domingo 12 de julio de 2009

Avaritia: El misterio del Ankh - Introducción

"La codicia (o a veces la avaricia) se considera un pecado capital, y como tal, en cualquier sociedad y época, ha sido demostrada como un vicio. La avaricia es un deseo desordenado de posesión y de adquirir riquezas para atesorarlas. La codicia, por su parte es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas. Simonía, suscitada muchas veces por la codicia, es la compra o venta ilícita de lo que es espiritual por bienes materiales. Incluye cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, la gracia, la jurisdicción eclesiástica, la excomunión, etc" Fuente Wikipedia


Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando el coche finalmente entró en los confines de la enorme finca. El olor profundo a café mezclado con hierba fresca gatilló en ella, cual latigazo enfierecido, su memoria. La tristeza terminó entonces por colonizar su alma en apenas un segundo. Recién en ese momento, se percató de la rigidez de su cuerpo cansado, pegajosamente adherido al asiento por el calor. Había intentado dormir más de una vez en las tres horas que llevaban de viaje pero como venía sucediéndole desde hacía seis meses, apenas pudo dormitar intercaladamente, algunos minutos.

Sobre su regazo, Sami dormía profundamente. Lo miró con una leve sonrisa mientras sus dedos peinaban suavemente su cabello ensortijado. Aún le parecía un milagro tenerlo ahí sobre sus piernas. No hacía ni un año que los médicos le habían prácticamente desahuciado al diagnosticarle una Leucemia crónica. Aún recuerda la cara de desesperación de Heben, su mujer, al enterarse, quien lo llevó a cuanto especialista logro encontrar, solo para recibir el mismo desolador diagnóstico: Seis meses de vida cuando mucho. Y de pronto, tras lograr convencer a Heben que era hora de parar y no someter más al niño, de apenas tres años y medio, a ningún otro tratamiento, Sami comenzó a mejorar de forma inexplicable. Tres meses después no quedaba rastro alguno de la enfermedad. Todo parecía indicar que los momentos felices por fin volverían a ser parte de la vida de ella y su familia y sin embargo, un par de días después que Sami fuera declarado oficialmente sano por la junta de médicos que revisó su caso, Heben desapareció dejando apenas una escueta nota que ella aún no lograba asimilar.

El coche finalmente se detuvo en frente de la gran casa. Ella entonces despertó al niño, quien se sentó algo aturdido mientras se frotaba repetidamente los ojos. Al bajar, una mujer de unos sesenta y cinco años, vestida formalmente con falda negra y blusa de seda amarilla la esperaba al pie de las escalinatas, junto con tres criados, dos mujeres y un hombre, todos de uniforme negro y blanco. Sami se cogió fuertemente de la mano de su madre, pegando su cuerpo al de ella mientras miraba con absoluta desconfianza a las personas que ahí los recibían.

- Señora Simone buenas tardes, soy Violet la ama de llaves de la casa. Estos son Natalie, Susan y Raymond. Falta Cloe, la cocinera que anda terminando la cena para hoy. ¿Tuvieron un buen viaje?
- Buenas tardes, si gracias…bueno un poco cansador
- Me imagino. Vuestras habitaciones ya están listas. Pueden subir a refrescarse. Natalie se encargará del niño- Añadió haciéndole un gesto a la muchacha para que se acercara
- Gracias señora Violet pero de mi hijo me encargo yo misma
- Como usted diga señora. Era solo por hacerle las cosas más fáciles. Si necesita cualquier cosa…
- No se preocupe se lo haré saber

Felizmente la habitación de Sami estaba comunicada a la de ella por una puerta interna. Pudo comprobar además, con extrema extrañeza, que todas las pertenencias de ambos habían sido cuidadosamente colocadas en ambas habitaciones, tal cual solían tenerlas en el departamento que hasta hace poco, habían compartido los tres. El pequeño ni bien entró en su habitación fue corriendo hasta un viejo baúl colocado al pie de su cama. Con extrema familiaridad lo abrió y sacó de dentro un peluche de unos treinta centímetros de alto. Era un pulpo morado, con manchas blancas. Sami sonrió mientras se giraba y se lo enseñaba a su madre quien lo miró conteniendo las lágrimas como bien podía.

