EL CARTERO LLAMA DOS VECES




Siete de la mañana. El frío implacable se le mete por los dedos, haciendo que los frote continuamente contra el corduroy de su pantalón mientras espera que el “buenos días” abra sus puertas. Es Noviembre y ese modesto cafetín de claro estilo sesentero, luce ya algunas guirnaldas de colores y otros adornos navideños que por un momento, logran contagiarle algo de ese espíritu festivo que recién comienza.

Ubicado en una de las mesas, Martín extiende su block y se dispone a escribir como todos los principios de mes, una nueva carta. Lo hace con cuidado de no manchar el papel. Lleva un diccionario de bolsillo al lado donde suele consultar las palabras difíciles y esmera todo lo que puede su caligrafía. Al terminar, repasa la hoja un momento, cerciorándose de que todo esté pulcramente escrito, luego con extrema minuciosidad, dobla el papel y lo introduce en un sobre celeste claro. A estas alturas, ya no necesita mirar ese papel arrugado que suele cargar en su bolsillo, ya se sabe el nombre del remitente de memoria, lo mismo que su forma de escribir. De su enorme cartera de cuero envejecido, saca a continuación una cajita llena de estampillas y va colocándolas en fila sobre la mesa. Todas son del mismo lugar, Cuba. Escoge dos y con el mismo cuidado mostrado anteriormente, las pega, una a una en el sobre ya cerrado. Finalmente termina el ritual sacando un sello y marcando el sobre apropiadamente. Lo mira y comprueba complacido el resultado de su trabajo.

- Hoy debería invitarla al cine- murmura mientras se deja despanzurrar levemente sobre el asiento y observa a través del ventanal, su vieja bicicleta recostada en un poste.

Lleva haciendo el mismo trabajo desde hace diecinueve años, pero llevando cartas de Cuba, desde hace dos. El día que la conoció, acababan de asignarle una nueva ruta. Un barrio típico burgués en donde; al ser un total desconocido; no había niños curiosos revoloteando a su alrededor ni señoras amables ofreciéndole una limonada bien fría para combatir la sed. Deseando acabar pronto aquel aburrido turno, iba separando la correspondencia de la última hilera de casas que le quedaba, cuando una mujer de larga cabellera platinada cogida en una cola de caballo y llevando un vestido suelto de tirantes, lo detuvo en el camino.

- Perdone… ¿No tiene correspondencia para el número veintiocho?, es esa casa pequeñita de ahí, la de la cerca blanca- Le preguntó con cierta ansiedad
- A ver déjeme que lo miro- Respondió revisando la correspondencia que llevaba en la mano
- ¿Es usted nuevo verdad? – Martín asintió - ¿Y Don Raymundo?
- Se jubiló desde este mes…Lo siento, pero parece que no hay nada hoy
- Podría fijarse de nuevo, es que… estoy esperando una carta muy importante, tiene que estar a nombre de Paula Eguren
- Señora lo siento pero ésta es la única correspondencia que me queda por repartir y ninguna va dirigida a usted.
- ¿Y no podría haberse equivocado?, como no conoce la zona, tal vez la dejó en alguna otra casa- agregó la mujer mucho más nerviosa
- Suelo revisar muy bien la correspondencia antes de entregarla – replicó Martín algo fastidiado pero sin perder su amabilidad
- Perdóneme… - casi con lágrimas en los ojos- … lo siento yo no quería dudar de su trabajo pero es que… esa carta es muy importante
- Me imagino – respondió conmovido mientras le extendía un pañuelo de papel- Mire, déme el nombre de la persona que debe enviarle la carta y desde donde, así por la tarde en la central, busco entre la correspondencia no entregada.
- ¿De verdad?- Preguntó con cierta ilusión y cogiéndole entonces ambas manos le dijo- Muchas gracias… ¿Señor?
- Ramos… Martín Ramos- Respondió reparando por primera vez en aquellos ojos almendrados.

Con el trascurrir de los días y casi sin darse cuenta, las reacciones de aquella mujer, sus ojos suplicantes, sus lágrimas que no terminaban de salir nunca, esa vulnerabilidad que desprendía toda ella al no recibir las noticias que esperaba, comenzaron a afectarle de tal manera que por unas semanas, el viejo cartero se vió obligado a empezar su turno una hora más temprano para evitar encontrársela. Una tarde sin embargo, mientras pasaba por el frontis de la casa, la descubrió, con sus ojos almendrados plagados de tristeza, espiándolo por detrás de la cortina. Esa noche, mientras cenaba solo en casa, no pudo quitarse del pensamiento a aquella mujer.

Al día siguiente, saliendo del trabajo, Martín cambió su rumbo habitual una par de veces para finalmente ir a parar a una pastelería donde compró galletas y pastelitos con crema. Media hora más tarde, tras peinar repetidamente su barba cana mientras se auto convencía que era una buena idea, tocaba la puerta del número veintiocho.

- Perdone por favor mi atrevimiento…- carraspeó al ver se le apagaba la voz- Compré esto y me preguntaba si sería usted tan amable de invitarme a tomar una taza de té…

Después de varios segundos de mirarlo sin reacción, la mujer lo hizo pasar y le indicó tomar asiento en uno de los sofás del pequeño salón. Cogiendo los paquetes que el hombre había llevado, desapareció por una puerta que Martín dedujo era la cocina. Allí esperando, el hombre recorrió con la mirada cada rincón de ese salón que parecía como suspendido en el tiempo. Los muebles eran de un estilo clásico marcado, con pisos tejidos a croché sobre el final del respaldar y los brazos. Las paredes estaban cubiertas con papel decorativo beige y florecillas diminutas del mismo color granate que el de la alfombra. Sobre una pequeña credenza de pino envejecido descansaban tres marcos con fotos. En una de ellas estaba retratado un hombre en primer plano, de unos sesenta años de edad, con una cámara de fotos colgada al cuello. Detrás de él, un grupo de indígenas con sus trajes típicos completaban la escena. Al costado, había otra de ella y él, muy sonrientes. Pero fue la tercera foto la que terminó por captar toda su atención. En ella, Paula, sentada sobre una gran roca, miraba hacia una de sus manos en actitud melancólica. Estaba tan abstraído por la belleza de la imagen, que no se dió cuenta de que la mujer había regresado al salón y disponía todo sobre la mesita de centro.

