Si, como te lo cuento Rusa, la gran revelación ocurrió precisamente después de que me enterase que Santa Claus no existía.Y es que si te pones a pensar, nos quejamos de adultos que la vida es una mierda pero ¿Y la niñez que? Es un camino tortuoso y oscuro, lleno de desilusiones tía. No hacía ni dos años que me había enterado que el ratoncito que me dejaba monedas debajo de la almohada a cambio de mis dientes de leche, no era otra que mi abuela entrando a escondidas en mi habitación, que los títeres que tanto me dejaban embobada en los cumpleaños de mis primos, eran tan solo vestidos para los dedos de alguien con vena de locutor. Y de pronto un día, viene el sabelotodo de Miguelito, mirándome con aire autosuficiente, a través de sus gafas negras que le hacían los ojos chinitos, y ¡Zas!, me suelta que Santa era una invención de mis viejos. Así, de la nada, sin ningún tipo de miramiento. Una putada Rusa, por que en menos de un abrir y cerrar de ojos, me vi en nochebuena sin nada que hacer, escuchando villancicos por televisión con mis padres y mi abuela… Se me habían acabado de pronto, esas interminables horas planeando la mejor estrategia para pillar al barbudo panzón colándose por la ventana y ni que decirte de las horas escondida en una hendidura del tejado de mi casa, esperando ver a los putos renos. Tal fue mi desilusión esa noche, que ni bien acabó la cena, me fui a la cama, enterré mi cara contra la almohada y traté de no llorar. Pero fue imposible.
Había ya perdido la noción del tiempo que llevaba sollozando por mis sueños rotos en la almohada, cuando escuché una ráfaga de luces y explosiones seguiditas. Con cada invasión de luz, un sin número de sombras nuevas, aparecían a mi alrededor. Era como si todo mi cuarto se hubiera convertido en una gran máquina de rayos X. Me asusté. El corazón comenzó a palpitarme mucho más rápido y el pijama no tardó en pegarse a mi cuerpo por lo copiosamente que había empezado a sudar. No me mires así Rusa, le tenía realmente pánico a la oscuridad y más con ese aderezo de explosiones cada tres segundos. Así que nada, me senté en la cama y me dispuse a hablar con la única persona que lograba hacer que mis miedos a la noche se disiparan.
Y entonces algo me paralizó…
Si el ratón no existía, si los títeres no eran de verdad y si Santa era una invención, entonces, esto podría no existir también… la sola idea de que él fuera otra invención de mamá para que no me pasara a su cama tras una pesadilla, comenzó a atormentarme.
Ni te imaginas…de pronto la columna vertebral se me volvió de piedra mientras mis ojos miraban nerviosos todos esas figuras fantasmales adheridas a las paredes. Parecían querer cobrar vida en cualquier momento. El aire entonces, lo sentí denso, atracándose en la traquea al respirar y como si de una extraño conjuro se tratase, el tiempo se hizo eterno a mi alrededor. Movía mis manos como siempre y sin embargo ante mis ojos se movían en cámara lenta. Lo mismo ocurrió con mi voz, que al susurrar una palabra, el sonido quedaba suspendido en el aire para rematar con un eco hondo y grave al final. Fueron los segundos más horribles que pasé alguna vez…
En medio de ese estado de shock, escuché de pronto a mi madre, cruzar hacia su habitación. Iba a decirle, a suplicarle que me llevara a dormir con ella, cuando por la rendija de la puerta entre abierta, por donde se colaba la luz del pasadizo, vi como una sombra alargada caminaba por el techo hacia el centro de la habitación. Fue extraño Rusa porque en apenas un segundo, el miedo se me había borrado y en vez de gritar o salir corriendo, me quedé mirando aquella aparición fijamente. Al llegar cerca del punto central del techo, la sombra se detuvo y se giró como buscando el camino, ya sabes, como si se hubiese perdido. En ese movimiento noté que llevaba una guitarra colgada al hombro. Esperé un rato y al ver que seguía como perdido, me senté sobre la cama. El me miró, bueno eso creo, porque se vió que inclinaba la cabeza. Me pareció que llevaba vaqueros deshilachados e iba descalzo… si lo sé, lo sé que era todo del color que suelen tener las sombras, pero por el contorno de la silueta, me pareció que tenía pinta hippie. Luego despacito se sentó, cruzando las piernas, cogió la guitarra y vi como la colocaba en posición. Al principio no oí nada, solo los cohetes que los niños alborotados del vecindario, seguían reventando. Entonces hice un esfuerzo por concentrarme y ¿Sabes lo que escuché? … muy pero muy bajito, casi como un susurro soplado al viento, él cantaba mi canción favorita de esa época, la que mi tío Carlos me había enseñado desde chiquita, esa que decía: It's not time to make a change, Just relax, take it easy, You're still young that's your fault, There's so much you have to know…

Cuidado, ahí viene, será mejor que te escondas Rusa. La última vez que le hablé de ti me miró raro. Te veo más tarde.
- Buenas tardes doctor










