El silencio


Quién dijo que no se podía fotografiar?
 
 
 
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Sobre semanas no tan santas


Tobby, mi adorado perrito, ha desarrollado un reloj interno casi perfecto y las 6:15 de la mañana se ha convertido en la hora elegida para levantarse. Durante la semana me va perfecto pues no necesito alarma, pero los fines de semana y festivos ¡lo quiero… meter al wáter!!! No para de lloriquear hasta que logra que me levante  y le dé de comer.  Cuando termina, el muy “perro”, busca algún lugar cómodo y se vuelve a dormir dejando a su abnegada madre; quien encima se ha ido de copas la noche anterior; deambulando por todo el departamento cual zombie sin poder pegar ojo, mientras el resto del país duerme plácidamente, disfrutando del fin de semana largo.  Muerta de sed, enrumbo a la cocina y al abrir la refri, recuerdo que no he hecho compras y no tengo ni media Coca-Cola Zero. (seee soy adicta lo reconozco, bebo tres litros diarios) Con actitud positiva sin embargo, respiro y tomo un buen vaso de agua helada para luego sentarme en mi estudio a navegar por el Face.  Lo primero que me encuentro es varias fotos del tío Jesús con su cara de estreñido y toda su comitiva, adornando la página de inicio. Resoplo con resignación… a ver.. No tengo a medio planeta agregado en mi cuenta como otra gente, pero  tengo la suerte que justo dentro de ese grupo reducido  de amigos, tengo a dos, que son tan, pero tan católicos, que rellenan la página de inicio, de bendiciones y estampitas con todo el stock de santos que la iglesia se ha inventado a lo largo de la historia y oraciones  de diferentes tipos que, prometen concederte el deseo que quieras con tal que las pegues en tu muro… yo tengo un par de deseos pendientes si, pero prefiero mil veces dejarlos esperando, antes que poner una de esas estampitas. Además son horrendas… y me pregunto, con tanto dinero, ¿la iglesia no se puede contratar un buen asesor de imagen y un diseñador gráfico con buen gusto? Señores hasta la fe es cuestión de marketing en los días que vivimos... Y para seguir hablando de religión, ya que estamos en medio de la semana “santa”,  tenemos al papa este nuevo, que por cierto acaba de ser nombrado y ya me tiene podrida. Siempre he alucinado con la iglesia  católica y con el fanatismo disfrazado de sus feligreses, por la facilidad que tienen para quemar a sus figuras más importantes en tiempo record, de tanto exhibirlas y tratar de metérnoslas hasta en la sopa… y el nuevo pontifice es tan pero tan básico, que para exhibir austeridad, no tiene mejor idea que cambiar el lujoso trono papal por una silla sencilla de madera…. Me ha hecho acordar a esos políticos improvisados que ofrecen a cambio de votos, una bolsa de arroz a los más pobres como muestra de solidaridad… en fin… esta iglesia retrógrada, hipócrita y vendida, que no le da la gana de darse cuenta que cada vez tiene menos adeptos, me tiene sin cuidado… y que me perdonen los creyentes  pero a mí, la semana santa me importa en la medida que tengo muchos días festivos que disfrutar, yendo al teatro o al cine, comiendo lo que me provoque, bebiendo y saliendo de fiesta con los amigos o simplemente caminando con mi perro por el malecón de Miraflores hasta que el sol se esconda.  Si pues... me iré al infierno seguramente...uy que miedo!... Caminar, es una cosa que aprendí en las islas británicas y que trato de hacer muy a menudo para estar en forma, aparte claro, de mi rutina diaria de una hora de cycling y pesas. Al respecto debo decir que mi ciudad sigue poniéndose bonita y caminable.  Obviamente hay todavía mucho por hacer, como ordenar el tráfico endemoniado y mejorar la seguridad pero hacia allá vamos, ojalá y el auge económico que atravesamos nos dure lo suficiente. Dejo un video muy cortito que encontré de esta Lima que quiero y odio al mismo tiempo, de esta Lima que hace poco fue declarada Capital Gastronómica de América Latina.  Para alguien que se ha paseado bastante y vivido en diferentes sitios, y por lo tanto puede comparar, es más que evidente que como aquí, no se come en ninguna parte del mundo… y de verdad no exagero.
 
 



0:04  Ovalo Miraflores donde los semáforos te permiten pensar...
0:56  Via expresa, mi ruta diaria.
1:10  Algo que haré este año aunque me muera de miedo.
1:14  El parque de Tobby.
1:22  El puente... de uno de mis sueños recientes.
1:32  Restaurante "La Huaca" uno de mis favs.
1:38  La Plaza Mayor de noche.
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Con el don de la obicuidad...





Mi agenda esta semana. Con reuniones a la misma hora y audio conferencias, en distintos sitios de la ciudad. Si a esto le sumamos, lidiar con setecientos correos diarios y los temas de gestión del día a día...