- ¿Azúcar? ¿Leche?
- Eh.. – exclamó avergonzado - Solo leche gracias

Ambos aparentemente concentrados en sus tazas y aquellos pastelitos que ninguno de los dos se atrevió a tocar, cruzaron apenas unas palabras de cortesía antes de que Martín se levantara para marcharse, hora y media después. Sin embargo, a pesar del silencio, aquel viejo cartero, amante de la soledad, lejos de incomodarse, había hasta cierto punto disfrutado de la compañía de esa mujer y del ambiente hogareño que la rodeaba. Martín se siguió presentando en aquella casa todos los jueves a la misma hora y ella nunca dejó de abrirle. Poco a poco se fue entablando entre ellos una extraña conexión, plagada de silencios, los cuales eran rotos apenas por el sonido de la vajilla, o del periódico que él a veces leía mientras ella tejía, o las pequeñas conversaciones que poco a poco se hicieron más frecuentes. En una de esas conversaciones, ella había terminado por contarle la historia del hombre de la foto.

Era corresponsal de guerra en el medio oriente y durante un operativo militar había sido arrestado por las fuerzas norteamericanas por presunta conexión con Al Qaeda. Fue enviado a la prisión de Guantánamo y allí esperaba a que su caso fuera esclarecido. Hacía un año que no tenía noticias de él.

Meses después que ella le contara la historia, una mañana de esas en la que ordenaba la correspondencia en el Buenos días, Martín se topó con un sobre marrón bastante maltratado. Estaba dirigido a Paula. Fue al reparar que el remitente era una oficina gubernamental norteamericana, que sintió que un nudo en el estómago amenazaba con hacerle devolver el desayuno. Sus miedos fueron confirmados al leer la escueta carta en castellano mal traducido que había dentro. Un fajo de cartas de ella, un par de él que no habían sido enviadas, un reloj y un aro de matrimonio completaban el contenido del paquete. Se dejó caer sobre el asiento acongojado de tan solo imaginar como cambiaría el rostro de la mujer a la que apenas acababa de hacer sonreír hacia un par de semanas.

Así fue como el viejo cartero no solo se convirtió en remitente sino que también en receptor de las cartas de Paula, al ser el mismo quien se había ofrecido llevárselas al correo. Al principio, la mentira parecía atormentarle más de la cuenta pero a medida que fue dejándose envolver por la belleza de las palabras que ella le escribía a un muerto y la sonrisa que le regalaba a él cada jueves por la tarde, cualquier vestigio de culpa desapareció. Ahora, dos años después, se sabía totalmente incapaz de renunciar a cualquiera de esos dos privilegios.

Como siempre que tenía que entregarle una carta, dejó el número veintiocho para el final.– Si, ella me dijo que le gustaba el cine- Pensó mientras escuchaba que abrían la puerta

- ¿Si?- Preguntó una mujer joven que asomaba por un costado del umbral
- Eh… busco a la señora… Eguren
- ¿Usted quien es?
- Soy Ma… el cartero
- Si tiene correspondencia, démela a mí
- Lo siento pero la correspondencia que traigo es personal
- Señor, mi tía falleció ayer por la noche

Se quedó sin habla. Quieto. Sintiendo que las piernas estaban a punto de fallarle. Súbitamente algo helado le subió por las orejas, extendiéndose por todo su rostro segundos después. Mientras se alejaba de esa casa, el estado de estupor se hacía enorme. Era como si su cerebro se negase de buenas a primeras a asimilar aquella realidad. Incluso, en los días que siguieron, sus ojos la buscaron por todas las rendijas de las ventanas desde donde ella solía observarle.

Con el pasar de los días, el silencio, el mismo que él antes adoraba, se hizo demasiado estridente tanto que por miedo a no poder soportarlo, ese jueves al acabar sus entregas, no se dirigió a casa. Pedaleó cerca de una hora sin rumbo fijo, por barrios aledaños. Era la primera vez que se subía en esa bicicleta sin tener un rumbo fijo. Aún no había oscurecido cuando llegó hasta el pequeño lago del condado, el cual a esas alturas del año lucía desierto. Se sentó en una de las mesas para picnic que habían cada cierto tramo y se quedó quieto observando una fila de patos que nadaba por la orilla más cercana a él. Abrió después su gran cartera y sacó uno de esos paquetes de papel blanco de la pastelería, que esta vez era mucho más pequeño. Luego cogió el termo plateado que había vuelto a cargar consigo y abriéndolo vertió un poco de té en la tapa. Comenzó a beber despacio. Era la primera vez que lloraba en muchos años.

Llegó a casa bastante tarde y tras ducharse, se sentó en la mesa del comedor, sobre la cual se podía observar, puestas en orden, una junto a la otra, las veinticuatro cartas escritas por ella y que él casi se sabía de memoria. De pronto, cogió la más antigua y con corrector líquido le cambió la fecha por la de ese día. La dobló con cuidado y la introdujo en un sobre limpio. Practicó sobre un papel varias veces la misma caligrafía para luego escribir en la parte frontal del sobre:

Sr. Martín Ramos
Calle del Corregidor N 30






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ESCRITURA AUTOMATICA II

Contra todo pronóstico, incluso el metereológico, he salido en bici hasta uno de los tres lagos que se pueden encontrar en este pueblo del condado de Buckingham. No es muy grande pero justamente por ello me gusta, porque lo hace uno de esos lugares casi íntimos donde perderse de vez en cuando. El sol se hace y se deshace y por momentos parece que voy a ser atacada por uno de esos aguaceros inesperados muy comunes por estos lares. Sin embargo lo ignoro, me dejo envolver por la belleza del paisaje y tras darme unas tres vueltas al lago, finalmente encuentro un rinconcito donde apostarme a escribir.

Apoyo la bicicleta contra la mesa de picnic de madera oscura, saco mi botella de líquido hidratante (Pura pose, una botella de agua hubiese bastado la verdad), mi libretita y todos los lapiceros de colores que suelo llevar con ella. Finalmente me siento y comienzo a observar a mi alrededor. Mucha gente pasa corriendo, otros en bici, otros paseando a sus perros. Uno de esos perritos tan “monos” acaba de ponerse a cagar en frente de mí y debo decir que esta no es precisamente la idea que tenía de una mañana inspiradora pero, por tremenda pequeñez no voy a dejar que se me joda el paisaje, además la chica que lleva el perro está guapa….seee.
Bueno a ver concentrémonos de nuevo.

