tenido que ver con la repentina marcha de Heben?
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Avaritia: El misterio del ankh 1era parte



Una vez concluida la cena, subió a la habitación con su hijo y tras ponerle el pijama, se acostó junto a él y le leyó como venía haciéndolo todas las noches desde que ella se marchara. Sami no tardó en sucumbir al cansancio del día y se quedó profundamente dormido a los pocos minutos. Acomodó cuidadosamente su cabeza sobre la almohada y cerró el mosquitero que rodeaba la cama del pequeño antes de dirigirse a su habitación, dejando abierta la puerta que comunicaba ambos cuartos.

Se puso el camisón e intentó dormir. No pudo entre la extrañeza del lugar y los recuerdos. Solo pudo llorar otra vez hasta secarse por completo. Primero fue rabia, luego un dolor tan profundo que como lanza ardiente la atravesaba de extremo a extremo, dejándole a su paso la piel en carne viva. Por más que repasaba esos dos años y medio vividos con ella, cada gesto, cada detalle, cada palabra dicha, no le encontraba la lógica a esa nota dejada en la mesa del comedor el día de su desaparición. Le costaba creer que Heben fuera la autora de esas líneas que la habían sumido en el estado de desolación absoluta en el que se encontraba… o quizás era… lo que ella necesitaba creer. Esa mujer es de lo más extraña Simone- le habían advertido más de una vez sus amigos… ¿Y si tenían razón? Se preguntaba por momentos para sentirse tremendamente culpable al segundo por si quiera dudar de la única persona que había sido capaz de hacerla sentir de una manera tan maravillosamente especial. Le bastaba con recordarla con Sami para tener la certeza que había algo más en esa desaparición, que ella aún no alcanzaba a entender.

Simone había dejado de trabajar con la enfermedad de Sami y Heben fue la que en los últimos meses había proveído por los tres. Sin ahorros y nada legal que la uniese a Heben, pronto se vió prácticamente en la calle junto a su hijo. Una carta de la corporación Jordan sin embargo llegó providencialmente la mañana misma en que tenían que dejar el departamento con una noticia que jamás esperó. Grace Jordan, su antigua jefa, amiga y benefactora al parecer en un disputadísimo testamento le había dejado en herencia la finca cafetalera y la mitad de acciones de la corporación. Ahora estaba echada en esa gran cama, con el futuro para ella y para el pequeño asegurados pero por dentro esa sensación de desamparo no había desaparecido.

Eran sus manos las que ahora acariciaban su rostro con total suavidad. Simone incapaz de abrir los ojos, sonreía al reconocer sus caricias y ese olor que la inundaba. –porque me dejaste así?... acaso dejaste de quererme? ¡Contéstame!!!! ¿Porque nos abandonaste de esa manera? – no podía hacer otra cosa, lo siento

Estaba semi inconsciente, como quien sabe que sueña pero hay algo que se mantiene despierto y que hizo que escuchara aquella voz tan clara que se sentó bruscamente en la cama y finalmente abrió los ojos. La puerta del balcón estaba abierta y el tul casi trasparente de las cortinas oscilaba con el viento. La luz de la luna se colaba iluminando parcialmente la habitación y por un instante creyó sentir nuevamente su olor, el olor de Heben. Simone contuvo nuevamente las lágrimas y apretando los ojos, buscó normalizar su respiración. Fue entonces que sintió a alguien tocar una de sus manos. Pegó un salto y al abrir los ojos se encontró con Sami que la miraba medio adormilado y abrazado a su peluche.

- Sami… que pasa cariño?
- Mami, dueme cotigo ya?
- Si cariño, ven sube con mami

El niño se metió entre las sábanas y se pegó a Simone que sin perder el tiempo lo abrazó por detrás.

- Mami…
- Si mi amor?
- Heben me leyó cueto de pupo
- Heben?
- Si…



Acababan de desayunar cuando Violet entró en el comedor a saludarla y se percató del mal semblante de la joven mujer.

