Uno de los tantos rostros del olvido

Mis ojos, impregnados de profunda nostalgia,
son testigos quietos de como te desvaneces,
lentamente, 
inevitablemente, 
como arena entre los dedos. 

De pronto, una ráfaga de viento fresco,
parece acariciarme el rostro, suspiro... 
Y sí...El dolor tarde o temprano
se transforma en una cicatriz que ya no escuece. 

Al fondo, una puerta que abrir y tras ella,
un sueño nuevo, quizás hasta dos... Ya casi llego.  
Entrada publicada por SYD708 el jueves, 12 de junio de 2014 .
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1 comentarios :

Giovanna Gederlini dijo... | 16 de junio de 2014, 15:52

Todo llega, pero pasar de un estado a otro demora una eternidad.