Estoy sentada en esas zonas de picnic, no hay nadie en la otra mesa apostada a unos metros de la mía. Hay piedritas de colores o confitillo en el piso, el cual comienzo a mover despreocupadamente con mis zapatillas. De tanto en tanto corre un vientecillo leve pero no lo suficiente para mover las páginas de mi libreta abierta que espera el resultado de mi inspiración. En eso, noto una serie de inscripciones en la mesa….. ¡Ahhhh joder!!!! Una araña, fuchi, fuchi, sal de aquí (le tengo terror a las arañas y francamente no sé que hago viviendo en este pueblecillo lleno de ellas pero en fin que me desvío del tema… ¿En que estaba? …a si, en las inscripciones…

Me acerco a leerlas y las primeras palabras que logro descifrar son “Steve and Jenna” uhm…Steve, un nombre bastante común y Jenna, ¿llena de que? ¿de agua?, ¿de grasa?, ¿de rollos?, creo que se me va la olla y es que los nombres en inglés son tan sosos… a ver que dice por aquí: Cannis, ese me gusta porque me suena a canabis, jeje… y junto a este han grabado Malcolm, bueno este tiene como más peso…. Y a ver que dice en aquella esquina: Paula…








Es el único nombre escrito solo y apartado… y no puedo dejar de preguntarme ¿Porque?... Me quedo quieta, con los ojos perdidos en esas cuatro letras grabadas con mucho más cuidado que las otras, como quien lo hubiese hecho, se hubiese tomado todo el tiempo del mundo para dibujarlas sobre la madera… ¿Quién será Paula?... vuelvo a preguntarme, ¿Acaso alguien que viene a sentarse como yo a mirarlo todo con cierta nostalgia para luego escribir sobre ello? ¿O tal vez sea una madre que viene con su niño a pasearlo por el lago y enseñarle desde pequeñín a apreciar esta maravilla mientras ella busca un poco del silencio que en casa ha perdido?
O simplemente, sea alguien que viene a recordar anécdotas del pasado, de cuando estaba llena de sueños, cuando creía en los para siempre…
¿En que piensas ahora mismo Paula? ¿Acaso has dejado de sentir tus pasos? ¿Acaso eres una sombra que divaga por todas partes como si no existieras y vienes aquí a robarle unos minutos a la rutina y comprobar que aún respiras? Paula…Paula…Paula… ¿Hay alguien que te espera en casa?, ¿Alguien que te abrace por las noches y te haga sentir que todo es posible al final? O tal vez quieras llorar porque quien te abrazaba hasta hace poco ha perdido el camino y ya olvidó como llegar a ti… Paula…me gusta pronunciar tu nombre, una y otra vez…Paula…

Vuelvo a mirar entonces esos otros nombres, simples, comunes, escritos de dos en dos e imagino adolescentes revoltosos con las hormonas disparadas o parejitas que vienen por la noche a regalarse besos robados y prohibidos… vuelvo a mirar hacia esa esquina, e imagino a Paula, ausente, con la mirada perdida y el cabello al viento, mientras graba con una navaja su nombre. Al terminar se queda observando las cuatro letras, desliza sus dedos suavemente por la madera negra y cuarteada…. Paula, cuéntame, cuantas veces has venido a sentarte aquí a llorar por lo que perdiste…por lo que no sabes como arreglar…¿Tienes miedo?...Yo también…

Entonces voy hacia esa esquina, cierro los ojos y soy yo ahora la que desliza los dedos por la madera, reconociendo cada una de sus líneas y grabándolas en mi memoria. De improviso, cojo mi llavero y grabo debajo de su nombre, el mío…

- Así tal vez deje de sentirse sola…


Pero me he desviado del tema, ¿En que estaba? Ahhh si una araña!!!! Y no tengo quien carajo la mate por mí…
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ADIOS FARRAH



Había decidido no colgar nada hasta la semana que viene para que los textos del concurso tuvieran la exclusividad, pero esta noticia ha terminado de poner mis ánimos por el piso.

No creo que necesite decir mucho sobre esta mujer, pero ha fallecido una de las imagenes más queridas de mi infancia.





Si alguien piensa que solo fue una cabellera rubia al viento, mirénla en la película Extremities, de lejos su mejor actuación, aunque creo será recordada más por los Angeles de Charlie.
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PAJAROS (1ER PREMIO)

Autor: Adri



Desde que era un niño me quedaba mirando como los pájaros recorrían el cielo en una sincronía tan limpia, que parecían tener unas coordenadas de vuelo aun más perfectas. Sin chocar, girando en el segundo exacto, desplegando las alas y extendiéndolas dejando que el viento los llevase.

Mi madre decía que cada ser humano de este mundo está hecho para algo en concreto, el pez vive bajo el agua, el pájaro surcando los cielos, y las personas firmes en la tierra, me parecía tan banal que desee ser un pájaro de los que siempre admiraba en el parque.

Conforme crecía mi pensamiento, lejos de reducirse y quedarse en la siempre ilusión infantil y temporal, fue aumentando hasta un estado de admiración peculiar. Con trece años me fabriqué unas alas propias. Con cartones y papel celofán. Recuerdo que estaba en lo alto del tejado, intentando que la chapa que mi padre había puesto años atrás para la lluvia, no cayese conmigo y mi plan se frustrase antes de tiempo, mientras los niños del barrio se reían desde el jardín.

Mi hazaña quedó en un tobillo roto. Ese verano me dediqué a mirar los pájaros desde mi habitación.

Con diecinueve tuve mi primera novia. Tardé, pero mi carácter era demasiado reservado y pude controlar lo que el resto de mis compañeros catalogaban como el calentamiento natural del adolescente. Además de que era difícil que alguna persona no encontrase mi fascinación por el vuelo una excentricidad y rehuyese el hablar conmigo después de cinco minutos de conversación. Lo primero que le regalé fue una miniatura de un halcón. Creo que no le gustó.

Ahora mi gusto está reducido a mis horas en el despacho mientras mi mujer y mis dos hijos están lo suficientemente ocupados para no prestarme atención. A veces me imagino en la cornisa del banco donde trabajo. Con el mundo bajo mis pies y la fortaleza de unas alas que nunca conseguí tener. Desplegándose a lo ancho de mi figura mientras sonrío y entonces soy yo quien me río de los que se limitan a caminar como figuras simples lentas.

Quizás algún día, cuando los años pasen y la vejez me haga perder la cordura, despliegue mis alas y me lance contra el viento para unirme a esos pájaros que tantos años miré con envidia.

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EL COLECCIONISTA (2DO PREMIO)

Autor: Syd708



Llevaba varios minutos observando esa colección de curiosas fotografías, cuando el anciano que le había subido antes las maletas, apareció a su lado. Tenía el típico aspecto de alguien que llevara en ese hotel toda la eternidad.

- Señor, vamos a cerrar, son las once
- Oiga Don Fotus, ¿Quiénes son las personas retratadas?
- Huéspedes ilustres que tuvimos alguna vez. Mire usted, este señor larguirucho con el palo de golf y el violín, era Don Golfio Musicalli, solía jugar en el jardín de atrás todos los días a las seis de la mañana y por cada pelota que lograba introducir en el hoyo al primer intento, cogía el violín y tocaba la sonata en do Mayor de Mozart. Y esta señora estirada y de gafas con los tres perritos calvos, era doña Canina Senza Luce. Convirtió su vida en un juego del destino.
- ¿Del destino?
- Verá, cada animalillo la tiraba hacia lados opuestos, obligándola a escoger entre tres posibilidades. Cada día, le deparaba algo diferente. Hasta que el “destino” la llevó a la pobre, a terminar aplastada por un tractor.