- Veo que no descansó muy bien anoche
- No mucho la verdad, supongo que es por la casa nueva
- Hoy le encargaré a Cloé que prepare agua de manzana, la ayudará a descansar. Noté que durmieron con las puertas del balcón abiertas
- Eh si… ¿Por?
- Sería mejor que las cerraran por las noches señora
- ¿Cerrarlas? -Exclamó sorprendida- pero Violet, no ha sentido acaso el calor que hace
- Para eso están las ventanas altas. Hoy me encargaré que se las abran antes de que suba a sus habitaciones
- Pero no entiendo porque debemos cerrar el balcón, hay algún tipo de peligro
- Es simplemente precaución. ¿Irá al pueblo hoy?
- Si pensaba salir tras desayunar, así paseo un rato con Sami
- Haré que le alisten el coche entonces
- Gracias- le dijo mientras la veía marcharse

Llevaba caminando cerca de una hora entre la pequeña plaza del centro y las tiendas y pequeños almacenes de los alrededores, cuando notó que Sami tiraba de su manga, llamando su atención e indicándole luego la heladería. Al entrar notaron que el local estaba dividido en dos sub- tiendas. Al lado derecho estaba la heladería pintada de colores vivaces y con un par de mesitas de café y algunas sillas delante del mostrador. Mientras que al otro lado había una pequeña tienda de antigüedades. Ambos se sentaron en una de las mesitas y mientras esperaban a que les sirvieran, Simone ojeaba los objetos de detrás de una estantería. De pronto divisó algo que le llamó la atención y tras decirle a Sami que se quedara quieto en la silla, se levantó y se acercó al mostrador. Estaba tan concentrada en uno de los adornos exhibidos que no sé percató que el vendedor se le había acercado

- Bonita verdad?
- Eh si… - dijo levantando el rostro y descubriendo a un hombre bajito sin pelo pero con una enorme barba blanca que la miraba con rostro amable
- Sabe lo que es?
- Un ankh, un símbolo egipcio
- Correcto y ¿sabe lo que significa?
- Eh… No sabía que significaba algo en particular…siempre pensé que era algo religioso
- Es el símbolo de la juventud eterna
- ¿De veras?- Volviendo a mirar aquella pieza- mi pa… alguien que conocía tenía uno tatuado- El anciano la miró con mayor curiosidad- Solo que…
- ¿Solo que que?
- La parte circular la tenía para abajo
- ¿Quiere decir de cabeza? – Simone asintió y al hombre, de forma instantánea, le cambió la expresión del rostro de amable a sombría
- ¿Le pasa algo señor?- Preguntó Simone preocupada
- ¿Donde lo tenía?
- ¿Como?
- Esa persona que dice usted conocer, ¿en donde tenía el tatuaje?
- En la parte baja trasera de la nuca… ¿Por qué pregunta?
- Eh… por nada. Será mejor que me vaya a la trastienda, tengo un par de piezas que limpiar- Le dijo mientras cerraba todas sus estanterías muy de prisa
- Pero… un segundo señor…dígame que significa el ankh de cabeza, me interesa
- Lo siento, no tengo tiempo ahora señora, en otro momento, hasta luego

Simone miró con tal desconcierto como el hombre cerraba la tienda en sus narices y desaparecía por una minúscula y vieja puerta de madera.
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Respondiendo a 15 preguntas

Una comida: La china
Una marca: No tengo pero si debo decir una por fuerza creo que Timberland
Un nombre: Sandra
Una ciudad: Londres
Un animal: El delfín
Un libro: La insoportable levedad del ser
Una pélicula: Joder que dificil... Cinema paradiso
Una afición: Inventarme historias
Un defecto: El mantenerme en silencio demasiado tiempo cuando estoy en grupo
Un paisaje: Un acantilado y el mar debajo
Una música: imposible nombrar una sola
Un rasgo femenino: Dos: los ojos y el otro, ni loca lo digo aquí
Una frase: La mejor forma de vencer a la tentación es cediendo a ella
Una fantasía: No puedo decirla porque corro el riesgo de que no se cumpla
Un anhelo: Diseñar y construir mi propia casa

Y tu? que respondes?
 

