Sobre semanas no tan santas
Tobby, mi adorado perrito, ha desarrollado un
reloj interno casi perfecto y las 6:15 de la mañana se ha convertido en la hora
elegida para levantarse. Durante la semana me va perfecto pues no necesito
alarma, pero los fines de semana y festivos ¡lo quiero… meter al wáter!!! No
para de lloriquear hasta que logra que me levante y le dé de comer. Cuando termina, el muy “perro”, busca algún lugar cómodo y se vuelve a dormir dejando a su abnegada
madre; quien encima se ha ido de copas la noche anterior; deambulando por todo
el departamento cual zombie sin poder pegar ojo, mientras el resto del país duerme
plácidamente, disfrutando del fin de semana largo. Muerta de sed, enrumbo a la cocina y al abrir
la refri, recuerdo que no he hecho compras y no tengo ni media Coca-Cola Zero. (seee soy adicta lo reconozco, bebo tres litros diarios) Con actitud positiva sin embargo, respiro y tomo
un buen vaso de agua helada para luego sentarme en mi estudio a navegar por el
Face. Lo primero que me encuentro es varias fotos del tío Jesús con su cara de estreñido y toda su comitiva, adornando la página de inicio.
Resoplo con resignación… a ver.. No tengo a medio planeta agregado en mi cuenta
como otra gente, pero tengo la suerte
que justo dentro de ese grupo reducido de
amigos, tengo a dos, que son tan, pero tan católicos, que rellenan la página de
inicio, de bendiciones y estampitas con todo el stock de santos que la iglesia
se ha inventado a lo largo de la historia y oraciones de diferentes tipos que, prometen concederte
el deseo que quieras con tal que las pegues en tu muro… yo tengo un par de
deseos pendientes si, pero prefiero mil veces dejarlos esperando, antes que
poner una de esas estampitas. Además son horrendas… y me pregunto, con tanto
dinero, ¿la iglesia no se puede contratar un buen asesor de imagen y un
diseñador gráfico con buen gusto? Señores hasta la fe es cuestión de marketing
en los días que vivimos... Y para seguir hablando de religión, ya que estamos
en medio de la semana “santa”, tenemos
al papa este nuevo, que por cierto acaba de ser nombrado y ya me tiene podrida.
Siempre he alucinado con la iglesia católica
y con el fanatismo disfrazado de sus feligreses, por la facilidad que tienen para quemar a sus figuras más importantes en tiempo
record, de tanto exhibirlas y tratar de metérnoslas hasta en la sopa… y el nuevo pontifice
es tan pero tan básico, que para exhibir austeridad, no tiene mejor idea que cambiar
el lujoso trono papal por una silla sencilla de
madera…. Me ha hecho acordar a esos políticos improvisados que ofrecen a cambio
de votos, una bolsa de arroz a los más pobres como muestra de solidaridad… en
fin… esta iglesia retrógrada, hipócrita y vendida, que no le da la gana de
darse cuenta que cada vez tiene menos adeptos, me tiene sin cuidado… y que me perdonen
los creyentes pero a mí, la semana santa
me importa en la medida que tengo muchos días festivos que disfrutar, yendo al
teatro o al cine, comiendo lo que me provoque, bebiendo y saliendo de fiesta
con los amigos o simplemente caminando con mi perro por el malecón de
Miraflores hasta que el sol se esconda. Si pues... me iré al infierno seguramente...uy que miedo!... Caminar, es una cosa que aprendí en las islas
británicas y que trato de hacer muy a menudo para estar en forma, aparte claro,
de mi rutina diaria de una hora de cycling y pesas. Al respecto debo decir que mi
ciudad sigue poniéndose bonita y caminable. Obviamente hay todavía mucho por hacer, como
ordenar el tráfico endemoniado y mejorar la seguridad pero hacia allá vamos,
ojalá y el auge económico que atravesamos nos dure lo suficiente. Dejo un video muy cortito
que encontré de esta Lima que quiero y odio al mismo tiempo, de esta Lima que
hace poco fue declarada Capital Gastronómica de América Latina. Para alguien que se ha paseado bastante y
vivido en diferentes sitios, y por lo tanto puede comparar, es más que
evidente que como aquí, no se come en ninguna parte del mundo… y de verdad no exagero.
0:04 Ovalo Miraflores donde los semáforos te permiten pensar...
0:56 Via expresa, mi ruta diaria.
1:10 Algo que haré este año aunque me muera de miedo.
1:14 El parque de Tobby.
1:22 El puente... de uno de mis sueños recientes.
1:32 Restaurante "La Huaca" uno de mis favs.
1:38 La Plaza Mayor de noche.
Con el don de la obicuidad...
Mi agenda esta semana. Con reuniones a la misma hora y audio conferencias, en distintos sitios de la ciudad. Si a esto le sumamos, lidiar con setecientos correos diarios y los temas de gestión del día a día...
AGOTADA!!!