Tenía intención de seguir con su interrogatorio cuando sintió que el estómago se le retorcía, obligándolo a retirarse rápidamente hacia su habitación. Una hora más tarde, escuchó que una pareja se detenía frente a su puerta.

-¿Que apesta?
- Parece que algún desagüe se hubiera roto
- Que asco ¡Por dios!!

Avergonzado, optó por dejar abiertas las puertas del balcón y meterse en la cama cubriéndose hasta la cabeza. Lo había intentado todo, pastillas, infusiones, acupuntura, magia negra, blanca, gris pero nada le había funcionado. Estas, eran las primeras vacaciones que se había animado a tomar en años. A la mañana siguiente, cuando terminaba de vestirse, escuchó que la gente se seguía quejando por la pestilencia impregnada en el pasillo. Debido a ello, esa noche regresó al hotel bastante tarde y logró escabullirse hasta su habitación sin ser visto. Casi no pudo dormir, de tanto aguantarse. Por la mañana, su estómago lucía tremendamente hinchado. Con esfuerzo, se puso el traje y decidió abandonar el hotel cuanto antes, en busca de algún hueco donde descargarse a sus anchas. Sin embargo, al llegar hasta el ascensor se encontró con que estaba averiado.

Tras buscar desesperadamente la escalera, vió finalmente un cartelillo que indicaba azotea. Abrió la puerta y salió a toda prisa, casi embistiendo a Don Fotus, quien fumaba tranquilamente apoyado en uno de los muros. Esta vez la llamada de la naturaleza prevaleció ante cualquier atisbo de vergüenza y subiéndose sobre uno de los parapetos del borde, finalmente descargó. No sin antes comprobar la dirección del viento. Un grupo de palomas apostadas unos metros más allá, alzaron el vuelo despavoridas. Ese mismo día se marchó y no se le vió más por el Hotel ni por ningún otro.



- Señor Sonámbulis, es hora de cerrar
- Oiga Don Fotus, ¿Y este? ¿Un suicida?
- No precisamente. Se llamaba Umo Gásseo y sus pedos eran mortales
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PERFORMANCE (3ER PREMIO)

Autor: Benteveo




Sé que es un sueño y por eso no tengo miedo. Me dejo balancear jugando con el delicado equilibrio que me sostiene parado en esta cornisa. Tambaleo hacia el vacío, pero vuelvo a pararme con firmeza sobre el filo de la pared que me separa del abismo. Soy el dueño de mis actos. Desde aquí veo la muchedumbre que allá abajo gesticula y sacude sus brazos. Me río y juego a dejar avanzar mi cuerpo un poco más sólo para oír los gritos oníricos de los curiosos. Pienso que es divertido mover los hilos de las emociones como si estuviera en un escenario de teatro y retrocedo un paso. Me regocijo con la quietud expectante que ahora reina del otro lado, entre mi público. Abro los brazos en cruz y cierro los ojos. Creo que es una buena imagen para ofrecerles.

Mientras ensayo otra pose, escucho mi propia voz que debe venir del mundo real. Me dice que me arroje, que antes de caer me habré despertado sudando y agradeciendo el fin de la pesadilla, pero todavía no me atrevo. Sin embargo, me asomo al precipicio, tal vez demasiado, a juzgar por los rostros desencajados de horror. Desaparezco repentinamente de la escena para aumentar el suspenso. “Es una buena perfomance”, me digo y me detengo a observar la puesta: soy un hombre solo en medio del bosque de cemento, pero me siento poderoso en las alturas. La ciudad se rinde a mis pies porque soy el primer actor de mi sueño.

Se me ocurre reaparecer para no defraudar a mi público. Agito los brazos como si fuera a echar vuelo. El show del pájaro humano es un éxito, pero aún no es la hora de cerrar el telón. El despertador no ha sonado y tengo que aguantar un poco más. Me pregunto si estaré hablando en voz alta, si mi cuerpo se sacudirá en espasmos entre las sábanas, si ella me va a zamarrear para que regrese al mundo. No lo sé. Aquí todo parece tan tranquilo. El tiempo está suspendido y la brisa es suave. Es extraño, pero puedo sentirla vívida en mi rostro.
Vagamente comienzo a escuchar el ruido de las sirenas de los bomberos. “Debe ser el reloj despertador”, razono. ¿Será la hora de levantarme? Las sirenas son cada vez más cercanas y me inquieto. No puedo llegar tarde al trabajo. Vamos a terminar rápido con esto. Es el momento del “gran finale”.

Me retiro unos pasos para ganar impulso, avanzo decidido y me arrojo sobre el público, mi público. Mientras caigo libremente, pienso que la sensación de vértigo es muy real y que todavía no me he despertado.

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2do Concurso del relato fotográfico- Resultados de la votación


Ante todo quiero agradecer una vez más a todas las personas que se animaron a participar en este primer concurso que organiza esta servidora y que seguramente habrá cometido varios fallos en el camino, como por ejemplo aceptar uno que otro texto con mayor cantidad de palabras que las señaladas en las bases. Esto generó, con toda razón, algunos comentarios por parte de los participantes pero que felizmente tuvo un final feliz. Espero que esto sirva como prescedente para posteriores concursos y que tanto organizadores como concursantes estemos más atentos a cumplir al pie de la letra las normas establecidas.

Sin embargo creo, sin temor a equivocarme que el resultado de este ejercicio ha sido bastante positivo, no solo porque hemos tenido la oportunidad de ejercitar nuestra creatividad y escribir, sino porque nos ha permitido concentrar el resultado de esos esfuerzos y esa creatividad en un solo lugar y que puedan ser disfrutados no solo por los participantes sino por todas aquellas personas que entraron, leyeron y dieron su voto.

Mas allá de los resultados, el objetivo de este concurso era motivar en algo más, esta pasión que compartimos que es la de escribir y descubrir además que cualquier cosa es un buen pretexto para contar algo. Si eso lo han sentido ustedes, entonces podré decir misión cumplida. Y espero que muy pronto alguien más se anime a proponernos otro reto literario.

Y bueno ahora si me dejo de discursillos y vamos entonces a anunciar a los tres primeros puestos. Pero antes paso a explicar como se han procesado las votaciones.