Avaritia: El misterio del Ankh - Introducción

"La codicia (o a veces la avaricia) se considera un pecado capital, y como tal, en cualquier sociedad y época, ha sido demostrada como un vicio. La avaricia es un deseo desordenado de posesión y de adquirir riquezas para atesorarlas. La codicia, por su parte es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas. Simonía, suscitada muchas veces por la codicia, es la compra o venta ilícita de lo que es espiritual por bienes materiales. Incluye cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, la gracia, la jurisdicción eclesiástica, la excomunión, etc" Fuente Wikipedia


Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando el coche finalmente entró en los confines de la enorme finca. El olor profundo a café mezclado con hierba fresca gatilló en ella, cual latigazo enfierecido, su memoria. La tristeza terminó entonces por colonizar su alma en apenas un segundo. Recién en ese momento, se percató de la rigidez de su cuerpo cansado, pegajosamente adherido al asiento por el calor. Había intentado dormir más de una vez en las tres horas que llevaban de viaje pero como venía sucediéndole desde hacía seis meses, apenas pudo dormitar intercaladamente, algunos minutos.

Sobre su regazo, Sami dormía profundamente. Lo miró con una leve sonrisa mientras sus dedos peinaban suavemente su cabello ensortijado. Aún le parecía un milagro tenerlo ahí sobre sus piernas. No hacía ni un año que los médicos le habían prácticamente desahuciado al diagnosticarle una Leucemia crónica. Aún recuerda la cara de desesperación de Heben, su mujer, al enterarse, quien lo llevó a cuanto especialista logro encontrar, solo para recibir el mismo desolador diagnóstico: Seis meses de vida cuando mucho. Y de pronto, tras lograr convencer a Heben que era hora de parar y no someter más al niño, de apenas tres años y medio, a ningún otro tratamiento, Sami comenzó a mejorar de forma inexplicable. Tres meses después no quedaba rastro alguno de la enfermedad. Todo parecía indicar que los momentos felices por fin volverían a ser parte de la vida de ella y su familia y sin embargo, un par de días después que Sami fuera declarado oficialmente sano por la junta de médicos que revisó su caso, Heben desapareció dejando apenas una escueta nota que ella aún no lograba asimilar.

El coche finalmente se detuvo en frente de la gran casa. Ella entonces despertó al niño, quien se sentó algo aturdido mientras se frotaba repetidamente los ojos. Al bajar, una mujer de unos sesenta y cinco años, vestida formalmente con falda negra y blusa de seda amarilla la esperaba al pie de las escalinatas, junto con tres criados, dos mujeres y un hombre, todos de uniforme negro y blanco. Sami se cogió fuertemente de la mano de su madre, pegando su cuerpo al de ella mientras miraba con absoluta desconfianza a las personas que ahí los recibían.

- Señora Simone buenas tardes, soy Violet la ama de llaves de la casa. Estos son Natalie, Susan y Raymond. Falta Cloe, la cocinera que anda terminando la cena para hoy. ¿Tuvieron un buen viaje?
- Buenas tardes, si gracias…bueno un poco cansador
- Me imagino. Vuestras habitaciones ya están listas. Pueden subir a refrescarse. Natalie se encargará del niño- Añadió haciéndole un gesto a la muchacha para que se acercara
- Gracias señora Violet pero de mi hijo me encargo yo misma
- Como usted diga señora. Era solo por hacerle las cosas más fáciles. Si necesita cualquier cosa…
- No se preocupe se lo haré saber

Felizmente la habitación de Sami estaba comunicada a la de ella por una puerta interna. Pudo comprobar además, con extrema extrañeza, que todas las pertenencias de ambos habían sido cuidadosamente colocadas en ambas habitaciones, tal cual solían tenerlas en el departamento que hasta hace poco, habían compartido los tres. El pequeño ni bien entró en su habitación fue corriendo hasta un viejo baúl colocado al pie de su cama. Con extrema familiaridad lo abrió y sacó de dentro un peluche de unos treinta centímetros de alto. Era un pulpo morado, con manchas blancas. Sami sonrió mientras se giraba y se lo enseñaba a su madre quien lo miró conteniendo las lágrimas como bien podía.

