HORA CERO PUNTO COM (5)

El clima siguió igual de lúgubre en las siguientes dos semanas. Cuando salió del coche, tuvo que cubrirse por completo pues llovía de forma histérica. Corrió hasta el rellano de la puerta y tocó. Tras el tercer intento, un hombre de unos setenta años, le abrió. Ambos se quedaron de pie, uno frente al otro sin decir ni palabra. Entonces el hombre se dio media vuelta y volvió a meterse en la casa. Tras un suspiro, Paula lo siguió hasta el salón.


- Varias veces he intentado comunicarme con Richard sin lograrlo. ¿Ha venido a verte estos días?

- Tu hermano nunca deja de venir a verme

- Papá, yo también te visito regularmente, solo la semana pasada que tuve mucho trabajo he faltado, creo que no estás siendo justo conmigo. En cambio tu, ni siquiera apareciste en mi ceremonia de ascenso

El hombre no dijo nada y se sentó en el sofá a leer el diario. Paula lo miró con desconcierto antes de dirigirse a la cocina en donde preparó una cena rápida para los dos. Estaban ya sentados en la mesa cuando el hombre, sin dejar el mutismo en el que había caído, empezó a comer. Paula lo miró largo rato, repasando los pliegues profundos de su rostro y manos. Su padre había envejecido rápidamente desde que su madre muriera, diez años atrás, durante un asalto. Era vísperas de navidad y Paula estaba con ella. Aun ahora, a pesar del tiempo, imágenes de ese hecho se le colaban en las noches transformando sus sueños en pesadillas. Su padre desde entonces, se volvió hostil y taciturno, sobre todo con ella. Luego su relación se tornó aun más difícil cuando Paula decidió dejar la carrera de leyes en una de las universidades más prestigiosas de Inglaterra, para ingresar a la academia de policía.

- ¿Dónde va ser la misa de aniversario esta vez?

- Como que donde va ser, en la iglesia de siempre – respondió con brusquedad

- Papá, estoy tratando de entablar una conversación contigo… ¿porque lo haces todo tan difícil? Desde que llegué no has hecho otra cosa que ignorarme – los ojos se le humedecieron- Te juro que hago el esfuerzo por acercarme, de verdad… pero ¿sabes qué? Cada vez tengo más claro que te importa un rábano lo que pase con mi vida…

- A ti también te importaron muy poco mis esfuerzos por hacer de ti una mujer próspera,

- ¿Y que soy si se puede saber? ¿una fracasada?

El padre la miró sin decir nada y con las mismas volvió a concentrarse en su cena. Sin decir palabra, Paula se levantó y se colocó el abrigo. El padre no se movió. La muchacha salió dando un sonoro portazo.

Era su día libre y lo último que le apetecía era volver a casa. Así que condujo hacia un pub antiguo que solía frecuentar a la salida de Shenfield. Agradeció encontrar uno de los lugares que daban a la ventana desocupados y se sentó con una pinta de Stella, dándole la espalda al mundo. El cuerpo no tardó en aflojársele levemente y aunque parte del disgusto que había sembrado la cena con su padre se diluyó, no dejó de sentirse abatida. A pesar de que había aprendido a convivir muy bien con la soledad que la acompañaba desde la adolescencia, hacía ya varios meses que esa sensación la incomodaba más de lo normal. Dió otro sorbo a su vaso y se levantó para salir hacia el patio trasero, zona habitual de fumadores. Ubicó una de las mesas más alejadas, pegada al cerco de ladrillo a media altura que delimitaba el pub con la calle y se acomodó. Estaba tan sumergida en su propio mundo que el frío parecía no hacer mella en ella. Poco a poco el patio se fue quedando desierto. Solo quedaron ella y otra muchacha que desde el otro lado del patio, llevaba buen rato observándola.



- ¿Pagan tan mal en la policía que tiene que fumar esa mierda?



Al levantar la mirada se encontró con una Ariel de muy buen semblante que la miraba divertida

- Me gusta fumar tabaco

- Ya veo… ¿Puedo? ¿O es contra el programa sentarse a beber una copa con usted teniente?

- Bueno… no debería

- Vamos, es sábado y estoy aburrida, y por lo visto usted no está mejor que yo

Paula lo pensó un rato. Ariel, en las dos semanas que llevaba en el programa, había hecho progresos evidentes, aunque para la teniente quedaban todavía, demasiados rincones oscuros en la personalidad de la muchacha como para entender del todo su volátil comportamiento. Pensó que esa sería, tal vez, una buena oportunidad para conocerla fuera de la rigidez protocolar de la jefatura.

- Ok… siéntate, total no estoy en servicio

- Gracias – tomó asiento en la silla opuesta y subió los pies al murete de cerco. Sacó un paquete de Marlboro a medio terminar y le ofreció uno a Paula. Esta negó con la cabeza- ¿Por qué decidió ser policía?

- Vaya ¿Ahora haces tú las preguntas?

- Es justo ¿no? Después de la ventaja que me lleva

- Si te digo la verdad…ahora mismo, no estoy segura que es lo que me atrajo de este trabajo ¿apresar a los malos te sonaría demasiado simple?

Ambas sonrieron y entonces, fue como si de improviso, aquella barrera divisoria que las separaba en cada entrevista, desapareciera, logrando enfrascarse en una conversación fluida y natural. Paula se sorprendió bastante, puesto que Ariel no era precisamente el tipo de persona con la que hubiese buscado conversación alguna. Y menos ella, una mujer a la que sociabilizar, por lo general, le significaba un esfuerzo demasiado grande. Pero esa noche, Ariel se lo hizo sencillo, o quizás fue ella misma y las ganas de salir por un momento, de su silencio prolongado.