AGOTADA!!!
 
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St Anne's Park- 14 (editado)


               El solo hecho de enterarme que Arianne había vuelto,  hizo que suspendiera mis acostumbrados paseos a St. Anne por pánico a que me viera y  me atrincheré en casa, como haría un soldado esperando un ataque mortal.  Se me borró el sueño de un plumazo, lo que hizo que empezara a deambular por todo el departamento hasta casi el amanecer mientras los recuerdos volvían transformados ahora en dardos hirientes, a atormentar un corazón que a duras penas había aprendido a vivir con resignación. Convulsionaba nuevamente mi vida, de la misma manera como la había convulsionado aquella tarde lluviosa en la que descubrí que era ella a quien yo estaba destinada a encontrar.

                Patrick preocupado insistía que comiera pero una sensación de estómago revuelto apenas me permitía probar bocado. Mi humor se volvió volátil, oscilando en cuestión de segundos, de la melancolía profunda a la desesperación.

                Una noche de esas en que me revolvía en la cama incapaz de dormir, me levanté y caminé hacia el salón. Tanteé la mesa del comedor hasta toparme con el álbum de fotos, en donde Patrick me había ayudado a guardar el recorte periodístico. Lo cogí y fui pasando hoja por hoja, todas esas fotos que ella había tomado alguna vez y que volvía a recordar al leer la leyenda Braile que le había puesto a cada una de ellas. Finalmente llegué al recorte y volví a repasarlo con mis dedos. Primero con el rostro hacia el techo, concentrándome en que mis dedos me revelaran algo más. Luego hice como si fijara la mirada en ese retazo de papel, buscando al menos una miserable sombra que en un descuido, mi carcelero destino hubiese dejado olvidada para mí. Me levanté torpemente y a tientas comencé a encender todos los interruptores de luz que casi nunca usaba. No percibí cambio alguno. Caminé entonces hacia la cocina y rebusqué en la alacena mientras varios paquetes de lo que supuse galletas y algunas latas de conservas, resbalaban hasta el piso. Finalmente encontré mi vieja linterna, la que solía usar obsesivamente justo en esos meses antes de quedar ciega y alumbrar lo poco del mundo que me quedaba.  Regresé al comedor a tropezones y  volví a coger el recorte. Apunté la linterna hacia el papel, apretando los ojos mientras la respiración se me entrecortaba. Pero esa negrura que me había envuelto sin piedad por tantos años, seguía ahí inquebrantable. Mis latidos se volvieron tan salvajes que retumbaron contra todas las paredes que me rodeaban. La sangre se disparó hacia mi cabeza al punto que pensé iba a explotarme. Todo mi cuerpo se erizó violentamente, haciéndome lanzar la linterna contra la mampara del balcón. Mientras el golpe seco de la linterna antecedía a un vidrio que estallaba en mil pedazos, liberé un grito, hondo y ronco, eco inevitable de ese dolor capeado por tanto tiempo, que volvía intacto, como un veneno que azotaba sin piedad mientras se mezclaba con mi sangre e iba formando miles de llagas a su paso. Fue en ese preciso momento que comprendí que aquella película perfecta que había construido en mi cabeza con su recuerdo y que se había convertido en mi boleto de supervivencia todos esos años, acababa de caducar y no tenía como renovarlo.  Sentí claramente como esa noche, mi corazón con mil remiendos, recibía una estocada mortal.

               
 
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La Ruta de los 23 Ds



Una de las cosas que sé hacer muy bien...

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FRAGMENTOS LITERARIOS VIII

Simplemente porque hoy me provoca él...

El Futuro

Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

...

Todavía hay tiempo para imaginar cualquier cosa, para creer que aparecerás en cualquier instante, para incluso creer que me buscas.

...

"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."

...

En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.

...

Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma...

...

No me dormiré, no me dormiré en toda la noche, veré la primera raya del alba en esa ventana de tantos insomnios, sabré que nada ha cambiado.

...

No se lo diría nunca, que su nombre me llegaba como los perfumes que atraen y repelen a la vez, como la tentación de acariciar el lomo de una ranita dorada sabiendo que el dedo va a tocar la esencia misma de la viscosidad. Cómo decirlo a nadie si tú mismo no podrías saber que la mención de tu nombre, el paso de tu imagen en cualquier recuerdo ajeno me desnuda y me vulnera, me tira en mí misma con ese impudor total que ningún espejo, ningún acto amoroso, ninguna reflexión despiadada pueden pueden dar con tanto encono; que a mi manera te quiero y que ese cariño te condena porque te vuelve mi denunciador, el que por quererme y ser querido me despoja y me desnuda y me hace verme como soy.


                                                                                                                     Textos: Julio Cortázar
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Esos lazos invisibles...