- Mami pupo!!!
- Si mi amor es pulpo

El niño se sentó sobre el baúl y se concentró en acariciar su peluche unos segundos antes de mirar a Simone de nuevo

- Mami, queyo que vena Heben…

viernes 10 de julio de 2009

ECOS DE MEMORIA Cap I - XXXIX (cap 38 39 e intermezzo)

ECOS DE MEMORIA



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martes 7 de julio de 2009

LA CENA

¿Me pregunta si aún recuerdo? Pues claro que recuerdo. Como si alguien pudiera olvidar ese día. Era el 16 Julio de 1992, incluso le puedo decir la hora, las nueve y veinte de la noche. Lo sé porque acababa de mirar el reloj, al ver que Hugo no llegaba. Mi madre había terminado de poner el mantel sobre la mesa del comedor y mi hermana y yo la ayudábamos con los platos y los cubiertos. Mi padre, por su parte, terminaba de preparar la ensalada.

Mi padre… a veces logro sonreír al recordar como acostumbraba poner la cocina patas arriba, cada vez que se le ocurría hacer de chef improvisado. Tenía buena mano para las ensaladas, nunca repetía la misma en bastante tiempo. Un día eran espinacas con pimientos, tostaditas en dados y queso parmesano, otro día era una impresionante colección de verduras de todos los colores con una salsa inventada en el momento, o sino era una mezcla de cosas que jamás pensaría una encontrar en una preparación de ese tipo. Sin mencionar la decoración con la que solía presentar sus fuentes. Todo un espectáculo artístico. La hora de la cena era sagrada. Papá nos lo inculcó desde pequeños- La comida pueden hacerla donde quieran y a la hora que quieran, pero la cena, la hacemos todos juntos en el comedor y sin tele encendida- Nos decía. Incluso se las ingenió para que a pesar de estar ya bastante creciditos, siguiéramos sin faltar a su cita. Supongo, era su manera de mantener integrada a la familia y saber en que cosa andábamos cada uno. Podría decirle que era realmente un fastidio con veinte años, dejar de salir a cenar con los amigos para hacerlo en familia de lunes a viernes. Pero no, por el contrario, lo disfrutábamos mucho, sobretodo por los chistes de Hugo y las ensaladas estrambóticas de mi padre. Si habías tenido un mal día, bastaba con sentarse a la mesa para olvidarse un poco de todo. Después de esa noche, las cenas en familia cesaron y mi padre no volvió a hacer una ensalada más en su vida.

- Susana, llama a la consulta de Hugo a ver si ya salió- me pidió mi madre al terminar de acomodarlo todo.

Acababa de coger el teléfono cuando de pronto se oyó un estruendo. Era uno de esos que solían escucharse en la capital bastante a menudo

- ¡Marta saca las velas! Seguro se volaron otra torre y no tardará en irse la luz – Le dije a mi hermana en voz alta, mientras terminaba de marcar el número.
- ¿Donde habrá sido? – preguntó mi madre.

Papá, tras asomarse por la ventana unos segundos replicó

– No lo sé pero se ha escuchado más cerca que otras veces.

En tanto a mí, me daba ocupado por tercera vez. Colgué y regresé al comedor diciéndoles que no había podido comunicarme.
– Seguro está al llegar, dejaré el pollo un rato más en el horno- concluyó mi madre antes de regresar a la cocina.