Las entrevistas de Ariel y Paula siguieron según lo estipulado en el programa y varias veces, sin haberlo planeado, coincidieron en el mismo pub. Con el tiempo, los encuentros en el bar se volvieron una constante en la vida de ambas mujeres y marcó el principio de su extraña amistad.

Faltando dos semanas para que Ariel terminara el programa y fuera citada nuevamente ante el juez, ésta desapareció. Paula desconcertada, fue a buscarla al pequeño departamento que rentaba cerca de las vías de la estación de Shenfield, pero no encontró a nadie. Por más que hizo memoria de las últimas veces que habían conversado, no recordó nada que le hiciera siquiera sospechar de esta repentina desaparición. Buscó en el informe semanal del psicólogo y tampoco halló nada más de lo que ya conocía. El protocolo en esos casos era claro. Tenía que reportarla, pero sabía muy bien que eso terminaría por echar por la borda todo lo alcanzado y Ariel, de no tener una excusa valedera, enfrentaría entonces la revocación de su libertad condicional. Decidió esperar a pesar de lo que ponía en juego y de no estar segura, si hacía o no lo correcto.



Era veinticuatro de Diciembre y la jefatura de policía de Shenfield como todos los años, hacía el brindis navideño. Todos lucían particularmente felices esa noche, menos Paula. Ariel llevaba diez días sin aparecer y el riesgo de que la descubrieran era cada vez mayor.

Tras el brindis y el intercambio de regalos, todos los oficiales se apuraron en recoger sus cosas. Aún no había acabado de apagar el ordenador cuando a Paula le sonó el móvil. Su cara se transformó a medida que iba reconociendo la voz de quien la había llamado y caminó rápido hacia una de las salitas de reuniones para hablar. Veinte minutos después, mientras conducía, llamó a su padre avisando que llegaría tarde a la cena de Nochebuena. Éste se lo reprochó como era de esperarse haciendo que Paula le colgara bruscamente. Presa de la rabia y la tensión del momento, lanzó el móvil sobre el asiento trasero.

El olor a alcohol y a basura podrida se le metió hasta las sienes al subir las estrechas y oscuras escalinatas del edificio. La puerta del departamento de Ariel estaba entreabierta. La empujó despacio mientras desenfundaba su revólver. Revisó el desordenado dormitorio y el baño encontrándolos vacíos. En eso escuchó ruidos en el techo y tras caminar unos pasos por el pasillo, encontró que la escalera plegadiza que iba a la azotea estaba a medio cerrar. Al subir, vio a Ariel sentada abrazando sus rodillas sobre uno de los parapetos del edificio y en medio de toda esa maraña de desperdicios y muebles viejos que poblaban la azotea. De tanto en tanto se oía el paso de algún tren.

Había venido furiosa a enfrentarla, a decirle todo lo que estaba arriesgando por encubrirla y sin embargo las primeras palabras de Ariel la hicieron guardar silencio.

- Es alucinante como esta azotea puede llegar a ser un gran refugio en donde el sonido de los trenes se vuelven música para unos oídos asqueados de la mierda del mundo de afuera.

Al terminar buscó entre sus bolsillos y encendió un cigarrillo. Paula notó que las manos le temblaban. Ariel entonces cambiando de tono a uno más áspero y matizado con algo de rabia contenida agregó:

- No te ha pasado alguna vez que sales, alzas el rostro – poniéndose de pie- tratas de respirar y no puedes. Que el aire se ha vuelto una masa espesa sin que te dieras cuenta y que cuando lo aspiras te duele al pasar por los pulmones, lo sientes atorarse en tu corazón, en la garganta, te hincha las venas… te ahogas… y no puedes hacer nada por evitarlo… ¿no le ha pasado teniente que hay días en que ni siquiera puede levantarse de la cama porque la imagen del día que tiene por delante es tan aterradora como para enfrentarla?… y entonces me pregunto ¿Qué carajo hago aquí? Haciendo esfuerzo tras esfuerzo por seguir en ese camino que los demás han trazado para mi, que los demás piensan que es lo mejor… los demás… - girándose hacia Paula- y todo ¿para qué?

- Hay varias cosas que valen la pena Ariel – se atrevió a decir

- ¿así? – mirándola como si la traspasase- dime una

Paula rebuscó en su cabeza pero no pudo responder

- ¿Lo ves? …

Ariel guardó silencio mientras aplastaba la colilla contra el muro antes de seguir

- Debemos estar todos locos… - ironizó en medio de una risa entre dientes- no hay otra explicación para aceptar vivir esta vida de mierda sabiendo que hagas lo que hagas igual te vas a morir… ¿no te parece surrealista?... y es más insoportable el pensar que lo harás después de todos aquellos que te importan….

Añadió con los ojos enrojecidos y la voz a punto de romperse. Se quedó quieta un instante, haciendo evidente a Paula que algo se acababa de quebrar en la muchacha. Se acercó hasta ella y cogió su paquete de cigarrillos. Encendió uno. Ariel la miró

- ¿Qué pasó?- se animó a preguntar la teniente

- La hija de puta de mi madre… murió hace dos semanas de un infarto fulminante – comenzó a reírse entre lagrimas- fíjate que estaba segura que el corazón lo tenía parado hace mucho tiempo… ¡Hija de puta!!!! Te saliste con la tuya!!! – gritó con toda el alma - debería haber una ley o algo para que los hijos por casualidad o no deseados pudieran acogerse a una especie de eutanasia voluntaria… total, yo no pedí ser parte de este show miserable que es la vida y mi vieja tampoco- remató antes de ponerse a llorar.