- Mami pupo!!!
- Si mi amor es pulpo

El niño se sentó sobre el baúl y se concentró en acariciar su peluche unos segundos antes de mirar a Simone de nuevo

- Mami, queyo que vena Heben…
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ECOS DE MEMORIA Cap I - XXXIX (cap 38 39 e intermezzo)

ECOS DE MEMORIA



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LA CENA

¿Me pregunta si aún recuerdo? Pues claro que recuerdo. Como si alguien pudiera olvidar ese día. Era el 16 Julio de 1992, incluso le puedo decir la hora, las nueve y veinte de la noche. Lo sé porque acababa de mirar el reloj, al ver que Hugo no llegaba. Mi madre había terminado de poner el mantel sobre la mesa del comedor y mi hermana y yo la ayudábamos con los platos y los cubiertos. Mi padre, por su parte, terminaba de preparar la ensalada.

Mi padre… a veces logro sonreír al recordar como acostumbraba poner la cocina patas arriba, cada vez que se le ocurría hacer de chef improvisado. Tenía buena mano para las ensaladas, nunca repetía la misma en bastante tiempo. Un día eran espinacas con pimientos, tostaditas en dados y queso parmesano, otro día era una impresionante colección de verduras de todos los colores con una salsa inventada en el momento, o sino era una mezcla de cosas que jamás pensaría una encontrar en una preparación de ese tipo. Sin mencionar la decoración con la que solía presentar sus fuentes. Todo un espectáculo artístico. La hora de la cena era sagrada. Papá nos lo inculcó desde pequeños- La comida pueden hacerla donde quieran y a la hora que quieran, pero la cena, la hacemos todos juntos en el comedor y sin tele encendida- Nos decía. Incluso se las ingenió para que a pesar de estar ya bastante creciditos, siguiéramos sin faltar a su cita. Supongo, era su manera de mantener integrada a la familia y saber en que cosa andábamos cada uno. Podría decirle que era realmente un fastidio con veinte años, dejar de salir a cenar con los amigos para hacerlo en familia de lunes a viernes. Pero no, por el contrario, lo disfrutábamos mucho, sobretodo por los chistes de Hugo y las ensaladas estrambóticas de mi padre. Si habías tenido un mal día, bastaba con sentarse a la mesa para olvidarse un poco de todo. Después de esa noche, las cenas en familia cesaron y mi padre no volvió a hacer una ensalada más en su vida.

- Susana, llama a la consulta de Hugo a ver si ya salió- me pidió mi madre al terminar de acomodarlo todo.

Acababa de coger el teléfono cuando de pronto se oyó un estruendo. Era uno de esos que solían escucharse en la capital bastante a menudo

- ¡Marta saca las velas! Seguro se volaron otra torre y no tardará en irse la luz – Le dije a mi hermana en voz alta, mientras terminaba de marcar el número.
- ¿Donde habrá sido? – preguntó mi madre.

Papá, tras asomarse por la ventana unos segundos replicó

– No lo sé pero se ha escuchado más cerca que otras veces.

En tanto a mí, me daba ocupado por tercera vez. Colgué y regresé al comedor diciéndoles que no había podido comunicarme.

– Seguro está al llegar, dejaré el pollo un rato más en el horno- concluyó mi madre antes de regresar a la cocina.