Minutos después, papá se había sentado en el sofá a terminar el crucigrama del Comercio, el diario de más tiraje en Perú. Mi hermana, al pie de la mesa de centro, rodeada de crayones coloreaba uno de sus libros de cuentos de la Bella durmiente. Y mi madre, tras organizarlo todo en la cocina, se había sentado en su mecedora a continuar la chaquetita de lana celeste para mi prima Lucía que acababa de dar a Luz. Yo daba vueltas tratando de encontrar algo que hacer y olvidarme de mis tripas que rugían sin piedad. Me asomé a la ventana y noté que hasta donde mis ojos podían llegar, las luces de la ciudad seguían ahí. Con excepción de una que otra sirena de algún coche patrulla que pasaba a lo lejos, todo estaba tranquilo.

Es increíble, ¿No? como una se puede acostumbrar a todo. A esas alturas, las voladuras de las torres y los coches bombas en las entradas de los bancos ya no detenían nuestras vidas ni afectaban nuestro humor. Era como si inconscientemente hubiéramos escogido no ver, con la esperanza tal vez de que ignorándolo, todo desaparecería.

Habían pasado unos quince minutos cuando mi madre si quitar los ojos de su tejido me pidió que volviera a llamar a mi hermano. El humor había empezado a cambiarme por el hambre, así que de mala gana me levanté hacia el teléfono. El sonido repentino del timbre me detuvo. – Este despistado, seguro se olvidó las llaves de nuevo- Pensé mientras corría hacia la entrada. En la puerta sin embargo, me encontré a doña Aurelia, la vecina y su marido. Ambos llevaban batas de dormir y pantuflas. Doña Aurelia tenía los ojos rojos e irritados. Mi madre, extrañada de que yo no hiciera el más mínimo movimiento, se acercó a la puerta

- Aurelia ¿Que le pasa?
- ¿No ha visto las noticias?
- No, íbamos a cenar recién
- Han puesto un coche bomba en jirón Tarata, dicen que pueden haber muchos muertos, las imágenes que están pasando en el noticiero son horribles Gertrudis- Comenzó a sollozar- parece un campo de batalla…

A mi se me heló el cuerpo y tuve que cogerme del marco de la puerta al sentir que mis piernas perdían fuerzas. Mi madre, al igual que yo, se había quedado sin reacción alguna. Fue entonces mi padre, quien se levantó del sofá y con una sonrisa se aproximó hasta nosotras. Le pasó el brazo a mamá y sin perder el gesto amable agregó:

- Aurelia, Jorge, pasen por favor. Mi hijo está al llegar. Gertrudis coloca dos platos más a la mesa así cuando llegue Hugo, cenamos todos juntos- Terminó de decir con convicción

Fue entonces que miré a mi padre con más atención y dejé que él se encargara de espantar mis miedos como solía hacerlo cuando era niña. Mamá se dirigió a la cocina mientras los demás se acomodaban en la sala. La escena de todas las noches volvía a repetirse, solo que esa vez, nadie se atrevió a decir ni una palabra más. El silencio no tardó en volverse atroz e insostenible.

Hugo era dentista ¿Sabe? Tenía su consulta en el cuarto piso del edificio número 473 en Jirón Tarata, el centro de uno de los barrios más pudientes de Lima. Lo encontraron en las escaleras de la primera planta. Al parecer estaba por salir del edificio para venir a casa a cenar. Si se hubiese quedado un par de minutos más dentro de su despacho, que quedaba en la parte de atrás del edificio, probablemente se hubiese salvado.















Nota: Si bien los personajes son todos ficticios, el relato está basado en un hecho real, la explosión de Tarata, la cual escuché desde mi cama mientras leía. Tenía 21 años, hacía once que el terrorismo azotaba al país de cabo a rabo pero he de reconocer que recién cuando explotó ese coche bomba, exactamente a 28 calles de mi casa, fue que tomé conciencia de la terrible violencia en la que vivíamos.