                El día de hoy celebramos el cumpleaños de mi madre. Nos reunimos en casa de mis viejos, a comer, disfrutar del verano en la piscina y juguetear con esos cuatro sobris que le ponen las pilas a las reuniones familiares desde hace seis años. Todo parecía indicar que iba ser un cumpleaños más, pero hay veces en que la vida se las arregla para sorprendernos y hacernos testigos de un acontecimiento mágico. Uno de esos capaces de transformar un día normal, en algo inolvidable.

                Ayer por la tarde, los melli junto a su mamá, o sea mi hermana menor, daban un paseo por el parque que está justo en frente a la casa de mis padres y de pronto se encontraron en el césped a un periquito australiano. Al parecer se había caído de algún árbol y no podía volar. Mi hermana buscó en los alrededores pero no encontró a otros de su especie. Por temor a que el pequeñín se convirtiera en banquete fácil de uno de los perritos que suelen pasear por ese parque, finalmente lo recogió, ante la algarabía de los melli, por esa primera mascota que les había caído literalmente del cielo.

                Hoy, el pequeño periquito australiano, era uno de los invitados en la celebración familiar. Cuando llegué y lo vi, lo noté particularmente tranquilo y callado, actitud que contrastaba con el entusiasmo de los niños, los cuales mostraban  orgullosos a su recientemente bautizado pajarito: Alitas. No voy a negar que, algo me apretó el estómago y me sentí triste al ver aquel diminuto pajarillo respirando soledad, en su jaulita recién comprada.

                Se abrió la primera botella de Cava y traté de sumergirme en una conversación con mi abue, a quien no había visitado desde hace meses y así olvidarme del pequeño periquito solitario convertido inconscientemente en una especie de monito de circo.

                Ahí estábamos todos, saboreando los diversos potajes de comida china que “San Delivery” nos había traído, cuando de pronto el callado Alitas, de la nada, comenzó a trinar de forma insistente, casi como exigiéndonos que no le diésemos la espalda. Dos segundos después, un periquito adulto, con la misma mezcla de azules, verdes y grises que el pequeñín enjaulado, se posó en uno de los manzanos del jardín. En ese mismo instante, comenzó un intercambio encendido de sonidos pajariles entre los dos. -esa debe ser su mamá- exclamó mi padre. Sin embargo, antes de que pudiéramos reaccionar, la presunta madre desapareció. Fue entonces que volteamos hacia mi hermana y le dijimos de forma unánime que debería regresar a Alitas de vuelta al lugar donde lo había encontrado. Ella respondió que de todas maneras  lo haría, pero en uno días cuando el pequeñín pudiera volar. Con esa respuesta tranquilizando nuestras consciencias, volvimos a la comida y a la conversación, a los chapuzones y a los juegos de pelota. Pero alguien al parecer no estaba dispuesto a caer en el olvido.

                Alitas se había puesto a cantar de nuevo.

                Al instante aparecieron tres periquitos igualitos, al punto que era difícil diferenciarlos,  acompañando a la presunta madre que ya nos había visitado. Comenzó nuevamente ese intercambio intenso de trinos entre toda la familia periquito. Éramos testigos de pronto, del reclamo desesperado de una madre y sus hijos por lo que legítimamente les pertenecía y un pequeñín que clamaba por su libertad.  

                 - Hay que soltarlo – dijimos todos mientras nos poníamos de pie.

                 Mi sobrina se puso a llorar y su hermano contemplaba la escena sin decir palabra. Mi hermana les trató de explicar la situación mientras sacábamos a Alitas de su jaula. Éste ni bien se vió libre, voló sin dudarlo en dirección a los otros periquitos, pero a medida que se acercaba fue perdiendo altura hasta aterrizar en tierra. Se quedó quieto nuevamente, como asimilando su derrota.

                Hubo un silencio lleno de preocupación ante el fallido intento de libertad de Alitas pues sabíamos ahora que podía hasta morirse de la tristeza si no se reunía con su familia, pero por otro lado, dejarlo en el parque también significaba condenarlo a una muerte segura.

                Contrariados por la disyuntiva, volvimos a cogerlo y levantarlo del suelo,  en medio de los trinos salpicados de angustia de sus congéneres. Casi podría decir que nuestro debate desesperado sobre qué hacer, había terminado por sincronizarse con el de los pajaritos, como si todos hubiéramos empezado a cantar en el mismo idioma. Alitas temblaba, lo acariciamos tratando de calmarlo.

                -  Vamos, intentémoslo otra vez – dijimos.

                En eso, las dos manos que lo sostenían se abrieron y él se quedo ahí parado unos segundos como si buscara entender la situación. Fue entonces que el canto subió de volumen. Se había vuelto casi ensordecedor, al punto de que parecía que estuviéramos en medio de un aviario sobrepoblado. Inesperadamente, la familia periquito salió cual manada, volando hacia el parque y Alitas al verlos, se alzó en vuelo detrás de ellos.