Paula al verla terminó por acercarse y la abrazó. Ariel se dejó mientras su llanto se hacía intenso y desgarrado como el de una niña perdida en medio de una gran multitud. Entonces la teniente le vió algunas marcas en los brazos. Eran cortes como arañazos no muy profundos, lo suficientemente dolorosos como para tapar el dolor que seguramente llevaba en el alma. Paula cerró los ojos y estrechó aun más ese abrazo, sintiéndose profundamente conectada con esa muchacha, con su vulnerabilidad y su rabia por las palabras no dichas, por las esperanzas rotas, en resumen por la vida que les había tocado vivir.

- Si… - pensó la teniente para sí misma- debemos estar todos locos…

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HORA CERO PUNTO COM (4)

Jefatura de policía de Shenfield – seis años antes de la hora cero







Afuera llovía a cantaros y Paula Ord, recién ascendida a teniente, veía como en trance, como las gotas resbalaban por el cristal de su pequeña oficina. Había cierta nostalgia en sus ojos. Aquella época del año tenía por lo general ese efecto en ella. Todo parecía volverse extremadamente lento y silencioso a su alrededor, dejando espacio para que los recuerdos menos agradables afloraran con comodidad. El clima infame de los fines de año de la isla no ayudaba en nada a mejorar su sensación de desapego y vacío, muy parecida tal vez- había pensado muchas veces- a la de cualquiera de esos homeless que solía encontrarse en la plaza de la ciudad en una de sus tantas rondas nocturnas.

Buscando escapar de esa envolvente nostalgia, regresó a su escritorio y se sumergió en los últimos tres expedientes del día. Había logrado cierta concentración cuando la voz de Smith irrumpió en su despacho.

- Ord, te buscan

- ¿Quién?

- La hermana menor de Joan Jett

- ¿Quién dices? – re preguntó mirando a su compañero con el ceño fruncido

- Otra joyita. Suerte

- Pero… - murmuró viendo como su compañero se alejaba dejándola con la palabra en la boca.

Paula era la oficial de menor rango de toda la jefatura y durante los meses que llevaba en ese puesto, solo le habían designado casos de libertad condicional por delitos menores o rondas nocturnas de rutina. Era evidente que estaba pagando su derecho a piso, realizando todas aquellas actividades que nadie más quería hacer. El pensar que todo aquello era temporal, que solo era un escalón previo a lo que en realidad quería: convertirse en detective, la ayudaba a sobrellevar la rutina asquerosa de esos meses.

Revisó con atención el expediente. A continuación miró la foto de la chica y supo que sería un dolor de cabeza. Terminó su taza de café y resopló largamente antes de dirigirse a la sala de entrevistas. Al entrar, una humareda la hizo toser.

- ¡Quieres apagar el cigarrillo! No se fuma en la jefatura

- Perdón… - dijo con voz áspera

- Muy bien Ariel, soy Paula Ord tu oficial de libertad condicional

La chica la miró dejando claro que le importaba un rábano. Paula, quien no esperaba otro tipo de comportamiento, le explicó los pormenores del programa, sus obligaciones y las de ella misma. Al terminar, Paula le preguntó si lo tenía todo claro y la muchacha no le respondió. La oficial entonces se concentró en su apariencia, la vestimenta de cueros y jeans desgarrados que traía, los piercings en las orejas y parte del tatuaje que se le salía por las mangas de la chaqueta. Al ver que la chica seguía como ausente, insistió:

- Te hice una pregunta Ariel

- Todo clarísimo oficial- agregó Ariel fastidiada- ya me sé el discurso de memoria…

- Entonces espero que no faltes a ninguna de nuestras sesiones ni a tu consulta con el psicólogo

- Un loquero más a lista…

- Ariel – la llamó haciendo que la mirase- no pareces una chica estúpida… así que haz lo que tienes que hacer para salir del hoyo en el que andas metida ¿te parece?

- Porque no hacemos algo más práctico oficial – con ironía- llene su informe y fírmelo, seguramente tiene la plantilla hecha ya en el ordenador, usted no pierde su tiempo y yo tampoco el mío

La miró a los ojos durante un buen rato. Ella se los sostuvo todo el tiempo con la misma altanería, como si buscara demostrarle su fortaleza. Sin embargo, Paula logró ver algo tras ese rostro enmascarado de autosuficiencia, algo que se le hizo tremendamente familiar. Entonces abrió la carpeta que había llevado consigo y comenzó a leer:

- Robo en gasolinera y conducta indecente en el 2003, daños a propiedad de terceros y conducir bajo influencia de drogas, falta grave por insultar y agredir a un oficial en servicio, reincidencia en el consumo de drogas, rompiendo dictamen judicial, etc…. – volvió a mirarla y tras un breve silencio continuó- no sé si te das cuenta que esta es tu última oportunidad para que evites pasarte una buena temporada tras las rejas… y te aseguro Ariel, que ese lugar no es para nada agradable…- recostándose en la silla- No sé tú, pero a mí, me gusta hacer bien mi trabajo – puntualizó sin quitarle los ojos de encima- y todo lo que yo agregue a tu informe será producto de lo que tú hagas de ahora en adelante…. El tema es que… no sé si serás lo suficientemente capaz para estar a la altura de este programa – Ariel la miró con rabia. Paula se puso de pie y antes de salir agregó- Realmente espero que al final no resultes una delincuente de esas que se pasan la vida entera haciendo estupideces… depende de ti… te espero la semana que viene

Minutos después, desde su ventana, observó a la muchacha marcharse. La siguió con los ojos hasta que desapareció al torcer la esquina. Volvió a sentarse con el expediente de Ariel, el cual estudió por cerca de hora y media. Mark Johnson entró entonces a su despacho.