St Anne's Park- 14 (editado)
El solo hecho de enterarme que Arianne había
vuelto, hizo que suspendiera mis
acostumbrados paseos a St. Anne por pánico a que me viera y me atrincheré en casa, como haría un soldado
esperando un ataque mortal. Se me borró
el sueño de un plumazo, lo que hizo que empezara a deambular por todo el
departamento hasta casi el amanecer mientras los recuerdos volvían
transformados ahora en dardos hirientes, a atormentar un corazón que a duras
penas había aprendido a vivir con resignación. Convulsionaba nuevamente mi
vida, de la misma manera como la había convulsionado aquella tarde lluviosa en
la que descubrí que era ella a quien yo estaba destinada a encontrar.
Patrick
preocupado insistía que comiera pero una sensación de estómago revuelto apenas
me permitía probar bocado. Mi humor se volvió volátil, oscilando en cuestión de
segundos, de la melancolía profunda a la desesperación.
Una
noche de esas en que me revolvía en la cama incapaz de dormir, me levanté y
caminé hacia el salón. Tanteé la mesa del comedor hasta toparme con el álbum de
fotos, en donde Patrick me había ayudado a guardar el recorte periodístico. Lo
cogí y fui pasando hoja por hoja, todas esas fotos que ella había tomado alguna
vez y que volvía a recordar al leer la leyenda Braile que le había puesto a
cada una de ellas. Finalmente llegué al recorte y volví a repasarlo con mis
dedos. Primero con el rostro hacia el techo, concentrándome en que mis dedos me
revelaran algo más. Luego hice como si fijara la mirada en ese retazo de papel,
buscando al menos una miserable sombra que en un descuido, mi carcelero destino
hubiese dejado olvidada para mí. Me levanté torpemente y a tientas comencé a
encender todos los interruptores de luz que casi nunca usaba. No percibí cambio
alguno. Caminé entonces hacia la cocina y rebusqué en la alacena mientras
varios paquetes de lo que supuse galletas y algunas latas de conservas,
resbalaban hasta el piso. Finalmente encontré mi vieja linterna, la que solía
usar obsesivamente justo en esos meses antes de quedar ciega y alumbrar lo poco
del mundo que me quedaba. Regresé al
comedor a tropezones y volví a coger el
recorte. Apunté la linterna hacia el papel, apretando los ojos mientras la
respiración se me entrecortaba. Pero esa negrura que me había envuelto sin
piedad por tantos años, seguía ahí inquebrantable. Mis latidos se volvieron tan
salvajes que retumbaron contra todas las paredes que me rodeaban. La sangre se
disparó hacia mi cabeza al punto que pensé iba a explotarme. Todo mi cuerpo se
erizó violentamente, haciéndome lanzar la linterna contra la mampara del balcón.
Mientras el golpe seco de la linterna antecedía a un vidrio que estallaba en
mil pedazos, liberé un grito, hondo y ronco, eco inevitable de ese dolor capeado
por tanto tiempo, que volvía intacto, como un veneno que azotaba sin piedad mientras
se mezclaba con mi sangre e iba formando miles de llagas a su paso. Fue en ese
preciso momento que comprendí que aquella película perfecta que había
construido en mi cabeza con su recuerdo y que se había convertido en mi boleto
de supervivencia todos esos años, acababa de caducar y no tenía como renovarlo.
Sentí claramente como esa noche, mi
corazón con mil remiendos, recibía una estocada mortal.
FRAGMENTOS LITERARIOS VIII
Simplemente porque hoy me provoca él...
El Futuro
Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
...
Todavía hay tiempo para imaginar cualquier cosa, para creer que aparecerás en cualquier instante, para incluso creer que me buscas.
...
"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."
...
En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.
...
Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma...
...
No me dormiré, no me dormiré en toda la noche, veré la primera raya del alba en esa ventana de tantos insomnios, sabré que nada ha cambiado.
...
No se lo diría nunca, que su nombre me llegaba como los perfumes que atraen y repelen a la vez, como la tentación de acariciar el lomo de una ranita dorada sabiendo que el dedo va a tocar la esencia misma de la viscosidad. Cómo decirlo a nadie si tú mismo no podrías saber que la mención de tu nombre, el paso de tu imagen en cualquier recuerdo ajeno me desnuda y me vulnera, me tira en mí misma con ese impudor total que ningún espejo, ningún acto amoroso, ninguna reflexión despiadada pueden pueden dar con tanto encono; que a mi manera te quiero y que ese cariño te condena porque te vuelve mi denunciador, el que por quererme y ser querido me despoja y me desnuda y me hace verme como soy.
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Fragmentos literarios
El Futuro
Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
...
Todavía hay tiempo para imaginar cualquier cosa, para creer que aparecerás en cualquier instante, para incluso creer que me buscas.
...
"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."
...
En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.
...
Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma...
...
No me dormiré, no me dormiré en toda la noche, veré la primera raya del alba en esa ventana de tantos insomnios, sabré que nada ha cambiado.
...