                Creo que por los siguientes cinco segundos, el tiempo se detuvo y a todos se nos cortó la respiración mientras veíamos como el pequeño se esforzaba por seguir a su familia. Despacio, fue extendiendo sus alas todo lo que podía, moviéndolas frenéticamente de arriba abajo, para no caer. Sonreí cuando ví que ganaba altura y finalmente alcanzaba al resto. Segundos después vimos como todos aterrizaban en uno de los robles más altos del parque. El canto de la familia periquito fue distinto esta vez.

                 Todos nos quedamos inmóviles un buen rato, mirando al cielo, por donde Alitas había alcanzado finalmente la libertad.

                   -   ¿Va estar bien? – preguntó mi sobrinita preocupada.

                   -    Si mi amor, ya está con quien tiene que estar- respondí.
 
 
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TUVE UN SUEÑO...

"SUBLIME"

 No hay otro adjetivo que califique la performance de Anne Hathaway en el solo de los Miserables
" I Dreamed a Dream".  Recuerdo que este fue el primer musical que vi en Londres, en el 2006 y es justamente en esta parte en donde las emociones me reventaron por dentro. Pero el ver este video de la nueva película, no solo me ha hecho viajar en el tiempo sino que ha hecho que vuelva a pasar por ese mismo torbellino de emociones que me dejaron sin respiro. No tendrá la misma voz de la cantante que yo vi en vivo aquella vez, pero su caracterización dramática es tan orgánica y viceral, que es imposible no rendirse a sus pies.
 
 


"But there are dreams that cannot be
And there are storms we cannot weather..."
 
"Pero hay sueños que no pueden ser y
hay tormentas que no podemos capear..."
 
 
 
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Can I erase you?


 ¿Y qué pasa si te lo sabes de memoria?

Advertencia: Aplicable solo en casos de encuentros fugaces complicados
de lo contrario buscar una bañera lo suficientemente grande donde meter la cabeza.
Texto: Syd  divertida ni bien vió la foto.
Foto: Linnea Strid
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Escritura automática mil y tantos...

"Perché non te ne vai un po a fanculo" fue una de las primeras frases que aprendí cuando me fui a vivir a Italia, hace ya una buena pila de años. Hoy la he recordado y dicho con muchas ganas pues amanecí con la MR (Mierda Revuelta) y la verdad que la frasecita relaja. Otro remedio para el humor de perros es hacer algo que me guste así que me he puesto a planear mi próximo viaje, lo cual no es tan barato como el remedio anterior, pero si logra mantenerme apartada por un buen tiempo de cualquier objeto rompible y salvaguarda la integridad de los que tengo cerca. Perche non te ne vai un po a fanculo.. eso ahí está otra vez... Decía... así lo de mi viaje, pues sí, que regreso a Europa y si la plata alcanza estaré pasando por tres países distintos: Los seguros: España que siempre es mi zona pivot e Italia que es el país de mi corazón, por la cantidad de recuerdos que guardo de mi adolescencia. El posible: Grecia, muero por ir al menos a Atenas y alguna islita, sería un sueño hecho realidad...veremos. En Italia, son dos ciudades Venecia, la ciudad de mis sueños y Génova, mi segundo hogar. El lugar cerca al mar, llamado Nervi, que pobló mi cabeza de imágenes, de olores, de sonidos y que por veintisiete años he deseado volver a visitar, si veintisiete, como me dijo una gran amiga Italiana con la que compartí carpeta en esos años: è tutta una vita che ti aspetto...imagino desde ya que esa parte del viaje será una tormenta de sentimientos que me dejarán hecha un zapato aplastado pero de eso se trata la vida ¿no? De que las cosas pasen por nosotros y nos marquen para siempre. En España dos ciudades también, Madrid y Barcelona, mi otro hogar. Asu tengo muchos hogares...me encanta, va con este espíritu nómade mío. Siempre pienso que el día que ya no pueda viajar, se habrá acabado mi tiempo en este mundo. Además somos Pet Shop Boys! Yesss... Alicia preguntó: Cuánto tiempo es para siempre y el sabio conejo blanco le contestó: A veces solo un segundo... A veces quisiera que no fuera así y que los momentos se lo curraran de verdad antes de pasar, así de fácil, a poblar nuestro disco duro...hay días como hoy en donde me paso la magia por el forro. Perche non te ne vai un po a fanculo.... Hace poco en una fiesta, me dijeron: ¿oye que te has hecho? pareces otra. Y me quedé pensando no en la transformación física que he sufrido en los últimos meses (hasta suena un poco heavy, no preocuparse que no me he cambiado de sexo) sino en la otra, en la que muy poca gente nota, en la de adentro.... No me lo propuse ni lo planeé, simplemente se dió y es que una siempre llega a un punto de quiebre en la que seguir siendo de una manera es imposible y la actitud ante muchas cosas cambia de forma natural. Solo diré que aprendí lo de "La vida es ahora" y es que no quiero que me sorprenda la muerte sin haber dicho y hecho lo que me nacía de adentro. Vivir a mi manera, joda a quien le joda. Piensa, siente, quiere, odia, llora, rie y si te vas de cara, vuélvete a levantar… Esta es mi vida ahora, rodeada de lunes a viernes, de granolas, yogures, fruta, verduras y mucho ejercicio... y es que la transformación gratis no existe, siempre hay un precio que pagar. Y como tercer remedio contra la MR está el único capaz de someter mi voluntad y lograr de mi todo lo que le viene en gana:
 