JR. Tarata después de la explosión


Jr. Tarata convertido hoy en boulevard


Pintura superior: Cena para desesperados de Renato Ochoa

domingo 5 de julio de 2009

Ms. MADONNA

Esta señora de aquí arriba tiene ya 51 años...quien no quisiera llegar así a esa edad... Aquí algunos videos que me gustan particularmente

1.- Frozen (1998) Del album Ray of Light. Es una de las canciones que más me gusta y es mi video favorito


2.- Like a prayer – 1989 Una de las canciones de la primeras épocas




3.- Don´t tell me (2000) de su album Music. Esta canción no está dentro de mis preferidas pero el video si y no sé porque, será porque tengo especial debilidad por las camisas a cuadritos.



4.- Vogue (Versión 2009) del tour Sticky and Sweet (Lo dicho 51 años)



Y es que a ciertas mujeres la edad les sienta estupendamente...

viernes 3 de julio de 2009

Cronica de una visita a la ópera


Era un día en el cual había decidido mimarme un poco y me largaba a ver mi opera favorita. Pedí permiso para salir media hora antes. Reportes mañaneros de desperfectos en las vías del tren entre Birmingham y Crew retrasaban todos los trenes que venían de arriba hacia abajo. Y yo que estaba más abajo e iba más abajo aún… ¿No quedaría mejor decir sur que abajo?..Supongo… pero que carajo y otra vez me salió en verso sin hacer mucho esfuerzo…. En fin que me desvío…

Con un calor que esta isla no acostumbra regalar, me dirigí a pie a la estación. Maquinita, boletito, caminadita, ala a joderse, el tren está retrasado veinte minutos y yo con el traje, la chaqueta en la mano y añorando unos shorts, sandalias y alguna camiseta fresca. Lo que me faltaría es ir de pie los cuarenta y cinco minutos que toma el viaje hasta la ciudad del Big Ben. Felizmente, no, el tren llega vacío y logro encontrar un asiento junto a la ventana. Coloco mi chaqueta en el perchero y la mochila, que pesa una tonelada por el portátil del trabajo, debajo del asiento, y tras acomodarme me dispongo finalmente a mirar por la ventana y perderme en mis pensamientos raros de estos últimos días.

Un par de segundos más tarde, un tipo calvo, algo desaliñado se sienta a mi costado y con aliento ligeramente aguardientoso me habla del calor que hace. Sonrío y pienso joder lo que me faltaba, que el tío este me busque conversación. Pues como no tengo por ser cortés con alguien que no conozco, le contesto con monolosílabos y miro hacia la ventana esperando que entienda el mensaje subliminal. Tras unos minutos de haber partido, le suena el móvil y entonces yo aprovecho para acomodarme mejor y cerrar los ojos. Listo lo he logrado pienso…si claro, lo logré por unos minutos hasta que el tío este, pensándose que estaba en su casa comienza a estirarse más de la cuenta mientras conversa, va incluso recostándose contra mi. Cuando la cosa pasa lo limites de lo normal a lo escandalosamente invasor, me muevo bruscamente y lo quedo mirando. El hombre deja de hablar y me pide disculpas, varias veces antes de continuar y acomodarse nuevamente. Yo vuelvo a mi pose de “voy a dormir no me jodas” y tras un rato logro dormitar un poco.

De pronto siento que un peso comienza a apretarme contra la ventana. Abro los ojos y el calvo de mierda, que se ha quedado dormido, se balancea de tanto en tanto y yo comienzo a ponerme de mal humor. Felizmente reparo que estamos muy cerca de la estación de Euston, mi destino final, así que me relajo y trato de pensar en lo que voy a ver dentro de poco.




El conductor del tren anuncia que estamos por llegar, el tío ni se inmuta, el tren comienza a detenerse, el tío ni se inmuta, el tren se detiene y la gente comienza a levantarse, el tío ni se inmuta. Yo comienzo a moverme y coger mi mochila del suelo, el tío ni se inmuta…sorry sir – le digo sin tocarlo, el tío…hijo de su madre…ni se inmuta… en eso lo toco del hombro cuidadosamente y re digo – excuse me… el tío ni se inmuta…- en ese momento pienso, joder no se habrá muerto ¿No? Pero luego noto que respira y entonces digo para mi misma y este tarado que tiene… Así que usando mis métodos al puro estilo sudaca, lo zamaqueo y le digo: puede por favor usted dejarme salir, estoy apurada… me falto el asshole pero me contuve. El tío me mira, y con toda la paciencia del mundo coge sus cosas y se mueve al asiento de enfrente y yo salgo echa una furia y sudando la gota gorda. Creo que en el fondo fue su venganza por haberlo ignorado todo el viaje.