No se lo diría nunca, que su nombre me llegaba como los perfumes que atraen y repelen a la vez, como la tentación de acariciar el lomo de una ranita dorada sabiendo que el dedo va a tocar la esencia misma de la viscosidad. Cómo decirlo a nadie si tú mismo no podrías saber que la mención de tu nombre, el paso de tu imagen en cualquier recuerdo ajeno me desnuda y me vulnera, me tira en mí misma con ese impudor total que ningún espejo, ningún acto amoroso, ninguna reflexión despiadada pueden pueden dar con tanto encono; que a mi manera te quiero y que ese cariño te condena porque te vuelve mi denunciador, el que por quererme y ser querido me despoja y me desnuda y me hace verme como soy.
Textos: Julio Cortázar
Esos lazos invisibles...
El día de hoy celebramos el
cumpleaños de mi madre. Nos reunimos en casa de mis viejos, a comer, disfrutar
del verano en la piscina y juguetear con esos cuatro sobris que le ponen las pilas
a las reuniones familiares desde hace seis años. Todo parecía indicar que iba
ser un cumpleaños más, pero hay veces en que la vida se las arregla para
sorprendernos y hacernos testigos de un acontecimiento mágico. Uno de esos
capaces de transformar un día normal, en algo inolvidable.
Ayer
por la tarde, los melli junto a su mamá, o sea mi hermana menor, daban un paseo
por el parque que está justo en frente a la casa de mis padres y de pronto se
encontraron en el césped a un periquito australiano. Al parecer se había caído
de algún árbol y no podía volar. Mi hermana buscó en los alrededores pero no encontró
a otros de su especie. Por temor a que el pequeñín se convirtiera en banquete fácil
de uno de los perritos que suelen pasear por ese parque, finalmente lo recogió,
ante la algarabía de los melli, por esa primera mascota que les había caído literalmente
del cielo.
Hoy,
el pequeño periquito australiano, era uno de los invitados en la celebración
familiar. Cuando llegué y lo vi, lo noté particularmente tranquilo y callado,
actitud que contrastaba con el entusiasmo de los niños, los cuales mostraban orgullosos a su recientemente bautizado
pajarito: Alitas. No voy a negar que, algo me apretó el estómago y me sentí
triste al ver aquel diminuto pajarillo respirando soledad, en su jaulita recién
comprada.
Se
abrió la primera botella de Cava y traté de sumergirme en una conversación con
mi abue, a quien no había visitado desde hace meses y así olvidarme del pequeño
periquito solitario convertido inconscientemente en una especie de monito de
circo.
Ahí
estábamos todos, saboreando los diversos potajes de comida china que “San
Delivery” nos había traído, cuando de pronto el callado Alitas, de la nada,
comenzó a trinar de forma insistente, casi como exigiéndonos que no le diésemos
la espalda. Dos segundos después, un periquito adulto, con la misma mezcla de
azules, verdes y grises que el pequeñín enjaulado, se posó en uno de los manzanos
del jardín. En ese mismo instante, comenzó un intercambio encendido de sonidos
pajariles entre los dos. -esa debe ser su mamá- exclamó mi padre. Sin embargo,
antes de que pudiéramos reaccionar, la presunta madre desapareció. Fue entonces
que volteamos hacia mi hermana y le dijimos de forma unánime que debería regresar
a Alitas de vuelta al lugar donde lo había encontrado. Ella respondió que de
todas maneras lo haría, pero en uno días
cuando el pequeñín pudiera volar. Con esa respuesta tranquilizando nuestras
consciencias, volvimos a la comida y a la conversación, a los chapuzones y a
los juegos de pelota. Pero alguien al parecer no estaba dispuesto a caer en el
olvido.
Alitas
se había puesto a cantar de nuevo.
Al
instante aparecieron tres periquitos igualitos, al punto que era difícil diferenciarlos,
acompañando a la presunta madre que ya
nos había visitado. Comenzó nuevamente ese intercambio intenso de trinos entre toda
la familia periquito. Éramos testigos de pronto, del reclamo desesperado de una
madre y sus hijos por lo que legítimamente les pertenecía y un pequeñín que clamaba
por su libertad.
- Hay que
soltarlo – dijimos todos mientras nos poníamos de pie.
Mi sobrina se puso a llorar y su hermano
contemplaba la escena sin decir palabra. Mi hermana les trató de explicar la
situación mientras sacábamos a Alitas de su jaula. Éste ni bien se vió libre,
voló sin dudarlo en dirección a los otros periquitos, pero a medida que se
acercaba fue perdiendo altura hasta aterrizar en tierra. Se quedó quieto
nuevamente, como asimilando su derrota.
Hubo
un silencio lleno de preocupación ante el fallido intento de libertad de Alitas
pues sabíamos ahora que podía hasta morirse de la tristeza si no se reunía con
su familia, pero por otro lado, dejarlo en el parque también significaba
condenarlo a una muerte segura.