 
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St. Anne's Park - 13


    Tiré del alambre y lo anudé hasta dejarlo anclado a la base de corcho redondo. Al terminar, repasé con mis dedos la forma de madera, cerciorándome de que todo tuviera el tamaño preciso. Me levanté entonces de la mesa y caminé los cuatro pasos y medio que me separaban del estante. Tanteé con cuidado hasta encontrar un espacio vacío y coloqué la miniatura sobre la repisa. Fue entonces que sentí la puerta de la calle.  

-          Llegas tarde Patrick- comenté.

-          Siempre me pillas, ¿Cómo lo haces?

-          Porqué pasadas las ocho, me suenan las tripas.

-          Ya… voy a preparar algo de desayunar entonces- sentí que se alejaba cuando agregó- ¡Guau! Qué bonito te quedó ese, ¿una lechuza verdad?

-          Si…

-          Me gustan las aves nocturnas – dijo.

-          A mí también. Quien tuviera la misma destreza para volar en la oscuridad… - repuse mientras me asomaba al balcón para sentir el viento helado en la cara.

-          ¿Tienes una idea de cuantas mini esculturas llevas?

-          Mil ochocientas– contesté.

-          Estaba seguro que sabrías – afirmó con tono divertido.

-          No hay ningún misterio, termino una cada dos días. Si eso lo multiplicas por diez años y le restas los días que estuve enferma, ¡voilá! 

-          Vaya… creo que te contrataré para que me ayudes con mi contabilidad personal.

-          Tu contabilidad personal se verá afectada muy pronto sino haces algo de desayunar.

-          ¡De inmediato jefa!

                Sonreí al escucharlo golpear sus talones uno contra el otro como un militar antes de meterse en la cocina. Patrick llevaba tres años ocupándose de mí por las mañanas. Una nutrida fila de cuidadores desfilaron antes que él y a decir verdad, ninguno duró  más de un par de meses. Fue el único que no me trató como a un adorno obsoleto e inservible y más bien mostró una genuina vocación por ayudarme a que mis días fueran más llevaderos. Era un muchacho sensible,  espabilado, que sabía cuando ser discreto, lo cual me acomodó enseguida. Era además divertido y muy pronto terminó por ganarse mi afecto. Era el único amigo que hice y mantuve desde que empezó mi ceguera.

                Esas primeras horas del día eran las que más disfrutaba, cuando el café inundaba el departamento con ese aroma que tenía el poder de abrigarlo todo y ahuyentaba por momentos los fantasmas de mi soledad. En esos años que llevaba viviendo en la sombras, a parte del sentido del tacto, mi olfato se había desarrollado muchísimo. Había aprendido a leer el mundo a través de sus olores. Casi todos asociados a algún recuerdo de mi vida anterior y que terminaban por gatillar en mí sentimientos de todo tipo. El olor dulzón del verano me daba sosiego o el de madera húmeda  del invierno, que terminaba siempre sumergiéndome en la melancolía de las cosas perdidas. El chocolate recién hecho me devolvía la sensación de hogar y los jazmines me recordaban a ella. Los olores tenían la propiedad de hacerme viajar por todos los estados posibles y era a través de ese viaje, que podía comprobar que aún quedaba algo que funcionaba dentro de este corazón viejo y remendado.

                Esa mañana desayunamos en medio de la acostumbrada lectura que Patrick me hacía de un selecto grupo de diarios que él cuidaba siempre de comprar, camino a casa.

-          La misma mierda de siempre – resoplé.

-          Siempre me dices lo mismo cuando leo sobre política.

-          ¿Pero qué quieres? si todos los dirigentes estos,  son una sarta de rastreros avaros y codiciosos- agregué con fastidio.

-          Bueno ya. Pasemos a algo que no despierte tanto tu lado subversivo.

-          Arianne me decía lo mismo… que tenía un lado subversivo…

   Por un momento breve, guardé silencio mientras mi cabeza se perdía en la nebulosa de mis recuerdos. Sentí entonces que él acariciaba mi mano con afecto.