Por cada nominación a primer lugar, el texto recibe 3 puntos

Por cada nominación a segundo lugar, el texto recibe 2 puntos

Por cada nominación a tercer lugar, el texto recibe 1 punto


Habiendo hecho las puntuaciones del caso y siendo corroboradas por una asistente improvisada a distancia (Gracias Lu) los textos votados han quedado de la siguiente manera:


Free (Adri) - Pajaros - 23 puntos - 1er Lugar


Requiem para un sueño (Syd708) - El coleccionista - 17 puntos - 2do Lugar


Benteveo - Performance - 14 puntos - 3er Lugar


Mercedes - El propósito - 11 puntos

Loupardo - La arquitectura de los sueños - 5 puntos

43 Utopías - Sin título - 4 puntos

Mont Blanc - Sin titulo -2 puntos

Scrito’StáEnMiAlmaVuestroGesto - Sin título - 1 punto

Dsdmona - Trampolín - 1 punto


Los textos de los tres primeros lugares, como se anunciara en las bases, serán colgados en posts separados. Los diplomas pdf se los haré llegar por correo a las personas ganadoras en los próximos días.
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2do Concurso del Relato Fotográfico - votación cerrada

Muchisimas gracias a las personas que se animaron a dejarse llevar, poner a trabajar su imaginación y enviaron sus textos . Creo que la respuesta no ha podido ser mejor. Estos son los 15 textos participantes:

1 Mont Blanc - Sin titulo

2 43utopías - Sin título

3 Maxi71 - Barrios

4 Dsdmona - Trampolín

5 Nati N.F - Sin miedo…de frente

6 Scrito’StáEnMiAlmaVuestroGesto - Sin título

7 Requiem para un sueño - El coleccionista

8 Benteveo - Performance

9 SIS - Grises claros y grises oscuros

10 Paty - Pesadilla

11 Mercedes- El propósito

12 Free - Pájaros

13 Loupardo - La arquitectura de los sueños

14 Conchi - ¿Aprenderá?

15 Graciela - Entre copas

Ahora toca la segunda parte. La votación es muy sencilla, cada persona que desee votar, puede hacerlo dejando un comentario en este mismo post indicando los textos que segun su criterio y/o preferencia deben ocupar el 1er, 2do y 3er lugar. Por favor hacerlo usando el formato siguiente:

1 = Nombre o pseudonimo - Titulo
2= Nombre o pseudonimo - Titulo
3= Nombre o pseudonimo - Titulo

Todo el que quiera puede votar. Incluso las personas que han enviado textos. Las votaciones podrán ser con nombre o anónimas. Si las personas que votan quieren hacer algun comentario sobre algún (os) texto(s) pueden hacerlo despues de indicar sus votos. Por favor seamos constructivos y no destructivos. Se hace la advertencia de que cualquier comentario que se considere ofensivo o insultante será eliminado y los votos de dicho comentario anulados. El plazo para votar es exactamente de una semana, es decir hasta el 23 de Junio, 23:59 pm (hora Londres)
Nada más. Muchas gracias por el apoyo y esperamos sus votos.

Segundo Concurso Del Relato Fotografico
Segundo Concurso Del Relato Fotografico syd
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Escenas memorables XVII

HIGH ART (1998)



Película independiente, escrita y dirigida por Lisa Cholodenko.


"...Se inspira en la vida real de la norteamericana Nan Goldin, nacida en Washington en 1953. La acción tiene lugar en NY, en 1996/97, a lo largo de unos pocos meses. El film combina los géneros de drama, romance y análisis biográfico, en un contexto de homosexualidad femenina, lastrado por el consumo de droga (cocaína). Muestra cómo el inicio de un romance entre dos personas comprometidas afectivamente provoca, más pronto o más tarde, rupturas que se han de contabilizar como coste previsible e inevitable. Amores de pareja, amor materno-filial o paterno-filial, amistades sinceras y amistades por interés, son cuatro temas que estudia el film. Lo hace situando las variables en un ambiente en el que el consumo de droga agudiza las pasiones, diferencias, tensiones, satisfacciones e insatisfacciones. Sensualidad, erotismo, sexo y drogas, envuelven el relato, en el que se manifiestan y colisionan afectos, egoismos, celos y excesos.La música aporta gratas melodías del momento, que suenan con intensidad variable, según las conveniencias de la acción. Destaca la canción que cierra el film y se superpone a los créditos finales. La fotografía adopta una estética realista, natural y espontánea, com movimientos de cámara suaves y lentos, encuadres muy cuidados, colores sobrios y amables contrastes de luz. El guión trata con naturalidad y respeto las relaciones homosexuales y critica abiertamente el consumo de drogas. Las interpretaciones de Ally Sheedy y Radha Mitchell son correctas y eficientes. La dirección crea una obra serena y concisa, inspirada visualmente en la estética de Nan Goldin. Film singular, sensual y melancólico. Invita a una reflexión sobre la intrascendencia de las amistades interesadas..." http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/423383.html

Esta es sin duda alguna, mi película de temática lésbica favorita. Porque? Por la historia, un drama en todo el sentido de la palabra, redondo y sin fisuras y que toca de una manera cruda y muy realista, la adicción a las drogas de un grupo de amigos, con todas sus consecuencias. Todo está teñido de esa atmosfera confusa y flotante que ayuda a meterse de lleno en la pélicula. Con tres grandes actuaciones. En el caso de las escenas que verán en el video, solo se puede apreciar a Ally Sheedy y Radha Mitchell (Lucy y Syd) pero tengo que mencionar el gran trabajo que hace Patricia Clarkson en esta pélicula. Tal vez más adelante ponga una escena de ella.


PD: Si, es precisamente en esta película en que descubro el nick del cual me apropiaría yo después. Debido al cansancio extremo que traigo y porque se me cierran los ojos, no voy a poner la traducción hoy, espero sepan perdonarme.


Aquí añado segunda escena. Lucy tras pasar el fin de semana con Syd, toma una decisión. En la película no se menciona directamente pero se da a entender que Lucy se va varios días de la ciudad, se supone a desintoxicarse. La escena que sigue es cuando regresa y decide romper con Greta, su pareja a quien trajo de Alemania hace varios años. Cosa evidentemente no tan sencilla.



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ATERRIZAJE FORZOSO

Si, ya sé, ya sé lo que debes estar pensando, hasta te imagino diciéndolo fíjate- Pero que aburrida la vida de esta tía- Pues mira, para tu sorpresa, hoy, si tengo algo distinto que contarte.

