Palabras al viento



Palabras que..

Bajo una perspectiva romántica, encierran quizás un ferviente deseo
y bajo una perspectiva existencialista, pueden sonar tremendamente pesimistas.

Me encantó.
 
 
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Ojos que no ven...

 

Ojos que no ven, corazón que no siente,
reza el dicho,
¡Qué consuelo más infame!


A veces, sucede
que me creo el espejismo
de felicidad perfecta,
en donde mis entrañas
reposan adormecidas,
como si acabaran de salir
de un fumadero de opio.

 
Pero otras veces,
con claridad presiento,
un huracán acechándome,
hambriento,
y el sol moribundo
que incendia las aguas de mi alma
al tocarlas.
 

Ojos que no ven, corazón que no siente,
solo a veces,
y es que la oscuridad
está repleta de memoria…


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Final para un largo sueño.


 
 
Y con esta última verdad,
te digo adiós...
adorada musa de mis sueños,
dueña absoluta de mis insomnios.
 
 
 
Imagen original: Indicada.
Modificaciones foto y textos: Syd708.
Música: Yann Tiersen.
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Contemplación


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Vida...


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St. Anne's Park - 15


     Un bip constante y un fuerte olor a alcohol me despertaron. La cama donde estaba era bastante dura y las sábanas tiesas. Reconocí entonces el olor a farmacia y a cera no lustrada del hospital Metropolitano. Al mover uno de mis brazos, sentí dolor e inconscientemente lancé un gemido. Escuché pasos dentro de la habitación.

-          No te muevas, tienes varios cortes.


                Reconocí inmediatamente la voz de Patrick acercándose. Se sentó a mi lado y comenzó a acariciarme la frente. Agradecí esos segundos de calidez en medio de ese precipicio que se me había abierto por dentro y amenazaba con arrastrarme en cualquier momento.


-          ¿Te duele mucho? ¿Pido un calmante a la enfermera?

                No tuve fuerzas para contestarle. Me dolía muchísimo el brazo y las plantas de los pies. Me dolían los rezagos de frío que me habían penetrado los huesos durante la madrugada. Sin embargo ese dolor ciertamente era bastante poco comparado a ese otro que me apretaba el pecho. 

-          ¿Qué pasó?- me preguntó preocupado- casi me muero de la impresión cuando te encontré inconsciente, casi congelada y con todos esos vidrios incrustados.

                Guardé silencio por un momento, tratando de yo misma entenderme. Cerré los ojos tratando de evadir las ganas de llorar.

-          Me rendí Patrick…eso pasa. Todo este tiempo no he hecho otra cosa que flotar en una maraña de recuerdos que me distraían de una realidad desoladora, en donde no tengo absolutamente nada que esperar… solo envejecer y morir.

-          Eso no es así… tu puedes…

-          Hay personas Patrick que son capaces de armarse una vida sin depender de nadie. Hay otras personas que necesitan de otro para respirar. Cuando conocí a Arianne, ella se convirtió en ese respiro que le dio sentido a todo. Cuando supe que iba a perderla, me preparé como quien se prepara para ir a la guerra, de sus recuerdos, de esa vida breve que compartí con ella y en la que fui feliz. Ahora que ha regresado, la imagino tan cerca, caminando por Dublín, absolutamente ajena a mí y encima sin poderla ver y no puedo soportarlo…

-          Tienes que hablar con ella, contarle la verdad.

-          ¿Para qué? Dime para que… ella tiene ya otra vida, tal vez una familia, ¿que podría hacer al enterarse de la verdad? Lanzarme un poco de compasión. No sé que sería peor.… estoy cansada amigo mío. Solo quiero dormir.

-          Yo te necesito…

                Sonreí. Busqué su mano y la besé agradeciendo su mentira. Se quedó conmigo hasta que los sedantes hicieron efecto y me hundieron en un profundo sueño.
                Me sorprendió el olor de amanecer, no supe donde estaba. Quise moverme pero no pude. No solo sentí los huesos entumecidos, sino toda yo yacía ahí, inmóvil, como abandonada a un estado flotante, inconsciente y confuso, que me arrastraba muy lejos. De pronto una luz blanca resplandeciente lo iluminó todo haciéndome parpadear varias veces. Reconocí el salón de mi casa, el balcón lleno de macetitas con plantas muriéndose de pena, miles de vidrios rotos clavados en mis pies manchados de sangre y mis mil ochocientas miniaturas. Sonreí al darme cuenta que había algo en ellas que respiraba vida en medio de todas esas cosas muertas. En eso vi el recorte sobre la mesa de café. El corazón dio un vuelco a medida que trataba de incorporarme. Fue entonces que sentí que los ojos me pesaban muchísimo.  Intenté con todas mis fuerzas levantarme para alcanzarla pero cuando iba a lograrlo todo se apagó. La habitación entera había desaparecido en un segundo mientras mis ojos me ganaban la batalla y terminaban de cerrarse.  Creí escuchar mi nombre a lo lejos: Ciara... antes que todo se cubriera de silencio.
 
FIN DE LA PRIMERA PARTE
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Azul



Hoy,
flotando en el silencio
de un otoño que recién empieza,
Yo me acuerdo de ti.

Y a riesgo de que no lo quieras,
dejo aquí lo único que
tengo para regalarte,
ese pedacito de corazón idiota
que una vez me acompañó,
y en donde yace dormido
tu nombre.

Si un día,
por casualidad lo encuentras,
llévalo contigo,
deja que te abrigue
si lo necesitas,
como hizo conmigo en esas noches
plagadas de fantasmas,
o conviértelo en amuleto
y guárdalo en un cajón
cerca de ti…
Haz con él lo que tú quieras,
pero no lo dejes
a que se muera solo en el olvido.

Quizás así, alguna vez,
en la distancia que da el tiempo,
sus palabras te suenen distintas
y puedas,
con algo de simpatía,
acordarte de mí…



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