Contrariados
por la disyuntiva, volvimos a cogerlo y levantarlo del suelo, en medio de los trinos salpicados de angustia
de sus congéneres. Casi podría decir que nuestro debate desesperado sobre qué
hacer, había terminado por sincronizarse con el de los pajaritos, como si todos
hubiéramos empezado a cantar en el mismo idioma. Alitas temblaba, lo
acariciamos tratando de calmarlo.
- Vamos, intentémoslo otra vez – dijimos.
En
eso, las dos manos que lo sostenían se abrieron y él se quedo ahí parado unos
segundos como si buscara entender la situación. Fue entonces que el canto subió de volumen. Se había vuelto casi ensordecedor, al punto
de que parecía que estuviéramos en medio de un aviario sobrepoblado. Inesperadamente,
la familia periquito salió cual manada, volando hacia el parque y Alitas al
verlos, se alzó en vuelo detrás de ellos.
Creo
que por los siguientes cinco segundos, el tiempo se detuvo y a todos se nos
cortó la respiración mientras veíamos como el pequeño se esforzaba por seguir a
su familia. Despacio, fue extendiendo sus alas todo lo que podía, moviéndolas frenéticamente
de arriba abajo, para no caer. Sonreí cuando ví que ganaba altura y finalmente
alcanzaba al resto. Segundos después vimos como todos aterrizaban en uno de los
robles más altos del parque. El canto de la familia periquito fue distinto esta
vez.
Todos nos quedamos inmóviles un buen rato,
mirando al cielo, por donde Alitas había alcanzado finalmente la libertad.
- ¿Va estar bien? – preguntó mi sobrinita preocupada.
- Si mi amor, ya está con quien tiene que estar- respondí.
TUVE UN SUEÑO...
"SUBLIME"
No hay otro adjetivo que califique la performance de Anne Hathaway en el solo de los Miserables
" I Dreamed a Dream". Recuerdo que este fue el primer musical que vi en Londres, en el 2006 y es justamente en esta parte en donde las emociones me reventaron por dentro. Pero el ver este video de la nueva película, no solo me ha hecho viajar en el tiempo sino que ha hecho que vuelva a pasar por ese mismo torbellino de emociones que me dejaron sin respiro. No tendrá la misma voz de la cantante que yo vi en vivo aquella vez, pero su caracterización dramática es tan orgánica y viceral, que es imposible no rendirse a sus pies.
"But there are dreams that cannot be
And there are storms we cannot weather..."
And there are storms we cannot weather..."
"Pero hay sueños que no pueden ser y
hay tormentas que no podemos capear..."
Can I erase you?
¿Y qué pasa si te lo sabes de memoria?
Advertencia: Aplicable solo en casos de encuentros fugaces complicados
de lo contrario buscar una bañera lo suficientemente grande donde meter la cabeza.
Texto: Syd divertida ni bien vió la foto.
Foto: Linnea Strid
Escritura automática mil y tantos...
"Perché non te ne vai un po a fanculo" fue una de las primeras frases que aprendí cuando me fui a vivir a Italia, hace ya una buena pila de años. Hoy la he recordado y dicho con muchas ganas pues amanecí con la MR (Mierda Revuelta) y la verdad que la frasecita relaja.
Otro remedio para el humor de perros es hacer algo que me guste así que me he puesto a planear mi próximo viaje, lo cual no es tan barato como el remedio anterior, pero si logra mantenerme apartada por un buen tiempo de cualquier objeto rompible y salvaguarda la integridad de los que tengo cerca.
Perche non te ne vai un po a fanculo.. eso ahí está otra vez...
Decía... así lo de mi viaje, pues sí, que regreso a Europa y si la plata alcanza estaré pasando por tres países distintos: Los seguros: España que siempre es mi zona pivot e Italia que es el país de mi corazón, por la cantidad de recuerdos que guardo de mi adolescencia. El posible: Grecia, muero por ir al menos a Atenas y alguna islita, sería un sueño hecho realidad...veremos.
En Italia, son dos ciudades Venecia, la ciudad de mis sueños y Génova, mi segundo hogar. El lugar cerca al mar, llamado Nervi, que pobló mi cabeza de imágenes, de olores, de sonidos y que por veintisiete años he deseado volver a visitar, si veintisiete, como me dijo una gran amiga Italiana con la que compartí carpeta en esos años: è tutta una vita che ti aspetto...imagino desde ya que esa parte del viaje será una tormenta de sentimientos que me dejarán hecha un zapato aplastado pero de eso se trata la vida ¿no? De que las cosas pasen por nosotros y nos marquen para siempre. En España dos ciudades también, Madrid y Barcelona, mi otro hogar. Asu tengo muchos hogares...me encanta, va con este espíritu nómade mío. Siempre pienso que el día que ya no pueda viajar, se habrá acabado mi tiempo en este mundo.
Además somos Pet Shop Boys! Yesss...
Alicia preguntó: Cuánto tiempo es para siempre y el sabio conejo blanco le contestó: A veces solo un segundo... A veces quisiera que no fuera así y que los momentos se lo curraran de verdad antes de pasar, así de fácil, a poblar nuestro disco duro...hay días como hoy en donde me paso la magia por el forro.