-          Bueno va… dale, cultura que nos viene bien para desasnarnos- dije en un intento por sacudirme ese brote súbito de melancolía.

-          Pues…la verdad, no hay nada de interesante… el cine… no salimos de la mierda de Harry Potter y sus secuelas…ohh… la semana que viene hay un concierto de Bach! Tenemos que ir- me propuso entusiasmado.

-          ¿Mejor porque no llevas a Samanta?

-          Porque ya no estoy con ella.

-          ¿Qué? Pero si hasta hace dos semanas querías bajarle la luna.

-          Ya… me equivoqué, muy superficial.

-          Ya… a mí se me hace que eres demasiado perfeccionista.

-          No lo creo… ¿sabes? a mí me pasará como a ti- afirmó.

-          ¿A qué te refieres?

-          Que cuando vea a la chica de mis sueños, lo sabré enseguida.

                Tuve el impulso de responderle. De decirle que no le deseaba tal suerte, que era preferible sentir algo cotidiano y tranquilo, que un amor inmenso y desbocado, capaz de hacernos perder la razón. Pero callé, callé porque finalmente yo no tenía ningún derecho a matarle la ilusión.

-          Bueno va, lee… - le dije entonces.

-          Hay un evento del Irish Independent en el Hilton. La vigésima quinta premiación a los más destacados periodistas del año y como coincide con las bodas de plata del periódico, pues han decidido tirar la casa por la ventana. Va venir mucha importante. Aquí mencionan…a ver al Times, a los del Guardian, la BBC… ¡guau! Parece que va estar muy interesante. Aquí está la lista de premiados. Johnny Tyler por la disertación sobre el calentamiento global, Brian Zeppa por el documental del IRA, varios premios a mejores entrevistadores de la farándula... y darán a conocer al que se lleve el titulo del periodista del año. Es una terna, Johnny Tyler otra vez, Armando Johnson por el reportaje sobre el aborto y…

Patrick guardó silencio de pronto. Casi de inmediato sentí una tensión poco usual en él que flotaba en el aire.  

-          ¿Qué te pasa?- Le pregunté extrañada.

-          Nada es que… tengo sed, ¿Quieres algo de tomar?- me dijo con clara intención de cambiar de tema.

-          ¿Patrick que pasa? – insistí. El siguió en silencio y muy quieto. Me comencé a inquietar- Habla de una vez, ¿Quieres?

-          Van a premiar a la periodista Irlandesa que realizó el documental sobre los veteranos del conflicto de Irlanda del Norte. Ese que jodió a medio país ¿te acuerdas?

-          Si claro, imagino que por el cambio de gobierno, ya pueden decir quien lo hizo. Mira tú, nunca sospeché que el Independent lo hubiera financiado.

-          Pues, aquí ponen el nombre de la periodista… Arianne Reynolds.

                Me quedé quieta, tratando de contener el vuelco súbito que acababa de sufrir mi corazón. Por un momento pensé que iba a ahogarme mientras mis latidos retumbaban violentamente en mis oídos. Hice un esfuerzo por controlar con mi respiración, esa tormenta violenta que el saberla de regreso me había provocado. Finalmente la taquicardia cesó y dio paso a sendas lagrimas que bañaron mi rostro. Sonreí.

-          Así que Arianne hizo ese reportaje…

-          Si… aquí hay una foto de ella.

-          ¿Dónde?

                El extendió el diario sobre la mesa y guió mi mano hasta el papel. Yo repasé esa zona con mis dedos, como si con ello pudiera acariciarla. Cerré los ojos buscando una imagen suya, una de las tantas que solía traer a mi cama por las noches o poblar mis sueños desde hacía tanto. Por primera vez, todos esos recuerdos que había guardado con el cuidado de quién vigila su tesoro más preciado, no me fueron suficientes.  

-          ¿Me la puedes describir? – le pedí casi sin voz.

-          Tiene el cabello largo hasta los hombros, liso, muy negro. Algunas canas lo salpican. Su rostro es delgado y anguloso, muy blanco, tiene líneas de expresión, de esas que le salen a uno que suele arrugar la frente. Lleva un jersey color azul, con cuello alto. Sus ojos son…

-          Azules, casi transparentes, que te miran como traspasándote…

-          Si… es muy guapa.

-          Lo sé… - le dije entre las lágrimas que me brotaban sin reparo. Él me extendió un Kleenex.- ¿sabes Patrick? Hasta ahora había pensado que estar sin ella había sido el mayor castigo que podía recibir en esta vida, pero me equivoqué. Mi mayor castigo es justamente este, el no poderla ver otra vez, reconocerla, descubrir sus rasgos nuevos, que las marcas de su rostro me cuenten su historia, esa que me perdí, que ya no me pertenece… no tienes una idea de cómo duele.


