Hallazgo de librería

    Para alguien que aún cree que el placer de tomar un libro, sentir el olor del papel y zambullirse en la ficción que encierran sus páginas, no puede ser substituido por ninguna pantalla touch, ciertamente un buen plan para un domingo por la tarde, previo cafecito, es irse de paseo por las diferentes librerías de la ciudad. Si los dioses literarios se ponen de parte de una, puede ser que durante una incursión de aquellas, esos estantes plagados de historias que esperan ser leídas, te deparen una grata sorpresa:


     Es la colección de Cuentos de Imaginación y Misterio del señor maestro de cuentos, Edgar Allan Poe. En una edición de Libros del Zorro Viejo, con ilustraciones de Harry Clarke y con la traducción de nada menos que el magistral Julio Cortázar, que además nos regala un interesantísimo Prefacio.
 
    Mi gusto por los cuentos es reciente, es más leí a Cortázar apenas en el 2009, a raíz de uno de los cursos de relato breve que tomé por ese año. Y fue al mismo Cortázar que le escuché; en una magnifica entrevista que encontré en Youtube; hablar sobre Mr. Allan Poe. Considerado uno de los grandes exponentes de la ciencia ficción y creador del relato detectivesco, Poe tuvo una vida digna de cualquier novela dramática y en su escritura, sobre todo la de los últimos años, puede sentirse ese vómito viscoso del monstruo que seguramente habitó en él hasta que murió a los cuarenta años de forma desgraciada y misteriosa.
 
   Maestro en el crear escenarios o atmosferas perfectas para sus cuentos (sus descripciones son geniales), algunos de sus textos rezuman poesía, y es que amaba la poesía incluso por encima de los cuentos, pero fue este último género literario el que lo hizo ingresar al selecto grupo de autores que son materia obligada para todos aquellos que gustan de la ciencia ficción y además para los que como yo, desean desentrañar el misterio del relato breve.
 
“Nací insano, con grandes momentos de cordura horrible.”
 
“Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño”
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St. Anne's Park - 4


    Pasamos la mayor parte del camino a Blue Ryar sin decir nada, puesto que el tema de los unicornios se nos agotó en los primeros doscientos metros. Ella parecía no tener interés alguno en engancharse en otra conversación y probablemente ni siquiera se hubiese dado cuenta si yo desaparecía de su lado. Durante esa caminata silenciosa, la miré de reojo varias veces, tratando de apartar la sensación de derrota que iba creciendo en mí a cada paso, y que además me enmudecía y nublaba mi juicio. Una total contradicción esa de sentirla tan cerca a mi corazón y a la vez tan dolorosamente inalcanzable.
 
          - A parte de trabajar en la tabaquería, ¿haces algo más?- me preguntó rompiendo   sorpresivamente ese silencio al que casi me había resignado.
           - Estudio botánica.
           - No tienes cara de alguien a quien le gusten las plantas.
           - ¿Y qué cara debería tener?
           - No sé... Como más científica ¿tal vez?
           - Científica... ¿Algo así como llevar gafas y ser extremadamente flaca?
           - Sí...
          - Oye, ahora me has dejado con la duda... ¿Y entonces… mi cara a la de quien se parece?
          - Pues…- sonrió levemente- tienes pinta de artista sin futuro.
 
   Me detuve en seco, desconcertada por aquella definición. Ella se giró y al ver mi cara, se echó a reír. Fue la primera vez que vi, que el rostro más triste del mundo dejó de serlo y lentamente me dejé contagiar por esa risa espontánea y fresca. El saberme capaz de provocarle esa reacción renovó mis esperanzas por ella.
 
        - Mira, St. Anne´s - exclamé al cruzar frente al enrejado del parque que fungía como línea divisoria entre Blue Ryar y el resto de la ciudad- es mi parque favorito, vengo siempre en mis días libres !Ven vamos!- añadí acercándome a la verja.
         - Pero ya está cerrado
        - No para mí - repliqué mientras me acercaba al candado que cerraba una de las puertitas laterales y sacando el llavero de mis bolsillos lo abrí sin dificultad
         - ¿Vienes?
         - No sé...
         - Pues debo decirte que tu cara está a punto de cambiar, de la de una chica rebelde a la de una típica hijita mimada de Blue Ryar... – me siguió mirando con duda- trabajé todo el verano en St. Anne, cuidando las flores, por eso tengo la llave... Anda ven, este parque es muy bonito, pero lo es más de noche, se vuelve casi mágico.
 

 Me siguió y caminamos hasta el mismo centro del jardín, en donde altísimos y frondosos robles terminaron por escondernos. La luna se las arreglaba para zigzaguear entre las hojas, haciendo un juego de luz y sombra impresionante, casi como si alguien lo hubiese pintado así a propósito y solo para nosotras. Volvió a hacerse silencio pero esa vez fue distinto. Fue como un silencio tibio y lleno de complicidad, de aquellos en los que una se pasaría sumergida la vida entera. Me quedé mirándola mientras ella, a ojos cerrados, exponía el rostro a la luna. Agradecí entonces ese momento de atención para poder mostrarle algo de mi mundo. Hablamos del parque, de su historia y hasta de mi predilección por las plantas llamadas curativas o sagradas y mi deseo de especializarme en ellas.
 
        - Es muy interesante lo que dices... Sería genial poderse curar de todo naturalmente y sin meterse tanto químico en el cuerpo- dijo.
       - Y más aún, dejarle de llenar los bolsillos a los grandes laboratorios, expertos en la manipulación y sin ningún escrúpulo para jugar con la salud de las personas.
         - Vaya… o sea que, además de sin futuro, eres también subversiva.
        - Perdón... – respondí avergonzada ante mi ferviente afirmación - Es que hay temas que me pueden...- agregué mientras arrancaba la hierba- pensándolo bien, lo de artista también puede ser...
         - Así... ¿Por?
        - Hago esculturas en cerillos, no es la gran cosa pero... si se trata de calzar en la cara que tengo...
        - Me gustaría ver alguna- comentó con interés.
        - No te pierdes de nada, en serio… es un hobby como otros tantos.
        - Igual me gustaría verlas.
       - Tal vez algún día me anime... Bueno… creo que hemos hablado demasiado sobre mis cosas. ¿Qué me dices de ti?... ¿Eres acaso la versión femenina de James Dean?
 
    El rostro se le transformó tanto que ni bien terminé mi pregunta, ya me había arrepentido de si quiera pensar en indagar sobre ella.
 
       - Nada más alejado de la verdad. Yo tengo un máster en aparentar lo que no soy- dijo nuevamente con esa mirada triste y distante- Tengo que irme.
 
    Mientras la miraba desaparecer tras el contraluz de los troncos, me pregunté una y otra vez, donde diantres estaba la línea divisoria entre lo que yo me había obstinado en creer y lo verdaderamente posible… ¿era tan delgada como dicen o era acaso que, no me daba la gana de verla?
 
 
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