Perche non te ne vai un po a fanculo....
Hace poco en una fiesta, me dijeron: ¿oye que te has hecho? pareces otra. Y me quedé pensando no en la transformación física que he sufrido en los últimos meses (hasta suena un poco heavy, no preocuparse que no me he cambiado de sexo) sino en la otra, en la que muy poca gente nota, en la de adentro.... No me lo propuse ni lo planeé, simplemente se dió y es que una siempre llega a un punto de quiebre en la que seguir siendo de una manera es imposible y la actitud ante muchas cosas cambia de forma natural. Solo diré que aprendí lo de "La vida es ahora" y es que no quiero que me sorprenda la muerte sin haber dicho y hecho lo que me nacía de adentro. Vivir a mi manera, joda a quien le joda.
Piensa, siente, quiere, odia, llora, rie y si te vas de cara, vuélvete a levantar…
Esta es mi vida ahora, rodeada de lunes a viernes, de granolas, yogures, fruta, verduras y mucho ejercicio... y es que la transformación gratis no existe, siempre hay un precio que pagar.
Y como tercer remedio contra la MR está el único capaz de someter mi voluntad y lograr de mi todo lo que le viene en gana:
St. Anne's Park - 13
Tiré del alambre y lo anudé hasta dejarlo
anclado a la base de corcho redondo. Al terminar, repasé con mis dedos la forma
de madera, cerciorándome de que todo tuviera el tamaño preciso. Me levanté
entonces de la mesa y caminé los cuatro pasos y medio que me separaban del
estante. Tanteé con cuidado hasta encontrar un espacio vacío y coloqué la
miniatura sobre la repisa. Fue entonces que sentí la puerta de la calle.
-
Llegas tarde Patrick- comenté.
-
Siempre me pillas, ¿Cómo lo haces?
-
Porqué pasadas las ocho, me suenan las tripas.
-
Ya… voy a preparar algo de desayunar entonces- sentí que se alejaba
cuando agregó- ¡Guau! Qué bonito te quedó ese, ¿una lechuza verdad?
-
Si…
-
Me gustan las aves nocturnas – dijo.
-
A mí también. Quien tuviera la misma destreza para volar en la
oscuridad… - repuse mientras me asomaba al balcón para sentir el viento helado
en la cara.
-
¿Tienes una idea de cuantas mini esculturas llevas?
-
Mil ochocientas– contesté.
-
Estaba seguro que sabrías – afirmó con tono divertido.
-
No hay ningún misterio, termino una cada dos días. Si eso lo
multiplicas por diez años y le restas los días que estuve enferma, ¡voilá!
-
Vaya… creo que te contrataré para que me ayudes con mi contabilidad
personal.
-
Tu contabilidad personal se verá afectada muy pronto sino haces algo
de desayunar.
-
¡De inmediato jefa!
Sonreí
al escucharlo golpear sus talones uno contra el otro como un militar antes de
meterse en la cocina. Patrick llevaba tres años ocupándose de mí por las
mañanas. Una nutrida fila de cuidadores desfilaron antes que él y a decir
verdad, ninguno duró más de un par de
meses. Fue el único que no me trató como a un adorno obsoleto e inservible y
más bien mostró una genuina vocación por ayudarme a que mis días fueran más
llevaderos. Era un muchacho sensible, espabilado, que sabía cuando ser discreto, lo
cual me acomodó enseguida. Era además divertido y muy pronto terminó por
ganarse mi afecto. Era el único amigo que hice y mantuve desde que empezó mi
ceguera.
Esas
primeras horas del día eran las que más disfrutaba, cuando el café inundaba el
departamento con ese aroma que tenía el poder de abrigarlo todo y ahuyentaba
por momentos los fantasmas de mi soledad. En esos años que llevaba viviendo en
la sombras, a parte del sentido del tacto, mi olfato se había desarrollado muchísimo. Había aprendido a leer
el mundo a través de sus olores. Casi todos asociados a algún recuerdo de mi
vida anterior y que terminaban por gatillar en mí sentimientos de todo tipo. El
olor dulzón del verano me daba sosiego o el de madera húmeda del invierno, que terminaba siempre
sumergiéndome en la melancolía de las cosas perdidas. El chocolate recién hecho
me devolvía la sensación de hogar y los jazmines me recordaban a ella. Los
olores tenían la propiedad de hacerme viajar por todos los estados posibles y era
a través de ese viaje, que podía comprobar que aún quedaba algo que funcionaba dentro
de este corazón viejo y remendado.
Esa
mañana desayunamos en medio de la acostumbrada lectura que Patrick me hacía de
un selecto grupo de diarios que él cuidaba siempre de comprar, camino a casa.
-
La misma mierda de siempre – resoplé.
-
Siempre me dices lo mismo cuando leo sobre política.