- Me dijo Smith que te asignaron a otro angelito

- Eso parece…- respondió, hojeando el informe con atención- la típica chica, rebelde por fuera y con un caos de mierda por dentro

- A ver cuéntame…

- Seis arrestos en total, resistencia a la autoridad… robos pequeños… uso de drogas esporádico, el reporte confirma que no es consumidora habitual

- Ya… una de esas que le gusta meterse un fiesta del carajo de vez en cuando y se entera hasta el mismísimo dios

- es evidente que busca llamar la atención, el tema es de quien… ¿sabes lo que pone el psicólogo anterior en su informe? problemas de conducta – sonriendo- dos miserables líneas después de seis meses de tratamiento, vamos que a eso llego yo también en cinco minutos. No me extraña que Ariel no crea en el programa… - dijo con desconcierto

- Bueno, pero ahora, la chica tuvo suerte al caer en tus manos...

- Ya pero Johnson, esto no es lo que vine a hacer – replicó con enfado

- Tienes que tener paciencia Paula, todos hemos pasado por mismo, las oportunidades llegan cuando menos te lo esperas… y ahora vete a casa que mañana tienes guardia conmigo.




 
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HORA CERO PUNTO COM (3)

Martes 7 de Diciembre 5:00pm (7 horas antes de la hora cero)



Se asomó por la ventanita de la puerta y la vió sentada en el escritorio revisando una pila de papeles. La contempló unos segundos antes de girarse sobre sus talones y apoyarse contra el muro. Sintió las manos húmedas y tuvo que frotarlas contra sus pantalones de lanilla para secarlas. Siempre había detestado que le sudasen de esa manera, no tanto porque le impidiera dar la mano para saludar ganándose fama de descortés, sino porque consideraba que era signo evidente de esa debilidad que le avergonzaba tanto y que siempre hacía mil esfuerzos por ocultar.

Steve Morgan era un muchacho de treinta y dos años, de mente brillante pero bastante retraído, que le gustaba plancharse hasta los calcetines y que nunca se había enamorado. Hasta que se inscribió en aquel curso de post grado en historia del arte de la universidad de Essex. De esto hacía cuatro años. Para alguien tan planificador como él, ese amor inesperado significó un real terremoto de emociones encontradas. Un año después, producto de esa relación nació Octavia. El entró en un pánico inexplicable hasta para él mismo y una noche, sin decir nada, desapareció por tres largos años.

Ahora, apenas unos metros lo separaban de la que había sido su mujer. Se quedó ahí parado un par de segundos. Tenía el corazón en la boca y sin embargo, empujado por un segundo de valor, abrió la puerta. Ella al verlo empalideció.



- ¿Qué haces aquí?

- Quería verte

- ¿Después de todo este tiempo? – preguntó la mujer entre nerviosa e irónica - No entiendo para que

- No te preocupes, no he venido a joder tu vida, solo quiero saber como están.

Ella lo miró aun más sorprendida. Incluso parecía que iba a estallar en carcajadas

- Eres increíble Steve… de verdad que eres increíble – dijo ya enfadada mientras comenzaba a guardar sus cosas

- Roberta por favor…

- ¿Qué? – exclamó alzando la voz y encarándolo - déjame entender. Un día me dices que me quieres, tenemos una niña y tú, dos semanas después, desapareces sin dejar rastro. Luego me envías una postal de tres miserables líneas pidiéndome que te perdone por no estar a la altura.



Steve la miró con tristeza. Iba a decirle algo pero no pudo pronunciar palabra. Entonces, Roberta continuó.



- De no ser porque tu padre era un hombre bondadoso, no sé que hubiese sido de mí y la niña en esos primeros meses. La pasé realmente mal, no solo sobreviviendo sino también olvidándome de ti… y ahora apareces con el rabo entre las piernas preguntando ¿cómo estamos? No me hagas reír…

- Déjame verla, solo una vez… aunque sea de lejos – suplicó entonces

- ¿Para qué? – le preguntó sin entender – Nunca quisiste a tu hija, jamás te preocupaste por ella

- Roberta, créeme que si me hubiese quedado, hubiese convertido sus vidas en un infierno. Con las justas puedo conmigo mismo… Hice lo que creí mejor.

El hombre calló un instante. Parecía que iba a ponerse a llorar en cualquier momento. Roberta al notarlo, bajó ligeramente la guardia. Lo quedó mirando como buscando descifrar el porqué de esa aparición tan repentina, de esa afirmación tan contundente. Sin embargo lo único que descubrió fue que ese muchacho que tenía al frente era ya un total desconocido para ella, a pesar de reconocer en sus ojos, los ojos de su pequeña hija.

Hubo un silencio largo y cargado de tensión.

- ¿Es feliz? – preguntó él con voz quebrada

- Mucho… -contestó ella sin dudar

- ¿Y tú? – la miró a los ojos

A pesar de estar conmovida por la vulnerabilidad que él le mostraba, sintió el impulso de herirlo. Era como si la vida se lo pusiera al frente adrede y quiso tomarse la revancha.

- Tuve la suerte de encontrar a alguien que se ocupó de nosotras y con quien finalmente pude formar una familia. Alguien que se encargó de borrarte de nuestras vidas para siempre. Si…somos muy felices.

- Me alegro…- alcanzó a responderle tras acusar el golpe

Ella respiró y terminó de guardar sus cosas en el maletín. Iba a salir del aula cuando se giró a mirarlo, alcanzando a ver que se secaba las lágrimas.. Se quedó un momento ahí sin dar un paso más hasta que finalmente dejó caer sus hombros y dejando el maletín sobre una de las mesas, sacó su cartera. Se acercó a él, quien la miró sin entender.