Minutos después, papá se había sentado en el sofá a terminar el crucigrama del Comercio, el diario de más tiraje en Perú. Mi hermana, al pie de la mesa de centro, rodeada de crayones coloreaba uno de sus libros de cuentos de la Bella durmiente. Y mi madre, tras organizarlo todo en la cocina, se había sentado en su mecedora a continuar la chaquetita de lana celeste para mi prima Lucía que acababa de dar a Luz. Yo daba vueltas tratando de encontrar algo que hacer y olvidarme de mis tripas que rugían sin piedad. Me asomé a la ventana y noté que hasta donde mis ojos podían llegar, las luces de la ciudad seguían ahí. Con excepción de una que otra sirena de algún coche patrulla que pasaba a lo lejos, todo estaba tranquilo.

Es increíble, ¿No? como una se puede acostumbrar a todo. A esas alturas, las voladuras de las torres y los coches bombas en las entradas de los bancos ya no detenían nuestras vidas ni afectaban nuestro humor. Era como si inconscientemente hubiéramos escogido no ver, con la esperanza tal vez de que ignorándolo, todo desaparecería.

Habían pasado unos quince minutos cuando mi madre si quitar los ojos de su tejido me pidió que volviera a llamar a mi hermano. El humor había empezado a cambiarme por el hambre, así que de mala gana me levanté hacia el teléfono. El sonido repentino del timbre me detuvo. – Este despistado, seguro se olvidó las llaves de nuevo- Pensé mientras corría hacia la entrada. En la puerta sin embargo, me encontré a doña Aurelia, la vecina y su marido. Ambos llevaban batas de dormir y pantuflas. Doña Aurelia tenía los ojos rojos e irritados. Mi madre, extrañada de que yo no hiciera el más mínimo movimiento, se acercó a la puerta

- Aurelia ¿Que le pasa?
- ¿No ha visto las noticias?
- No, íbamos a cenar recién
- Han puesto un coche bomba en jirón Tarata, dicen que pueden haber muchos muertos, las imágenes que están pasando en el noticiero son horribles Gertrudis- Comenzó a sollozar- parece un campo de batalla…

A mi se me heló el cuerpo y tuve que cogerme del marco de la puerta al sentir que mis piernas perdían fuerzas. Mi madre, al igual que yo, se había quedado sin reacción alguna. Fue entonces mi padre, quien se levantó del sofá y con una sonrisa se aproximó hasta nosotras. Le pasó el brazo a mamá y sin perder el gesto amable agregó:

- Aurelia, Jorge, pasen por favor. Mi hijo está al llegar. Gertrudis coloca dos platos más a la mesa así cuando llegue Hugo, cenamos todos juntos- Terminó de decir con convicción

Fue entonces que miré a mi padre con más atención y dejé que él se encargara de espantar mis miedos como solía hacerlo cuando era niña. Mamá se dirigió a la cocina mientras los demás se acomodaban en la sala. La escena de todas las noches volvía a repetirse, solo que esa vez, nadie se atrevió a decir ni una palabra más. El silencio no tardó en volverse atroz e insostenible.


Hugo era dentista ¿Sabe? Tenía su consulta en el cuarto piso del edificio número 473 en Jirón Tarata, el centro de uno de los barrios más pudientes de Lima. Lo encontraron en las escaleras de la primera planta. Al parecer estaba por salir del edificio para venir a casa a cenar. Si se hubiese quedado un par de minutos más dentro de su despacho, que quedaba en la parte de atrás del edificio, probablemente se hubiese salvado.




Nota: Si bien los personajes son todos ficticios, el relato está basado en un hecho real, la explosión de Tarata, la cual escuché desde mi cama mientras leía. Tenía 21 años, hacía once que el terrorismo azotaba al país de cabo a rabo pero he de reconocer que recién cuando explotó ese coche bomba, exactamente a 28 calles de mi casa, fue que tomé conciencia de la terrible violencia en la que vivíamos.