-
¿Pero qué quieres? si todos los dirigentes estos, son una sarta de rastreros avaros y codiciosos-
agregué con fastidio.
-
Bueno ya. Pasemos a algo que no despierte tanto tu lado subversivo.
-
Arianne me decía lo mismo… que tenía un lado subversivo…
Por un momento breve, guardé silencio
mientras mi cabeza se perdía en la nebulosa de mis recuerdos. Sentí entonces
que él acariciaba mi mano con afecto.
-
Bueno va… dale, cultura que nos viene bien para desasnarnos- dije en
un intento por sacudirme ese brote súbito de melancolía.
-
Pues…la verdad, no hay nada de interesante… el cine… no salimos de la
mierda de Harry Potter y sus secuelas…ohh… la semana que viene hay un concierto
de Bach! Tenemos que ir- me propuso entusiasmado.
-
¿Mejor porque no llevas a Samanta?
-
Porque ya no estoy con ella.
-
¿Qué? Pero si hasta hace dos semanas querías bajarle la luna.
-
Ya… me equivoqué, muy superficial.
-
Ya… a mí se me hace que eres demasiado perfeccionista.
-
No lo creo… ¿sabes? a mí me pasará como a ti- afirmó.
-
¿A qué te refieres?
-
Que cuando vea a la chica de mis sueños, lo sabré enseguida.
Tuve
el impulso de responderle. De decirle que no le deseaba tal suerte, que era preferible
sentir algo cotidiano y tranquilo, que un amor inmenso y desbocado, capaz de
hacernos perder la razón. Pero callé, callé porque finalmente yo no tenía
ningún derecho a matarle la ilusión.
-
Bueno va, lee… - le dije entonces.
-
Hay un evento del Irish
Independent en el Hilton. La vigésima quinta premiación a los más destacados
periodistas del año y como coincide con las bodas de plata del periódico, pues
han decidido tirar la casa por la ventana. Va venir mucha importante. Aquí mencionan…a
ver al Times, a los del Guardian, la BBC… ¡guau! Parece que va
estar muy interesante. Aquí está la lista de premiados. Johnny Tyler por la
disertación sobre el calentamiento global, Brian Zeppa por el documental del
IRA, varios premios a mejores entrevistadores de la farándula... y darán a
conocer al que se lleve el titulo del periodista del año. Es una terna, Johnny
Tyler otra vez, Armando Johnson por el reportaje sobre el aborto y…
Patrick guardó silencio de
pronto. Casi de inmediato sentí una tensión poco usual en él que flotaba en el
aire.
-
¿Qué te pasa?- Le pregunté extrañada.
-
Nada es que… tengo sed, ¿Quieres algo de tomar?- me dijo con clara
intención de cambiar de tema.
-
¿Patrick que pasa? – insistí. El siguió en silencio y muy quieto. Me
comencé a inquietar- Habla de una vez, ¿Quieres?
-
Van a premiar a la periodista Irlandesa que realizó el documental
sobre los veteranos del conflicto de Irlanda del Norte. Ese que jodió a medio país
¿te acuerdas?
-
Si claro, imagino que por el cambio de gobierno, ya pueden decir quien
lo hizo. Mira tú, nunca sospeché que el Independent
lo hubiera financiado.
-
Pues, aquí ponen el nombre de la periodista… Arianne Reynolds.
Me
quedé quieta, tratando de contener el vuelco súbito que acababa de sufrir mi
corazón. Por un momento pensé que iba a ahogarme mientras mis latidos retumbaban
violentamente en mis oídos. Hice un esfuerzo por controlar con mi respiración,
esa tormenta violenta que el saberla de regreso me había provocado. Finalmente la
taquicardia cesó y dio paso a sendas lagrimas que bañaron mi rostro. Sonreí.
-
Así que Arianne hizo ese reportaje…
-
Si… aquí hay una foto de ella.
-
¿Dónde?
El
extendió el diario sobre la mesa y guió mi mano hasta el papel. Yo repasé esa
zona con mis dedos, como si con ello pudiera acariciarla. Cerré los ojos
buscando una imagen suya, una de las tantas que solía traer a mi cama por las
noches o poblar mis sueños desde hacía tanto. Por primera vez, todos esos
recuerdos que había guardado con el cuidado de quién vigila su tesoro más
preciado, no me fueron suficientes.
-
¿Me la puedes describir? – le pedí casi sin voz.
-
Tiene el cabello largo hasta los hombros, liso, muy negro. Algunas
canas lo salpican. Su rostro es delgado y anguloso, muy blanco, tiene líneas de
expresión, de esas que le salen a uno que suele arrugar la frente. Lleva un
jersey color azul, con cuello alto. Sus ojos son…
-
Azules, casi transparentes, que te miran como traspasándote…
-
Si… es muy guapa.