                En eso sentí que se acercó a mí y me abrazó con fuerza. Al principio intenté resistirme pero finalmente me abandoné y él me sostuvo. Lloré un buen rato, hasta que finalmente pude respirar hondo y largo.

-          ¿Y si vamos de incognito a la ceremonia?- Me propuso sorprendiéndome- No podrás verla pero si escucharla…

-          ¡Te volviste loco!

                Exclamé tajante, antes de levantarme de improviso y alejarme todo lo que podía de él y su proposición descabellada.
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St. Anne's Park - 12


           Después de recuperarme de ese accidente con la mesa, episodios similares, comenzaron a repetirse con mayor frecuencia. Me ocurría solo por las noches. Las luces de las calles aparecían ante mis ojos bastante tenues, casi como velas a punto de ser tragadas por un gran marco informe de un negro absoluto que rodeaba mi vista. Era como mirar a través de un agujero. Este raro fenómeno, hizo que empezase a caminar con zozobra por las calles de Dublín cuando estaba sola. Reduje entonces, mi radio de acción a esas horas, limitándome a zonas cercanas a mi edificio o a St. Annes, en donde me conocía de memoria todo el mobiliario urbano y demás cosas con las que podía tropezar.   Sin embargo y a pesar de lo vulnerable que comencé a sentirme, decidí ignorar todo aquello que amenazara mi felicidad recién conquistada.  Le eché la culpa al stress y creí que si me esforzaba por verlo todo dentro de los parámetros de lo normal, pronto esa sensación de inseguridad desaparecería y las noches volverían a ser las de siempre. Lo mismo hice con mi secreto. Me dejé envolver, consciente o inconscientemente, no lo sé, por una especie de amnesia que me distanció de ese asesinato, al punto de auto convencerme que se había tratado de un mal sueño.  

                Fue en aquella época, que creí que había logrado escapar de las consecuencias de mi crimen, pero me equivoqué.

                A comienzos del otoño de 1990, aquel agujero negro apareció también durante el día hasta volverse permanente y me asusté. Sin que Arianne se enterara, acudí al médico. Es curioso pero después de tantos años, recuerdo a la perfección el rostro del doctor Brown, leyendo mi veredicto con sus gafas negras a lo Woody Allen. Tras varios análisis y pruebas que mantuvieron en vilo cerca de cuatro semanas, finalmente recibí mi sentencia: Cadena perpetua.

-          Es congénito...

-          ya... y ese tratamiento que propone, ¿que lograría?

-          Retrasar el proceso unos años.

-          Pero al final sería lo mismo. ¿Verdad?

-          Siento no poder decirle otra cosa.

-          No se preocupe. Tal vez si fuera dueño de uno de esos laboratorios en donde esconden las curas para llenarse los bolsillos manteniendo a la gente enferma,  podría decirme otra cosa,  pero es solo un doctor que hace su trabajo...gracias de todos modos.

                Recuerdo que al salir del Blacker Medical Center, la luz del día me dolió hasta las sienes. Caminé un par de calles y  casi por inercia me adentré en el Grandie’s Pub de City Line. Ordené la sopa del día, una hamburguesa con queso y tocino, papas fritas y helado de chocolate. Engullí todo en siete minutos, a pesar de no tener hambre. El agujero que se me había formado en el estómago era tan grande que pensé que con toda esa comida podría llenarlo y así dejaría de sentir ese frio insoportable, traspasándome y amenazando con dejarme sin respiro, inerte para siempre.   Mientras comía, mis ojos se quedaron inmóviles sobre el gran ventanal desde el cual, al otro lado de la calle, se podía ver un gran anuncio promocionando un tour al África. El slogan decía: Conoce tus límites en este mágico y exótico destino. Estaba claro que yo no había necesitado salir de Dublín para conocer mis límites...y consecuencia de ello, tocaba entonces emprender el largo camino hacia mi expiación.
                Cuando abandoné el pub, el sol estaba por ponerse. Me encaminé hacia St. Anne y me senté en la banca solitaria a mirar ese atardecer. En un momento alcé la vista al sentir el ruido de las hojas de los arboles golpearse unas contra otras. Al fondo, se escuchaba el graznido de los patos en el lago. Cerré los ojos, tratando de poner mi mente en blanco y abandonándome a esa especie de orquesta de sonidos, dejándome acunar con ellos mientras mis mejillas se mojaban de desconsuelo. Miré entonces como el sol caía rendido sobre el horizonte e iba apagándose lentamente, casi como mis ojos. Memoricé esa tarde, cada detalle, cada gama de color, los pliegues de los troncos torcidos, el amarillo de las hojas a punto de caer, los anaranjados y rojos de los picos de los patos en contraste con su blanquísimo plumaje. La banca de bronce y madera envejecida en donde la besé por primera vez...