- Ven… - abriendo su cartera, sacó una foto pequeña- ella es Octavia

El chico cogió la foto con delicadeza y la miró abstraído un buen rato.

- Es muy bonita…

- Y muy inteligente, tiene un coeficiente intelectual altísimo

- ¿Sí? – emocionado- en eso salió a mi entonces

- Parece que si… mira Steve, Octavia es una niña muy sensible y tu presencia así, de buenas a primeras podría afectarle demasiado. Tendría que prepararla primero y todo eso… pero te pregunto ¿has vuelto porque realmente quieres empezar una relación con tu hija? – él la miró sin responder – ¿lo ves? Yo no voy a ilusionar a la niña con la idea de que su padre ha vuelto para que vuelvas a desaparecer.

- Lo entiendo… - respondió Steve volviendo a fijar la mirada en la foto de la niña.

- Tengo que irme

Agregó Roberta entonces para luego coger nuevamente sus cosas y encaminarse hacia la puerta. El la miró y le extendió la foto.

- Quédatela

- Gracias… - le dijo mirándola con los ojos vidriosos- y espero que… algún día puedas perdonarme por ser tan cobarde y tan gilipollas de no haberme quedado contigo…

Roberta no le contestó y tras mirarlo un instante, abandonó la habitación. Caminó por el pasillo de prisa y sin mirar atrás como si quisiera alejarse de él lo más pronto posible. Ya en la calle, detuvo a un taxi y subió. Se recostó en el asiento y cerró los ojos.



- ¿A la casa de tu madre?

- Hace tiempo que no la visito y creo que nos va venir bien separarnos unos días

- Son dos semanas, no unos días… no lo entiendo

- Yo tampoco entiendo porque de un tiempo a esta parte has cambiado tanto conmigo. ¿Te has dado cuenta que todas las noches nos acostamos dándonos la espalda? Una mujer que solía hablarme todo el tiempo al oído, se ha llenado ahora de silencios y de ausencia. Y por más que intento acercarme, siempre termino estrellándome contra una pared enorme e indestructible. Sé que hay algo que te ha alejado de mi pero si no conozco de que se trata, si a ti parece importarte todo un carajo ¿cómo hago? Y he comenzado a preguntarme ¿sabes? si realmente te interesa solucionarlo

- Yo te quiero Roberta – le afirmó con sinceridad

- ¡Entonces háblame por el amor de dios! – perdiendo la paciencia- Yo te necesito al cien por ciento y no a medias Paula…



Abrió los ojos bruscamente ante el pavor que le había provocado el darse cuenta que tal vez estaba viviendo un dejavú. Se sintió de pronto como una mendiga falta de un abrazo, que lo único que deseaba en ese momento era volver a casa. La echaba muchísimo de menos…



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HORA CERO PUNTO COM (2)

Martes 7 de Diciembre 10:00 pm (dos horas antes de la hora cero)







- Mami, frío

Dijo la niña apretándose contra el cuerpo de su madre. Roberta miró con fastidio en todas las direcciones. Llevaban más de veinte minutos esperando y la estación de tren comenzaba a lucir medio desierta. Entonces cogió su móvil y marcó. Tras recordar algo, colgó frustrada.

- ¡Mierda! Es verdad que tiene el móvil estropeado

La niña, aferrada a su muñeca miraba a su madre en silencio. Roberta entonces le acarició el cabello, le cerró el abrigo y acomodó la bufanda antes de hablarle con ternura

- Vamos cariño, vamos a tomar un taxi.

- ¿Y Paula?

- Debe haber tenido que hacer en el trabajo, vamos a casita y ahí la esperamos.

Los ojos de Roberta se llenaron de tristeza. Pero no de una tristeza reciente. Por enésima vez, la misma sensación de soledad que se acostaba en su cama desde hacía meses, la azotó de nuevo. Entonces alzó en brazos a su niña y la estrechó como buscando llenar ese vacío que sentía al saber que esos días de separación no habían servido de nada.

Mientras tanto, en la cabina de tiro de la jefatura de policía de Shenfield, Paula con los lentes de protección aún puestos disparó casi sin pestañear hasta agotar totalmente la cacerina de su Beretta 92FS. Sonrió con satisfacción al ver la precisión de sus tiros.

Aún no se le había borrado el rostro cuando vió a Johnson entrar en la cabina. Paula se quitó el protector de oídos y le enseñó el papel con gesto triunfal

- Ya..ya… ¿Cuántos metros te acercaste?

- Distancia reglamentaria… - aclaró – en tu puta vida has logrado un score como este

- Ok…ok… siempre he aceptado que tienes mejor puntería que Yo

- Gracias – respondió con gesto chulesco antes de terminar de guardar su arma

- Oye Ord… ¿Acaso no volvían hoy Roberta y la peque?

Paula se puso pálida y miró su reloj

- Carajo … - exclamó cogiéndose la cabeza

- ¿Qué?

- Tenía que pasarlas a buscar a la estación a las nueve y media

- Roberta te va matar – le advirtió

- Ya…

Dijo mientras corría al teléfono. Marcó de forma atropellada y esperó.

- Hola… todavía están en… ya… lo siento Roberta yo… ok… ¿necesitas algo? ¿Leche y qué más? Ok… salgo en este momento…un beso

Colgó y se quedó pensativa. Johnson se le acercó al verla

- ¿Se enfadó mucho?

- Más que enfadarse, está triste… ya la cagué otra vez tío

- Pensé que con Roberta y la niña finalmente habías logrado la familia que querías- Paula lo miró sin decir palabra - ¿Qué?... Joder no te entiendo, de verdad… Roberta es una mujer de carácter, inteligente, divertida y tu hija es adorable, ¿qué coño quieres entonces?