-
Lo sé… - le dije entre las lágrimas que me brotaban sin reparo. Él
me extendió un Kleenex.- ¿sabes
Patrick? Hasta ahora había pensado que estar sin ella había sido el mayor
castigo que podía recibir en esta vida, pero me equivoqué. Mi mayor castigo es
justamente este, el no poderla ver otra vez, reconocerla, descubrir sus rasgos
nuevos, que las marcas de su rostro me cuenten su historia, esa que me perdí,
que ya no me pertenece… no tienes una idea de cómo duele.
En eso sentí que se acercó a mí
y me abrazó con fuerza. Al principio intenté resistirme pero finalmente me
abandoné y él me sostuvo. Lloré un buen rato, hasta que finalmente pude
respirar hondo y largo.
-
¿Y si vamos de incognito a la ceremonia?- Me propuso sorprendiéndome-
No podrás verla pero si escucharla…
-
¡Te volviste loco!
Exclamé
tajante, antes de levantarme de improviso y alejarme todo lo que podía de él y
su proposición descabellada.
St. Anne's Park - 12
Después de recuperarme de ese accidente con
la mesa, episodios similares, comenzaron a repetirse con mayor frecuencia. Me
ocurría solo por las noches. Las luces de las calles aparecían ante mis ojos
bastante tenues, casi como velas a punto de ser tragadas por un gran marco
informe de un negro absoluto que rodeaba mi vista. Era como mirar a través de
un agujero. Este raro fenómeno, hizo que empezase a caminar con zozobra por las
calles de Dublín cuando estaba sola. Reduje entonces, mi radio de acción a esas
horas, limitándome a zonas cercanas a mi edificio o a St. Annes, en donde me
conocía de memoria todo el mobiliario urbano y demás cosas con las que podía
tropezar. Sin embargo y a pesar de lo vulnerable que
comencé a sentirme, decidí ignorar todo aquello que amenazara mi felicidad
recién conquistada. Le eché la culpa al
stress y creí que si me esforzaba por verlo todo dentro de los parámetros de lo
normal, pronto esa sensación de inseguridad desaparecería y las noches
volverían a ser las de siempre. Lo mismo hice con mi secreto. Me dejé envolver,
consciente o inconscientemente, no lo sé, por una especie de amnesia que me
distanció de ese asesinato, al punto de auto convencerme que se había tratado
de un mal sueño.
Fue
en aquella época, que creí que había logrado escapar de las consecuencias de mi
crimen, pero me equivoqué.
A
comienzos del otoño de 1990, aquel agujero negro apareció también durante el
día hasta volverse permanente y me asusté. Sin que Arianne se enterara, acudí
al médico. Es curioso pero después de tantos años, recuerdo a la perfección el
rostro del doctor Brown, leyendo mi veredicto con sus gafas negras a lo Woody Allen. Tras varios análisis y
pruebas que mantuvieron en vilo cerca de cuatro semanas, finalmente recibí mi
sentencia: Cadena perpetua.
-
Es congénito...
-
ya... y ese tratamiento que propone, ¿que lograría?
-
Retrasar el proceso unos años.
-
Pero al final sería lo mismo. ¿Verdad?
-
Siento no poder decirle otra cosa.
-
No se preocupe. Tal vez si fuera dueño de uno de esos laboratorios en
donde esconden las curas para llenarse los bolsillos manteniendo a la gente
enferma, podría decirme otra cosa, pero es solo un doctor que hace su
trabajo...gracias de todos modos.
Recuerdo
que al salir del Blacker Medical Center,
la luz del día me dolió hasta las sienes. Caminé un par de calles y casi por inercia me adentré en el Grandie’s
Pub de City Line. Ordené la sopa del día, una hamburguesa con queso y tocino, papas
fritas y helado de chocolate. Engullí todo en siete minutos, a pesar de no
tener hambre. El agujero que se me había formado en el estómago era tan grande
que pensé que con toda esa comida podría llenarlo y así dejaría de sentir ese
frio insoportable, traspasándome y amenazando con dejarme sin respiro, inerte
para siempre. Mientras comía, mis ojos
se quedaron inmóviles sobre el gran ventanal desde el cual, al otro lado de la
calle, se podía ver un gran anuncio promocionando un tour al África. El slogan
decía: Conoce tus límites en este mágico y exótico destino. Estaba claro que yo
no había necesitado salir de Dublín para conocer mis límites...y consecuencia
de ello, tocaba entonces emprender el largo camino hacia mi expiación.
Cuando abandoné el pub, el sol estaba por ponerse. Me encaminé hacia St. Anne y me senté
en la banca solitaria a mirar ese atardecer. En un momento alcé la vista al
sentir el ruido de las hojas de los arboles golpearse unas contra otras. Al
fondo, se escuchaba el graznido de los patos en el lago. Cerré los ojos,
tratando de poner mi mente en blanco y abandonándome a esa especie de orquesta
de sonidos, dejándome acunar con ellos mientras mis mejillas se mojaban de
desconsuelo. Miré entonces como el sol caía rendido sobre el horizonte e iba apagándose
lentamente, casi como mis ojos. Memoricé esa tarde, cada detalle, cada gama de
color, los pliegues de los troncos torcidos, el amarillo de las hojas a punto
de caer, los anaranjados y rojos de los picos de los patos en contraste con su blanquísimo
plumaje. La banca de bronce y madera envejecida en donde la besé por primera
vez...