                  Había quedado con Arianne en encontrarnos en casa para cenar pero yo no aparecí hasta entrada la noche, cuando estuve segura de haber juntado nuevamente todos los pedacitos de mi alma rota . Ni bien la vi me le acerqué y la abracé como si con ello lograra fundirla a mi cuerpo el resto de la vida. Minutos después yacía junto a ella, desnuda sobre la cama.  La contemplé largo rato, recorriendo cada parte de su cuerpo con mis dedos. Me detuve mucho más que otras veces,  sintiendo cada textura, cada curva, cada pliegue, casi como si fuera a después tener que dibujarla de memoria un millón de veces. Cuando terminé de amar hasta su más pequeño detalle, me recosté a su altura y le susurré: véndame. Mientras ella me amaba esa noche, yo no solo sentí que me moría sino que traté de reproducir algo parecido a una película de Arianne en mi cabeza, tratando de asociar cada movimiento que hacía a una imagen concreta, anotando mentalmente los detalles que faltaban para poder robarlos en los días siguientes y esa película corriera con facilidad. Supe desde ese momento que el camino hacia la expiación de mis culpas, solo podría ser soportado si de alguna forma me la llevaba conmigo. Semanas después, cuando finalmente logré reproducir esa película a la perfección, comencé a armar mi discurso de despedida.   

                El discurso, dicho con la frialdad de quien aparenta no tener corazón, fue tan cruel que aún ahora, después de tantos años, me es imposible reproducirlo. Frases estudiadas para clavarse como estacas ardientes dentro de la carne hecha trizas. Solo repetiré una, la más lapidaria de todas: Yo lo maté... después de acostarme con él.

                Aún se me parte lo que queda de este corazón enfermo de silencio, al recordar la expresión de su rostro, teñido de horror por mi confesión. Me miró como quien mira a una bestia a punto de atacar. Después fue aún peor. Había conocido la tristeza y la felicidad de sus maravillosos ojos pero nunca los vi como esa tarde: Devastados.

                Tras varios segundos sin reacción, finalmente corrió hacia mí, desesperada y me abrazó con fuerza, como si quisiera negarse a esa verdad que le había prácticamente vomitado a la cara. Pero luego, aún con el rostro hundido en mi pecho, me golpeó repetidas veces, como con una mezcla de impotencia y furia casi salvaje. No puse resistencia y sentí como cada uno de sus golpes cargados de amargura,  abrían una herida sangrante dentro de mí. Cerré los ojos para no llorar al darme cuenta que acaba de convertirme en la verdugo del ser que más adoraba. Creo que no hay nada más insoportable que ser consciente de ello y no poder hacer nada para evitarlo.

                Esa fue la última vez que la vi.

                Las semanas que siguieron a esa tarde, fueron como vivir en un infierno de dudas y pena, esperando a que vinieran en cualquier momento por mí. Pero ella no me delató y más bien me condenó a algo peor. A una lucha desesperante por no sucumbir a mi egoísmo y salir corriendo en su búsqueda. Todo ese calvario fue mucho más difícil por esa inexplicable conexión que tenía con ella. A la distancia, en sueños o despierta, seguía presintiéndola, con una claridad tal que casi sentía su dolor flotando por mis venas hasta encogerme los huesos. La angustia no me dejaba ni un minuto y fácilmente hubiese vendido mi alma al diablo con tal de poder abrazarla una vez más… pero eso habría sido condenarla a una vida sin futuro.

                Fue una lucha también por aprender a lidiar con esa soledad que en el silencio de mi habitación me golpeaba sin piedad y parecía iba a tragarme en cualquier momento. Las sombras que me acechaban constantemente me importaron muy poco. Nada se comparaba a la oscuridad que su ausencia había sembrado en mi alma y a la visión desoladora de una vida sin ella.


Foto: A'antist

                Tres meses después de ese último encuentro en el parque, supe que Arianne había dejado Dublín.  Lloré por dos días enteros. Fue como si me arrancaran el último suspiro de vida que me quedaba pero también me enorgullecí tanto de ella. La niña de mis ojos finalmente lo había logrado. Había decidido luchar por ella misma y se había lanzado a la conquista de ese mundo que se abría a sus pies. Tuve claro entonces que, yo pronto me convertiría en un accidente más en su vida, al cual tarde o temprano terminaría olvidando.

                Dicen que en la vida todo se paga y yo comprobé en esos años que era verdad. Había logrado eludir a la justicia humana pero me había olvidado de la otra, esa de la que tanto solía hablar mi madre cuando vivía y de la que nadie finalmente escapa. 


                Perdí la vista por completo un viernes 25 de Julio de 1995. Tenía veintiocho años.
 




 
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