- Las adoro… son lo mejor que he tenido en la vida… - explicó con voz apagada- pero a veces no sé qué me pasa….es como estar aquí físicamente, pero en realidad estoy en otra parte, desconectada ¿me entiendes? – resopló- no me entiendes, ni yo me entiendo… será mejor que me vaya antes de que se haga más tarde y termine durmiendo en el coche.

Se puso nuevamente la chaqueta de cuero y salió rumbo al mini Cooper verde aceituna que tenía estacionado fuera de la estación. Buscó en la guantera algo de tabaco pero el paquete estaba vacío. Puteó con un fuerte golpe contra el volante antes de salir a toda velocidad. Minutos después aparcaba en el Tesco express que quedaba camino a su casa. Compró todo lo que Roberta le había encargado, además de una botella del vino favorito de su mujer y un peluche para su hija de tres años. Acababa de guardarlo todo en el maletero, cuando divisó a un muchacho sentado dentro de su coche pero con la portezuela abierta frente al auto lavado. El chico estaba llorando. Dudó un momento pero finalmente decidió acercarse con cautela.

- Hola ¿Puedo…puedo ayudarte en algo?

- Perdón – dijo secándose los ojos de inmediato. Parecía avergonzado- es solo que… joder… estoy un poco tonto hoy

- Normal… a todos nos pasa de vez en cuando

- Ya… - dijo el chico incorporándose y acomodándose la chaqueta

- ¿Seguro estás bien?

- Si… claro…

Paula lo miró un rato con atención. Le echó unos treinta años. En eso un hombre se les acercó y preguntó quién de ellos había pedido un lavado deluxe. El muchacho respondió y le entregó las llaves. Luego volvió a mirar a Paula con las manos en los bolsillos y una sonrisa que a leguas se notaba, le había costado un mundo. La detective entonces sacó el paquete de tabaco que acababa de comprar.

- Me apetece un cigarrillo pero me gusta fumar acompañada, ¿vienes?

- eeh… - dudando- claro…

Con destreza absoluta, Paula sacó papel, filtro y se armó un par de cigarrillos. Se pusieron a fumar en silencio mientras veían la luz de los trailers pasar a lo lejos.

- ¿Te sientes mejor? – Preguntó Paula al terminar y tirar la colilla al suelo

- Si gracias – dijo el muchacho

- Me alegro

- ¡Mierda!- exclamó él de pronto

- ¿Qué pasa?

- Me olvidé el CD

- ¿El CD?

- Tenía que comprar un CD… y ahora donde consigo uno a estas horas… mierda… era muy importante

- ¿CD de qué?

- Evanescence

Paula sonrió

- ¿Alguno en especial?

- El que tiene Bring me to life

- Pues fíjate…creo que, es tu día de suerte

- ¿Por?

- Es uno de mis grupos favoritos… espera un momento

Paula regresó a su coche y buscó en su estuche. Un par de minutos después volvía junto al muchacho. Este miró el disco con atención antes de agradecer con una sonrisa.

- ¿Es para tu chica?- indagó Paula

- Algo así… - replicó evasivo- debo irme ahora, muchas gracias por el disco

- De nada…

El muchacho había dado unos pasos cuando volvió a girarse y la miró fijamente

- ¿Cómo te llamas?

- Paula

- Mucho gusto Paula, yo soy Steve









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HORA CERO PUNTO COM (1)

Martes 7 de Diciembre 09:00 pm



Llevaba cerca de las tres cuartas partes del viaje con los ojos perdidos, mirando por la ventanilla del tren, cuando la risa estridente de una niña sentada en el asiento del frente, pareció devolverla a la realidad. La niña al ver que había capturado su atención, le sonrió y le extendió su muñeca. Ariel la cogió y comenzó a acariciarle el cabello muy despacito. Tenía una mirada triste y cansada pero que, de ninguna manera hacía presagiar lo que acontecería horas después.

Jugó con la pequeña hasta que la madre, quien la había mirado con desconfianza durante todo el trayecto, seguramente por la pinta descuidada y la cantidad de piercings que llevaba, le avisó que bajaban en la siguiente estación. La niña a regañadientes, se dejó poner el abrigo. Ariel le hizo cosquillas logrando que se riera un poco. Finalmente el tren se detuvo en Shenfield y la pequeña se despidió haciéndole adiós con la manita. Ariel le devolvió el gesto y le sonrió hasta que sus ojos la perdieron de vista. Por un momento tuvo el impulso de bajarse. Apretó los puños con fuerza. Hizo el ademán de ponerse de pie cuando escuchó el pitillo estridente y repetitivo que le advertía que las puertas estaban por cerrarse. Miró hacia el andén. Podría haber corrido y logrado bajar, pero no lo hizo.

Se colocó los audífonos y subió el volumen buscando que la música volviera a invadirla y borrara cualquier rastro de temor. Me ha costado demasiado llegar hasta aquí como para ahora dar marcha atrás- pensó

Veinte minutos más tarde, llegaba a la estación de Witham. Fue la última en bajarse. Se quedó ahí de pie en el andén hasta que el tren se marchó. Miró a su alrededor notando que la estación tenía el frío aspecto de una fábrica abandonada. Al fondo se distinguía un hilo de humo blanco que salía de unas chimeneas industriales. Había como un vaho lúgubre en todo el ambiente que curiosamente parecía armonizar con su estado de ánimo.