¿Recuerdas que te mencioné que me había comprado un coche pero que no podía usarlo porque mi licencia no era valida aquí? Pues bueno, terminé gastándome un dineral en clases para acostumbrarme a conducir por el lado izquierdo y descifrar la escandalosa variedad de señales que pueblan las calles del reino de la eterna doña Isabel. Al final, logré aprobar el examen. Había obtenido por fin, ese cartoncito rosa que me permitía quitarle las telarañas a mi Ford Ka azul y dejar la miserable vida de peatona, a la que había estado sometida desde que me mudé a la isla. Hasta ahora me pregunto porque carajo los británicos no pueden conducir como todo el mundo. En fin…

Con la euforia intacta y creyéndome el cuento de que mi vida iba a adquirir otra perspectiva, fui a trabajar al día siguiente. Ni bien aparecí, mi jefe, usando sus ya consabidos modales de “Gentleman”, me pidió que lo suplantara en una reunión de obra, programada para las once y media en Brackley.

Se trataba de una encantadora ciudad del medio de Inglaterra. Pequeña, de claro estilo medieval y teñida con cierto aire de leyenda. Sus calles eran angostas y empinadas, flanqueadas por casas en piedra y techo a dos aguas. Muchos de ellos cubierto de paja. O sea mismo cuento de Hansel y Gretel. El viaje no era muy largo, unos treinta minutos en coche. En coche si…- recuerdo que me repetí varias veces al salir de la oficina. ¿Sabes? Nunca entendí hasta aquella mañana, esa cuestión; por lo general muy masculina; de sentirse importante al andar motorizado. Sin tener que esperar más por un bus con otras doscientas personas, conduciendo por aquellas calles llenas de historia, experimenté la sensación tremendamente placentera de sentirme diferente e independiente otra vez. Aunque fuera en un Ford Ka; o mejor dicho; el huevo hecho vehículo.

A pesar de no estar muy familiarizada con el proyecto, la reunión fue bastante productiva. Algo que no hizo otra cosa que elevar aún más, esa sensación de bienestar que me había embargado desde el día anterior. Salí, guardé mis cosas de nuevo en el coche, ajusté mi pequeño GPS; indispensable para nadar en aguas desconocidas; y tras darme dos vueltas seguidas por el parking, finalmente encontré la salida. Fiel al manual, me detuve un instante para mirar y cerciorarme que tenía la vía despejada. Entonces presioné el acelerador. ¿Te dije que aquí conducían al revés verdad? Bueno pues, ni bien el coche avanzó, un sonido seco y grave, retumbó en mis oídos. Instantes después, mi cuerpo era zarandeado de atrás hacia delante y viceversa, haciendo que el cinturón de seguridad cumpliera su función. Fueron apenas unos segundos de caos y aturdimiento hasta que pude darme cuenta que, el bienestar, la independencia y la madre que la parió, acababan de esfumarse sin remedio. Me había llevado de encuentro un Renault guinda, cuatro puertas. Creo que era del cero ocho el maldito.

Es increíble ¿No? la de cosas que se nos pueden llegar ocurrir en los primeros cinco segundos después de un accidente. Desde cerrar los ojos y pretender que nada ha pasado, hasta apretar el acelerador y darse a la fuga. Mismo Misión imposible. Sin embargo, opté por seguir mi sentido común y quedarme ahí. Te juro que sentí que el aire a mi alrededor se volvía irrespirable. Cuando fui capaz de recobrar el control de mi cuerpo, en parte claro, y sintiendo los ovarios en la garganta, bajé del coche y fui a cerciorarme de la magnitud de mi desastre. Había perdido, prácticamente, toda la esquina delantera izquierda. Parte del parachoques azul metálico yacía sobre la calzada contigua. Remataban la escena, las pequeñas partículas del plástico ámbar, que alguna vez formaron parte de la luz direccional, regadas sobre el suelo adoquinado y medieval.

Un par de metros más allá, el Renault lucía una ligera abolladura a lo largo de todo el costado derecho. De él, un instante antes, había bajado una mujer de unos sesenta y cinco años con cabellos grises, abrigo largo de paño y rostro neutral. Con una calma asombrosa, observaba su coche y se cercioraba que la anciana que iba de copiloto, no hubiese sufrido daño alguno.

¿Y que hacía yo mientras tanto? Pues seguía observando mi coche tuerto y repitiendo cual disco rayado: I can’t believe it, I can’t believe it. Mis manos, ni te digo, parecían adheridas a mis mejillas con pegamento sintético. Que cara tendría, que un muchacho yuppie que había presenciado todo, se acercó a preguntarme si me encontraba bien. Pero eso no fue lo más alucinante, nooo, hasta la señora del Renault se acercó muy amablemente a preguntarme sobre mi condición, privándome de mi legítimo derecho a desahogarme y liberar el peso que sentía se me había adosado a la espalda. En otras palabras, me tuve que tragar mis ganas de mandar a la mierda al mundo entero y limitarme a sonreír e intercambiar los datos del coche de la forma más civilizada posible. Tanta compostura, a veces me da alergia la verdad.

Mi compañía de seguros se portó genial, para lo que cuesta no esperaba menos. Esa tarde, fui regresada a casa en una enorme grúa, con el Ford Ka herido y amarradito en la parte de atrás, mi hombro adolorido y el ego hecho trizas.

Han pasado seis meses de ese accidente, no he regresado a la encantadora Brackley y cada vez que puedo, tomo el tren.


(Basado en un hecho real...)