JR. Tarata después de la explosión

Jr. Tarata convertido hoy en boulevard

Pintura superior: Cena para desesperados de Renato Ochoa
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Ms. MADONNA

Esta señora de aquí arriba tiene ya 51 años...quien no quisiera llegar así a esa edad... Aquí algunos videos que me gustan particularmente

1.- Frozen (1998) Del album Ray of Light. Es una de las canciones que más me gusta y es mi video favorito

2.- Like a prayer – 1989 Una de las canciones de la primeras épocas



3.- Don´t tell me (2000) de su album Music. Esta canción no está dentro de mis preferidas pero el video si y no sé porque, será porque tengo especial debilidad por las camisas a cuadritos.



4.- Vogue (Versión 2009) del tour Sticky and Sweet (Lo dicho 51 años)



Y es que a ciertas mujeres la edad les sienta estupendamente...

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Cronica de una visita a la ópera


Era un día en el cual había decidido mimarme un poco y me largaba a ver mi opera favorita. Pedí permiso para salir media hora antes. Reportes mañaneros de desperfectos en las vías del tren entre Birmingham y Crew retrasaban todos los trenes que venían de arriba hacia abajo. Y yo que estaba más abajo e iba más abajo aún… ¿No quedaría mejor decir sur que abajo?..Supongo… pero que carajo y otra vez me salió en verso sin hacer mucho esfuerzo…. En fin que me desvío…

Con un calor que esta isla no acostumbra regalar, me dirigí a pie a la estación. Maquinita, boletito, caminadita, ala a joderse, el tren está retrasado veinte minutos y yo con el traje, la chaqueta en la mano y añorando unos shorts, sandalias y alguna camiseta fresca. Lo que me faltaría es ir de pie los cuarenta y cinco minutos que toma el viaje hasta la ciudad del Big Ben. Felizmente, no, el tren llega vacío y logro encontrar un asiento junto a la ventana. Coloco mi chaqueta en el perchero y la mochila, que pesa una tonelada por el portátil del trabajo, debajo del asiento, y tras acomodarme me dispongo finalmente a mirar por la ventana y perderme en mis pensamientos raros de estos últimos días.

Un par de segundos más tarde, un tipo calvo, algo desaliñado se sienta a mi costado y con aliento ligeramente aguardientoso me habla del calor que hace. Sonrío y pienso joder lo que me faltaba, que el tío este me busque conversación. Pues como no tengo por ser cortés con alguien que no conozco, le contesto con monolosílabos y miro hacia la ventana esperando que entienda el mensaje subliminal. Tras unos minutos de haber partido, le suena el móvil y entonces yo aprovecho para acomodarme mejor y cerrar los ojos. Listo lo he logrado pienso…si claro, lo logré por unos minutos hasta que el tío este, pensándose que estaba en su casa comienza a estirarse más de la cuenta mientras conversa, va incluso recostándose contra mi. Cuando la cosa pasa lo limites de lo normal a lo escandalosamente invasor, me muevo bruscamente y lo quedo mirando. El hombre deja de hablar y me pide disculpas, varias veces antes de continuar y acomodarse nuevamente. Yo vuelvo a mi pose de “voy a dormir no me jodas” y tras un rato logro dormitar un poco.

De pronto siento que un peso comienza a apretarme contra la ventana. Abro los ojos y el calvo de mierda, que se ha quedado dormido, se balancea de tanto en tanto y yo comienzo a ponerme de mal humor. Felizmente reparo que estamos muy cerca de la estación de Euston, mi destino final, así que me relajo y trato de pensar en lo que voy a ver dentro de poco.




El conductor del tren anuncia que estamos por llegar, el tío ni se inmuta, el tren comienza a detenerse, el tío ni se inmuta, el tren se detiene y la gente comienza a levantarse, el tío ni se inmuta. Yo comienzo a moverme y coger mi mochila del suelo, el tío ni se inmuta…sorry sir – le digo sin tocarlo, el tío…hijo de su madre…ni se inmuta… en eso lo toco del hombro cuidadosamente y re digo – excuse me… el tío ni se inmuta…- en ese momento pienso, joder no se habrá muerto ¿No? Pero luego noto que respira y entonces digo para mi misma y este tarado que tiene… Así que usando mis métodos al puro estilo sudaca, lo zamaqueo y le digo: puede por favor usted dejarme salir, estoy apurada… me falto el asshole pero me contuve. El tío me mira, y con toda la paciencia del mundo coge sus cosas y se mueve al asiento de enfrente y yo salgo echa una furia y sudando la gota gorda. Creo que en el fondo fue su venganza por haberlo ignorado todo el viaje.