Bueno siguiendo con la crónica, pues salgo de la estación y entro en el tubo que por estas fechas es un verdadero horno. Vuelvo a salir cerca de Leicester Square y como siempre me pasa en esa puta estación, me rayo horriblemente con las direcciones. Cojo mi guía de calles londinenses, infaltable compañera ahora que voy todas las semanas a la capital británica por asuntos laborales y no hay forma, esa zona de Londres me tiene manía. Tras errar unas tres veces el sentido y no sé porque extraña razón terminar en dirección al Soho (siii), finalmente encuentro la bendita avenida y diviso a lo lejos el teatro. Llego y nuevamente tarjeta, maquinita, boleto. Miro el reloj y digo genial tengo media hora. Afuera la gente esta apostada por todas partes, en las afueras de los pubs (que ganas de una pinta), restaurantes, guariques, etc. Finalmente entro al café de al lado que esta desierto y no tardo ni dos segundos en saber porque. Es un horno, el sistema de ventilación no funciona. Compro mi botellita de agua y un panini de mozarella con tomate y albahaca. Se demoran una eternidad en cobrarme y al minuto me arrepiento de haber entrado pero me suenan las tripas y tengo que comer algo…Así que ni modo para cuando logro llegar a la caja, faltan solo 10 minutos para el inicio del espectáculo y yo tengo que engullirme el panini como si estuviera en un concurso pueblerino. Finalmente entro y ohhh gracias a dios aire acondicionado…genial…ubico mi asiento, acomodo mi mochila como puedo y finalmente me relajo.





Lo bueno es que en este país todo comienza puntual así que siete y media en punto apagan las luces y … en media hora de espectáculo, toda los percances, rollos, etc se me olvidan mientras me voy metiendo en la historia que me cantan desde el escenario…. Primera vez en mi vida que veo algo tan teatral en una ópera y se nota que el espectáculo fue creado por un director de cine…todo, absolutamente todo está pensado para meter al espectador en la atmósfera. Con esos hombres vestidos de negro como ninjas japoneses que caminan en la oscuridad y supuestamente no existen…que fácil entra una en la convención…Y el manejo de las marionetas es realmente espectacular.... hasta que llega el momento Butterfly por excelencia y entonces el resto es silencio…






Un bello dia veremos levantarse un hilo de humo en el extremo confín del mar. Y después aparece la nave. Y después la nave es blanca. Entra en el puerto, truena su saludo. ¿Ves? ¡Ha venido! Yo no voy a buscarlo, yo no. Me pongo ahí, en lo alto de la colina y espero, espero mucho tiempo. Y no me importa la larga espera. Y, salido de entre la multitud de la ciudad, un hombre, un pequeño punto, sube por la colina. ¿Quién será?, ¿quién será? Y cuando esté aquí, ¿qué dirá?, ¿qué dirá? Llamará: - Butterfly- desde lo lejos; yo sin responder. Estaré escondida. Un poco por bromear, y un poco por no morir al primer encuentro. Y él, un poco ansioso, llamará, llamará; “Pequeñita, mi pequeña esposa, perfume de verbena”, los nombres que solía llamarme. Todo esto sucederá, te lo prometo. Guárdate tus temores, ¡yo con segura fe lo espero


No era la Callas claro, que en mi humilde opinión es la que mejor ha cantado esta aira hasta ahora, pero la soprano estuvo magnífica y muchas gracias a la tan amable señora Rachel que me pasó uno de sus tissues al terminar el espectáculo.


Madame Butterfly, todo un regalo para el alma...