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Escritura automática I

Cuatro y treinta de la mañana, otra vez más sentada en el sofá sin poder dormir, eso me pasa por acostarme a las diez sabiendo que antes de medianoche estoy vetada de meterme al sobre. El título de este post no es un homenaje a mi amiga Nanz con nombre de muñeca y su antiguo blog, así que no te emociones flaca si lees esto. Esto es más bien, el título de un ejercicio para escribir sin parar por cinco minutos y ver que sale. Mi sobri ya dice “po favo” por el teléfono y la princesita tiene un genio de mierda, soy su fan indiscutible. Yo te apoyo chiquitina, cántale las cuarenta a todo el mundo desde ahorita que no tienes ni dos años, así nadie se te subirá a la cabeza jamás. Y a ver si “T” algún día de estos nos honra con alguna palabra porque mi pequeño rubio desteñido no le da la gana de decir ni mu ¿Mami ya subiste de peso? Te echo de menos. Cuando estaba chica, creo alguna vez haber visto a mi ángel guardián, era guitarrista y dormía en el techo de mi cuarto, justo donde la pantalla de la luz hacía sombra. Que chévere eran esas alucinaciones de chica, parecían tan reales. A ver si ahora de mayorcita tengo alguna, no sé, de repente ver aparecer a PV en mi casa no estaría mal. Es la hora, ya empiezo a desvariar. Pero volviendo a mi niñez y dejándome de pensamientos impuros, una vez me subí al armario para coger un juguete de la parte de arriba y el armario se me vino encima…jajaja me encantaba treparme a todo, al barrote más alto del columpio, a los árboles del parque de enfrente de mi casa, a los techos de los vecinos, descolgarme por las ventanas y darle unos sustos de muerte a mi vieja…ahora no escalo ni un carajo y por si fuera poco me mareo en las alturas. Este año cumplo treinta y nueve, ¡Que dolor! …¿Qué dolor porque? Si estoy más buena que un Shiraz de colección, llena de vida, inteligente, poseedora de un talento envidiable, futuro prometedor y con una modestia que te cagas. ¡Si lo tienes todo mujer! Seee claro. El clima de esta isla es una estafa, me tiene podrida, le dicen verano, ¡Ja!, los ingleses no tienen ni puta idea lo que es un verano… en realidad no tienen ni puta idea de muchas cosas, pero bueno dejémoslos creer que son felices. ¿Cariño me haces un mimo? Ya sé, ya sé lo que vas a contestarme pero igual te lo pregunto por si acaso algún día me resulta y mientras tanto ¿Que hago? ¿Te saco la vuelta con todos los personajes de mis historias? Ya sabes que lo hago sin querer y es inofensivo. Ay, esto de vivir con una diva y aceptar que tu vida ha pasado a un segundo plano es un trabajo arduo, si señor. Tal vez me anime y escriba sobre ello alguna vez. ¿Qué será del Jos? Desde que se hizo famoso con el Cirque Du Soleil no sé nada de él, a ver si lo llamo uno de estos días pa que me cuente sus últimos chismes. Tengo una abue que tiene ciento dos años, cuando fui a verla en Marzo, me quedé de una pieza cuando exclamó mi nombre al verme…¿llegaré yo a la misma edad? Por favor noooo, que serían demasiadas recesiones que soportar. Oye gordita, ¿Aún tenemos el proyecto ese de la residencia de ambiente para cuando pasemos a la tercera? ¿Y en que parte del mundo lo vamos a ubicar? Pequeño problema. Me pica el culo, tengo hambre y no tengo sueño. Tengo que confesar algo muy importante: Soy adicta señores, si soy adicta a la coca cola zero y me paso por el forro lo que diga Chávez, la sociedad científica internacional y la puta que la parió. Dejé de fumar porros a los 30, dejé el tabaco hace año y medio y me sorprendo ahora de los fines de semana que puedo pasarme sin beber una sola gota de alcohol. Felizmente aún practico el sexo, bailo pegado en la cocina y sigo mirando chicas guapas sin que mi mujer se dé cuenta. Y es que, ¿Que sería la vida sin estos placeres mundanos? Mujer… la creación más maravillosa de este vil mundo… como diría mi buena amiga A, que bollera que eres, pues si… y a mucha honra.
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Un Hombre de Costumbres

Creo que la única forma de sentirme seguro es siendo un hombre de costumbres. Repitiendo la misma rutina al bañarme, al vestirme, al comer, al acostarme. No me gusta enfrentarme a la indecisión horrorosa de estar de pie frente al armario y no saber que combinar con que. Así que opté por que mis camisas fueran blancas, mis trajes marrones o gris rata y mis corbatas y zapatos negros. Llevo el mismo peinado desde que salí de la escuela, raya al medio y engominado. Supongo que me aterra el pensar en ir al barbero y que sus intentos por “modernizarme” terminen por ponerme en ridículo ante mis compañeros de trabajo. No, demasiadas presiones para alguien a quien se le afloja el estómago con tanta facilidad. Por eso, si hubiese presentido lo que iba a sucederme aquel Lunes de Febrero de 1974, seguramente no hubiera puesto un pie en la calle.

Desperté ese día, resignado a confinarme una vez más en el sótano del palacio de justicia, archivando expedientes en medio del calor sofocante y pegajoso de esos días. En la cocina, mi hermana “la flaca” terminaba de acomodar dos huevos duros con cáscara, un par de tomates, una naranja y un plátano en mi lonchera. Me gustaba mi lonchera, era metálica, de color negro y tapa redondeada, como aquellas que llevan los obreros de construcción, aunque debía confesar, que siempre había deseado tener una de Flash Gordon.

Con el sol a cuestas, subí a mi viejo y para nada ventilado Opel Record negro del sesenta, herencia de mi padre. Mi hermana “La Flaca” desde un principio se negó a usarlo. Yo tuve que elegir entre ir aplastado en el autobús, soportando los más variados olores impregnarse en mi traje o ir en la chatarra de papá aunque suscitara las burlas de todo el palacio de justicia.

Esa mañana, Gutiérrez no fue a trabajar, cosa que logró mejorarme el humor, al tener el archivo para mi solo y sin chismes ni chistes malos que escuchar. Después de comer y aprovechando mi inesperada soledad, me dispuse a pasar los veintiocho minutos y treinta y cinco segundos que me quedaban de refrigerio, sumergido en el fascículo 272 de Superman. La edición especial de cien páginas que había comprado el día anterior. Así, ensimismado, leyendo la destrucción del hombre nieve, me encontró el señor Domínguez, mi jefe. -Tengo que pedirle un favor Tello- me dijo en tono educado primero para luego informarme con sus toscas maneras, que precisaba llevase a Huaral, un paquete de medicinas para su madre. Sobreponiéndome al tartamudeo típico de mis nervios, traté de persuadir al señor Domínguez de que enviara a otro, argumentando que mi coche no estaba en condiciones de enfrentar dos horas y media de viaje. - Pues coja un autobús Tello y deje de hincharme las pelotas- fue lo que obtuve como respuesta.

Llevaba como hora y media de camino, cuando un tupido humo blanco comenzó a salir del capot. Me detuve a un costado de esa angosta y bastante maltrecha carretera rural. Aún no había oscurecido. Instantes después, contemplaba aturdido esa indescifrable maraña de cables y tuercas, en medio del intenso olor a quemado que desprendía el motor. Esperé un tiempo prudencial antes de intentar encender varias veces el coche, sin éxito. Sentí el estómago como de plomo cuando mi cabeza comenzó a elucubrar toda clase de situaciones peligrosas a las podía verme expuesto a medida que la noche avanzaba. ¿Y si me ataca una banda de maleantes? o ¿Una manada de osos? Como le pasó a Clark Kent en el 225… ¡Mierda! es idéntico al bosque del cómic.

En eso, divisé a lo lejos un par de luces. Rápidamente, me bajé haciendo señas con los brazos. Una camioneta Volskwagen combi bastante particular se detuvo a pocos metros. Llevaba pintado un corazón rojo enorme con alas blancas en el medio, sobre los colores de un arco iris y varios simbolitos redondos negros con el famoso slogan de “Peace and Love” Todo ese llamémosle “colorido” panorama, me intimidó hasta que vi descender del vehículo a una joven en avanzado estado de gestación. Tenía cabellos largos sujetados por una franja de tela en la frente. Llevaba ropas sueltas, llenas de floripondios vistosos. ¿Acaso buscaba hacer juego con el coche?