Había quedado con Arianne en encontrarnos en
casa para cenar pero yo no aparecí hasta entrada la noche, cuando estuve segura
de haber juntado nuevamente todos los pedacitos de mi alma rota . Ni bien la
vi me le acerqué y la abracé como si con ello lograra fundirla a mi cuerpo el
resto de la vida. Minutos después yacía junto a ella, desnuda sobre la cama. La contemplé largo rato, recorriendo cada
parte de su cuerpo con mis dedos. Me detuve mucho más que otras veces, sintiendo cada textura, cada curva, cada pliegue,
casi como si fuera a después tener que dibujarla de memoria un millón de veces.
Cuando terminé de amar hasta su más pequeño detalle, me recosté a su altura y
le susurré: véndame. Mientras ella me amaba esa noche, yo no solo sentí que me
moría sino que traté de reproducir algo parecido a una película de Arianne en
mi cabeza, tratando de asociar cada movimiento que hacía a una imagen concreta,
anotando mentalmente los detalles que faltaban para poder robarlos en los días
siguientes y esa película corriera con facilidad. Supe desde ese momento que el
camino hacia la expiación de mis culpas, solo podría ser soportado si de alguna
forma me la llevaba conmigo. Semanas después, cuando finalmente logré
reproducir esa película a la perfección, comencé a armar mi discurso de
despedida.
El
discurso, dicho con la frialdad de quien aparenta no tener corazón, fue tan
cruel que aún ahora, después de tantos años, me es imposible reproducirlo. Frases
estudiadas para clavarse como estacas ardientes dentro de la carne hecha trizas. Solo repetiré
una, la más lapidaria de todas: Yo lo maté... después de acostarme con él.
Aún
se me parte lo que queda de este corazón enfermo de silencio, al recordar la
expresión de su rostro, teñido de horror por mi confesión. Me miró como quien
mira a una bestia a punto de atacar. Después fue aún peor. Había conocido la
tristeza y la felicidad de sus maravillosos ojos pero nunca los vi como esa
tarde: Devastados.
Tras
varios segundos sin reacción, finalmente corrió hacia mí, desesperada y me
abrazó con fuerza, como si quisiera negarse a esa verdad que le había prácticamente
vomitado a la cara. Pero luego, aún con el rostro hundido en mi pecho, me
golpeó repetidas veces, como con una mezcla de impotencia y furia casi salvaje.
No puse resistencia y sentí como cada uno de sus golpes cargados de amargura, abrían una herida sangrante dentro de mí. Cerré
los ojos para no llorar al darme cuenta que acaba de convertirme en la verdugo del
ser que más adoraba. Creo que no hay nada más insoportable que ser consciente
de ello y no poder hacer nada para evitarlo.
Esa
fue la última vez que la vi.
Las
semanas que siguieron a esa tarde, fueron como vivir en un infierno de dudas y
pena, esperando a que vinieran en cualquier momento por mí. Pero ella no me
delató y más bien me condenó a algo peor. A una lucha desesperante por no sucumbir
a mi egoísmo y salir corriendo en su búsqueda. Todo ese calvario fue mucho más
difícil por esa inexplicable conexión que tenía con ella. A la distancia, en
sueños o despierta, seguía presintiéndola, con una claridad tal que casi sentía
su dolor flotando por mis venas hasta encogerme los huesos. La angustia no me
dejaba ni un minuto y fácilmente hubiese vendido mi alma al diablo con tal de
poder abrazarla una vez más… pero eso habría sido condenarla a una vida sin
futuro.
Fue
una lucha también por aprender a lidiar con esa soledad que en el silencio de
mi habitación me golpeaba sin piedad y parecía iba a tragarme en cualquier
momento. Las sombras que me acechaban constantemente me importaron muy poco.
Nada se comparaba a la oscuridad que su ausencia había sembrado en mi alma y a
la visión desoladora de una vida sin ella.
Foto: A'antist
Tres
meses después de ese último encuentro en el parque, supe que Arianne había
dejado Dublín. Lloré por dos días
enteros. Fue como si me arrancaran el último suspiro de vida que me quedaba pero
también me enorgullecí tanto de ella. La niña de mis ojos finalmente lo había
logrado. Había decidido luchar por ella misma y se había lanzado a la conquista
de ese mundo que se abría a sus pies. Tuve claro entonces que, yo pronto me convertiría en un
accidente más en su vida, al cual tarde o temprano terminaría olvidando.
Dicen
que en la vida todo se paga y yo comprobé en esos años que era verdad. Había
logrado eludir a la justicia humana pero me había olvidado de la otra, esa de
la que tanto solía hablar mi madre cuando vivía y de la que nadie finalmente
escapa.
Perdí
la vista por completo un viernes 25 de Julio de 1995. Tenía veintiocho años.
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