Al salir, encendió un cigarrillo y miró la hora. Decidió caminar hasta el punto de encuentro. Doce minutos después llegaba al desolado estacionamiento del Tesco. Se sentó en uno de los sardineles y encendió otro cigarrillo. La pierna le temblaba de inquietud. El frío era criminal a esas horas. De rato en rato miraba en todas direcciones. Vió el reloj, aun faltaban diez minutos para las once de la noche. Entonces sacó del bolso el móvil y comenzó a jugar obsesivamente al tetris, como buscando no dejar ni un segundo libre para pensar. Tras dos partidas lo dejó y volvió a mirar la hora. Sintió nuevamente la angustia subiéndole por el cuerpo como un tropel de hormigas y le vinieron ganas de vomitar. Volvió a encender el móvil pero esta vez entró al directorio de sus contactos y comenzó a borrarlos uno por uno, casi de forma automática, como si no reconociera ninguno de esos nombres. Solo cuando llegó a la P se detuvo. Miró con extrañeza aquel número. Estaba casi segura de haberlo borrado hacía tiempo. Contempló la pantallita hasta que se apagó. Alzó el rostro revelando una profunda nostalgia. Entonces en un arranque marcó y cerró los ojos. Su cuerpo se balanceaba ansioso mientras esperaba contestación. Timbró varias veces hasta que entró a la casilla de voz. Tras escuchar el mensaje, sonrió y colgó sin decir una palabra. Tenía los ojos llorosos.

- Todavía tienes el mismo mensaje grabado tontita

En eso, las luces de un automóvil alumbraron parte del estacionamiento. Ella apagó el móvil y se puso de pie. El corazón le comenzó a latir con fuerza a medida que el coche se acercaba. Al aparcarse, bajó un muchacho con cara de niño, muy alto y delgado. Para Ariel, el verlo, en medio de toda esa angustia, fue un respiro de alivio.

- Hola- le dijo él de forma tímida- Soy Steve

- Hola Steve, gracias por estar aquí, por un momento tuve miedo de que…

- Te lo prometí… - la miró con sinceridad - ¿Nos vamos?

- Si






Al subirse al Peugeot hatchback azul oscuro, Ariel pudo sentir un olor a lavanda que le impregnó las fosas nasales. El coche lucía como recién salido del lava autos. No supo porque pero ese pequeño detalle, le dio aún más tranquilidad. Steve condujo en silencio por cerca de veinte minutos hasta que entraron a una estrecha carretera rural. Solo la luz de los faros delanteros alumbraba el camino.


Habrían avanzado un par de kilómetros cuando se apeó a un costado y apagó el motor. Dejó las luces encendidas. Los dos se quedaron quietos un buen rato, con la mirada fija en el parabrisas.

- ¿Un cigarrillo? – preguntó ella

- Sí, pero mejor salimos, tengo algo de whisky también

- Genial, lo hará todo más fácil… supongo

Steve abrió una pequeña botella de Jack Daniels y se la ofreció a Ariel. Ella bebió un largo sorbo, dejando que el alcohol hiciera su trabajo. Él hizo lo mismo. Se fueron turnando la botella hasta dejarla semi vacía. Segundos después, ambos echados sobre el capot, fumaban contemplando aquel cielo claro y estrellado. Al terminar se quedaron un instante más ahí pero esta vez mirándose a los ojos. El cuerpo se les había comenzado a aflojar. Fue él quien se levantó primero y le extendió la mano, para que bajara. Ambos se dirigieron a la parte de atrás del coche y Ariel lanzó todas sus cosas personales en el maletero. De ahí mismo, Steve sacó un rollo de cinta adhesiva ancha y un trapo grueso. Lo metió dentro del tubo de escape y luego entre los dos forraron el tubo con la cinta. Pusieron algo más de cinta en las puertas traseras y ventanas. Regresaron finalmente al coche.

Volvieron a quedarse quietos mirándose pero sin decirse nada un rato largo. Solo se escuchaban algunos grillos a lo lejos. Entonces Steve, quien mostraba total control de sí mismo, le preguntó:

- Dijiste Evanescence ¿verdad?

- Si

Él puso play y subió el volumen. Los primeros acordes de Bring me to life retumbaron contra los cristales herméticos del Peugeot. La volvió a mirar y notó que Ariel temblaba ligeramente

- ¿Segura?

- Si… si… de verdad- murmuró con casi nada de voz

Él encendió el coche y se recostó contra el respaldar. Ella respiró profundo mientras veía como daban las cero horas en el reloj digital del panel. Volvieron a mirarse antes de apretar los ojos.

Cuando los encontraron, dos días después, estaban cogidos de la mano.

Viernes 10 de Diciembre 9:00 am (57 horas después de la hora cero)

- ¡Ord! Teléfono

- ¡Gracias! Oye Johnson he dejado el informe sobre tu mesa, caso cerrado

Replicó una mujer de unos treinta y cinco años mientras dejaba la funda y pistola sobre su escritorio. Se sentó y levantó el auricular

- Detective Ord buenos días

- Buenos días, soy el detective Mc Callister de la estación de policía de Witham

- Si detective dígame ¿En qué puedo ayudarle?

- Verá… se descubrieron un par de cadáveres de dos muchachos ayer por la mañana, a unos pocos kilómetros de aquí. Aparentemente, la muchacha muerta trató de llamarla desde su móvil.



La mujer abrió los ojos de la sorpresa



- ¿A mí? – pensativa- bueno tengo el móvil en el servicio técnico desde la semana pasada, no podría decirle detective…

- El nombre de Ariel Redford le dice algo

La mujer se quedó quieta. El rostro se le tornó pálido como el papel a medida que Mc Callister le narraba los hechos. Al colgar no se movió por un largo rato. Solo sus ojos se paseaban de un lado a otro mientras que en su cabeza, se repetía como en una grabadora, los hechos que acababan de narrarle. Johnson se le acercó al notarla extraña.

- ¿Paula que te pasa?