Bueno siguiendo con la crónica, pues salgo de la estación y entro en el tubo que por estas fechas es un verdadero horno. Vuelvo a salir cerca de Leicester Square y como siempre me pasa en esa puta estación, me rayo horriblemente con las direcciones. Cojo mi guía de calles londinenses, infaltable compañera ahora que voy todas las semanas a la capital británica por asuntos laborales y no hay forma, esa zona de Londres me tiene manía. Tras errar unas tres veces el sentido y no sé porque extraña razón terminar en dirección al Soho (siii), finalmente encuentro la bendita avenida y diviso a lo lejos el teatro. Llego y nuevamente tarjeta, maquinita, boleto. Miro el reloj y digo genial tengo media hora. Afuera la gente esta apostada por todas partes, en las afueras de los pubs (que ganas de una pinta), restaurantes, guariques, etc. Finalmente entro al café de al lado que esta desierto y no tardo ni dos segundos en saber porque. Es un horno, el sistema de ventilación no funciona. Compro mi botellita de agua y un panini de mozarella con tomate y albahaca. Se demoran una eternidad en cobrarme y al minuto me arrepiento de haber entrado pero me suenan las tripas y tengo que comer algo…Así que ni modo para cuando logro llegar a la caja, faltan solo 10 minutos para el inicio del espectáculo y yo tengo que engullirme el panini como si estuviera en un concurso pueblerino. Finalmente entro y ohhh gracias a dios aire acondicionado…genial…ubico mi asiento, acomodo mi mochila como puedo y finalmente me relajo.





Lo bueno es que en este país todo comienza puntual así que siete y media en punto apagan las luces y … en media hora de espectáculo, toda los percances, rollos, etc se me olvidan mientras me voy metiendo en la historia que me cantan desde el escenario…. Primera vez en mi vida que veo algo tan teatral en una ópera y se nota que el espectáculo fue creado por un director de cine…todo, absolutamente todo está pensado para meter al espectador en la atmósfera. Con esos hombres vestidos de negro como ninjas japoneses que caminan en la oscuridad y supuestamente no existen…que fácil entra una en la convención…Y el manejo de las marionetas es realmente espectacular.... hasta que llega el momento Butterfly por excelencia y entonces el resto es silencio…






Un bello dia veremos levantarse un hilo de humo en el extremo confín del mar. Y después aparece la nave. Y después la nave es blanca. Entra en el puerto, truena su saludo. ¿Ves? ¡Ha venido! Yo no voy a buscarlo, yo no. Me pongo ahí, en lo alto de la colina y espero, espero mucho tiempo. Y no me importa la larga espera. Y, salido de entre la multitud de la ciudad, un hombre, un pequeño punto, sube por la colina. ¿Quién será?, ¿quién será? Y cuando esté aquí, ¿qué dirá?, ¿qué dirá? Llamará: - Butterfly- desde lo lejos; yo sin responder. Estaré escondida. Un poco por bromear, y un poco por no morir al primer encuentro. Y él, un poco ansioso, llamará, llamará; “Pequeñita, mi pequeña esposa, perfume de verbena”, los nombres que solía llamarme. Todo esto sucederá, te lo prometo. Guárdate tus temores, ¡yo con segura fe lo espero


No era la Callas claro, que en mi humilde opinión es la que mejor ha cantado esta aira hasta ahora, pero la soprano estuvo magnífica y muchas gracias a la tan amable señora Rachel que me pasó uno de sus tissues al terminar el espectáculo.


Madame Butterfly, todo un regalo para el alma...

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