- ¿Que pasó?- Preguntó apuntándome con una linterna
- Bue…nas noches…- contesté cegado por la luz- Sa.... salió humo y no enciende
- ¡Guauuuu, un Opel!!! Esto es lo que yo llamo una máquina con personalidad - Exclamó ante mi total extrañeza mientras se agachaba para mirar por debajo- Uhm, es el radiador, tiene un agujero criminal. Tendrás que ir por una grúa. ¿Hacia donde ibas?
- Huaral
- Pues mira, es tu día de suerte, Yo vivo ahí. ¡Vamos! te doy un aventón

Una vez dentro del coche, busqué colocarme el cinturón pero; como era de esperarse; no había ni rastros de que alguna vez hubiera habido alguno. Comencé a sentirme incómodo ante la poca familiaridad de todo lo que me rodeaba.

- Soy Valeria
- Tello… Pe… Perico Tello- contesté avergonzado
- No te sientas mal, no tienes la culpa de que tu viejo tuviera el día cruzado cuando te bautizó…así que nada, encantada Peri… ¿No te jode que te llame Peri no?
- No…- sonreí algo descolocado
- ¿En que trabajas?
- En el Palacio de Justicia… soy… abogado
- Mira tú - comentó con sonrisa amable- Joder…como se mueve hoy mi bebé. – dijo cogiéndose un segundo el vientre- Oye, un favor Peri, pásame una barra de chocolate de ahí dentro por fa
- Si…- al abrir el pequeño compartimiento que tenia enfrente, una avalancha de lápices labiales, casettes, un desodorante, un rollo de papel higiénico y una bolsa de chocolates derretidos por el sol, fueron a dar sobre mis pantalones.
- No pasa nada, con un buen detergente no quedará mancha- afirmó divertida mientras yo trataba de quitarme con asco, todas esas porquerías de encima

Aunque lo único que deseaba era llegar y librarme de tan estrafalario personaje, hice el esfuerzo por parecer amable durante el trayecto. En eso, sentí como el coche perdía velocidad y ella se estacionaba sobre un costado. Se quedó mirando el tablero visiblemente confundida y antes de que pudiera preguntarle alguna cosa, se bajó de la camioneta. Minutos después volvió a entrar en el coche, resoplando mientras se recostaba contra el respaldar.

- ¡Mierda! Nos quedamos sin gasolina
- ¿Queeee????? ¿Pero…pero co…mo es eso po…sibleeee?...¿Y ahora?
- Pues a esperar que pase alguien que quiera llevarnos
- ¿Esperar? ¿Y.. me..me lo dice tan tranquila?

Por primera vez guardó silencio y cerró los ojos. Sin saber muy bien que hacer, opté por imitarla. No supe cuanto tiempo dormí pero aún estaba oscuro, ella seguía con los ojos cerrados. De pronto y ante mi total perplejidad, la vi deslizar lentamente una mano dentro de sus pantalones. Por pudor miré hacia otro lado mientras maldecía doblemente mi suerte por haberme tenido que topar con una depravada sexual.

- Peri…- dijo en un susurro- He roto aguas

No había siquiera reaccionado a sus palabras cuando la joven emitió un grito ensordecedor haciendo que pegara mi espalda bruscamente contra la puerta. Una hora después, las contracciones se presentaban aproximadamente cada tres minutos. Iba a bajarme al sentir que se me aflojaba el estómago cuando me pidió que la ayudara a recostarse en la parte de atrás de la camioneta. Ya acomodada sobre la manta, la joven hippie se sumergió en una especie de ejercicios respiratorios de lo más sonoros. Intenté escapar sin lograrlo. Ella ya tenía atrapada mi mano y parecía no iba a soltarla en todo el tiempo que le diera la vida. Decidí resignarme y rogar porque apareciera alguien pronto.

- Cuentáme Peri, ¿Que haces en tus ratos libres?
- ¿Yo? pues… Estar en casa, co conversar con mi hermana “la flaca” y leer…- haciendo un esfuerzo por sonar convincente- leer el diario
- ¿Y no hay nada que te apasione? Algún deporte, el cine, la música

Negué sin mirarla y entonces nos sorprendió otra contracción que casi me destroza la mano. Está vez se retorció más que de costumbre.

- Creo que me vas a tener que ayudar. Estoy de parto
- ¿Que? – Exclamé al borde de un ataque de nervios- No..no ..no además no puedo verle sus …sus partes…. y la sangre, fijo me desmayo…yo…

Ella entonces, haciendo un gran esfuerzo se levantó y me cogió ambas mejillas con decisión, forzándome a mirarla

- Este bebé puede morirse ahogado aquí dentro y el único que puede ayudarme eres tú, ¿Capito?- asentí incapaz de pronunciar palabra- Coge esa botella de agua y lávate las manos hasta los codos.

Seguí sus instrucciones en silencio para luego posicionarme en frente de sus piernas. Al alumbrarla y ver el “panorama” que tenía en frente, sentí que me desvanecía. Fue entonces que noté que mis manos temblaban ligeramente.

- Valeria…No…puedo…- susurré
- Tu lo puedes todo Perico Tello

La contemplé un instante para luego volver mi vista hacia su entre pierna y lentamente tocar la redondez que pugnaba por salir de ella. Mis dedos se resbalaron varias veces, antes de lograr posicionarlos con firmeza. Cerré los ojos y ella entonces pujó con fuerza. Fue en ese preciso momento que entré en contacto con algo tibio que se movía entre mis manos. Por un momento sentí que me paralizaba. Creo que aunque quisiera, no podría explicar lo que sentí cuando vi esa criatura, llorando a todo pulmón. Era tan pequeñito…Lo envolví con una de las mantas y mientras su madre lo acariciaba entre lágrimas, cogí el frasco de pañitos húmedos de mi maletín y lo limpié con cuidado. Al terminar me apoyé contra una de las paredes de la camioneta contemplando la escena. Tenía la ropa hecha una mierda pero no me importó.

- Gracias Peri – Suspiró - Esta noche, eres mi héroe
- De nada- respondí con ganas de llorar - ¿Valeria?- Me miró- No soy abogado y… me gustan muchísimo los cómics

Sigo archivando expedientes en el sótano del Palacio de Justicia pero ahora, uso una corbata anaranjada y llevo mi refrigerio en una lonchera de Flash Gordon.

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ESTADO DE VIGILIA CAP 1- FINAL

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Estado de Vigilia

El tema musical de esta historia: Adagio del Bso 2046



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