- Hallaron dos cuerpos en Witham, quieren que vaya para allá ahora mismo- le dijo con la mirada extraviada

- ¿Tu? – preguntó sin entender

- La chica que encontraron… - guardó silencio al sentir que se le atoraban las palabras- solía ser mi… mejor amiga… - Lo miró - es Ariel

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HASTIO


Hoy es uno de esos dias en que los angeles miran cansados su alrededor y nada les entusiasma. Un terrible hastío  los invade y el recuerdo de Sartre y su terrible Naúsea maldita está más viva que nunca...La rutina hace invisible las cosas más bellas. Miles teorizan el amor y la vida en vano y piensan y piensan y piensan, buscando una formula que los aferre a esa felicidad que creen eterna. !pobres ilusos!. El momento perfecto es apenas un instante que se acaba en un respiro, exactamente como la vida....

 -Demonos prisa -dice el angel Gabriel entonces- no perdamos más tiempo.

 Sus compañeros voltean a mirarlo y asienten mientras piensan:

!Como si fuera tan fácil pelotudo!

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ESCRITURA AUTOMATICA VELOZ

He dejado el epilogo de mi “pseudo” novela a medias porque necesito respirar otros aires. Así que hurgando en mi portátil me encontré con este texto dejado sin terminar y me provocó continuarlo:

Hace unos días (meses ahora claro) mi perro casi me mata del susto, tanto que acabamos en la veterinaria (debo decirlo: que guapa es y encima con la ternura con que trata a mi perrito se le ve mejor aún)Esteee… bueno volviendo a mi bicho tricolor, lo que pasaba es que tenía un cólico del carajo por alguna de las porquerías que engulle cuando no lo veo, que van desde gomas para el pelo, aretes, tapitas de botellas, papel periódico o si esto fuera poco, hasta pedazos de puerta… basurero me salió el tío…. Pero sigue siendo adorable y es el único macho (que yo recuerde al menos) que dejo que se duerma entre mis piernas. Bueno sha basta de hablar de canes.


Tobby de 5 meses
Pasemos a otro punto…el otro día una buena amiga mía me dice ¿oye y ya tienes twitter? Y le contesto no, ni pienso tener. ¿por qué? Me pregunta ella, todo el mundo tiene y yo le digo ¿y? ¿es acaso esa una razón para que yo lo haga? Pero luego me puse a analizar la cosa del porque no me llama la atención. En la era de las redes sociales, el face me gusta, principalmente por una cuestión sentimental, pues me mantengo en contacto con gente que tengo lejos, compartimos fotos, links, etc, porque me mantiene al día con cosas que me interesan en un formato más atractivo y porque incluso me sirve como red profesional. Pero alguien me puede explicar ¿qué de atractivo tiene el twitter? Es que no le veo la utilidad, es demasiado corto para enterarte de algo, si quiero leer titulares de algún diario pues voy a la página web del diario y si hablamos de los twitters de aquellos que no los conoce ni su gato, que me importará a mi si hoy hace calor en algún lugar remoto (para eso existe la BBC weather) si alguien derramó la leche en el desayuno o cuantos pedos se tiró  el famoso de turno en el día…y es que eso es lo que te permite el twit, al ser tan breve y no tener nada interesante que decir hablas boludeces (además yo tengo mi post it y mi blog para hablar boludeces para que quiero seguir lanzándole más mierda al mundo en otro formato ¿no?) No sé, tal vez ya esté demasiado vieja para estas cosas y es por ello que no le veo la razón. En todo caso si de hablar breve se trata, pues está el skype o el msn ¿no? O por último el coge el teléfono carajo. En fin, a otra cosa mariposa.




La balanza me ha dicho que he perdido siete kilos, me he gastado una fortuna en un par de gafas de sol que están de muerte, un móvil que solo falta que me lave los dientes y estoy volviendo a formar mi colección de zapatillas All Star. (Las tenía de todos los colores hace un tiempo) Pero bueno era navidad y decidí mimarme un poco. Me fui cuatro días al norte de mi país y encontré el paraíso frente al mar, del cual ya colgaré un video muy pronto para que saquen sus propias conclusiones. Buscaba un lugar que tenga todas las comodidades pero que me permita perderme y lo encontré. Es lo que tiene de loco este terruño, por un lado no hay ni mierda y por el otro, tiene cada paraíso escondido que deja boquiabierto a cualquiera. Debo decir que el viaje me quedó cortísimo para todo el stress que traía encima. Fue literalmente una cosquilla…







La posada de los Tumpis- Tumbes Peru

 La mejor parte del regreso fue el reencuentro con mi perro, quien también se quedó en un súper refugio, sin jaulas ni esas cosas horribles, sino en dos mil metros cuadrados de jardín y con muchos amiguitos. Ni mis viejos me recibieron así cuando regresé del UK. Lo peor del regreso: que mi consorte le declaró definitivamente la guerra a los aviones (y eso que el vuelo duró solo hora y media y no hubo ni turbulencia), así que en mis próximas vacaciones al parecer viajaré sola, porque quien me conoce bien, sabe que si yo no salgo cada año fuera del país donde vivo, me muero de la depresión y me pongo de un carácter que ni yo me aguanto. Es una de las cosas que no podría dejar de hacer jamás, lo heredé de mi viejo y felizmente se ha llegado a un acuerdo pacífico y sin melodramas.

Se nos vienen las elecciones presidenciales (que miedo) espero que no salga ningún imbécil porque la verdad ya me dio flojera estar mudándome a cada rato. ¿Qué más puedo decir? A ver… nada que tan pronto termine con la bendita novela, retomaré hora cero que es una historia que habla de un tema que creo no haber tocado antes: la amistad y que hace tiempo me apetecía. Y ahora me voy que tengo que currar.

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